Contracorriente

¡Abajo Darwin!

Justo cuando uno pensaba que el creacionismo tenía la batalla perdida en un país como Italia, donde hasta el Papa habló en su contra reconociendo la teoría de la evolución, cae un balde de agua fría. El Gobierno italiano anunció en febrero que la enseñanza de la evolución sería prohibida en las escuelas. Como dice la revista Nature (8 de abril de 2004), “las recomendaciones curriculares anunciadas en Italia el mes pasado proponen que los niños de 11 a 14 años no necesitan aprender la teoría de la evolución en las clases de biología, pero sí deberían aprender creacionismo en sus estudios religiosos, que son voluntarios.”

Todo empezó cuando la ministra de Educación, Universidades e Investigación, Leticia Moratti, presentó el nuevo programa de enseñanza que prohibía dictar la teoría de la evolución a los estudiantes adolescentes. “Los chicos entre once y trece años son muy jóvenes para que se los exponga a un material tan complicado”, explicó el director general Silvio Criscuoli, responsable de los planes de educación. Sólo podrían aprender la teoría de la evolución aquellos alumnos mayores que se especializaran en Ciencias Naturales.

La ministra Moratti defendió el cambio explicando que los alumnos deberían aprender el origen de las especies gradualmente, de acuerdo al “criterio didáctico”. Esto es, primero tendrían que aprender la versión bíblica de la creación y, sólo años después, la teoría científica.

En Italia, como en Estados Unidos, la enseñanza de la creación y la evolución se están transformando en un asunto político. En febrero, por ejemplo, el partido derechista Alleanza Nazionale, que integra la coalición de gobierno de Berlusconi, organizó una serie de actos para poner en duda la teoría de la evolución. En el transcurso de una conferencia titulada “Enseñar la evolución: un cuento de hadas para las escuelas”, el parlamentario Pietro Cerullo vinculó a la teoría de la evolución con el pensamiento izquierdista.

Hubo airadas protestas por parte de los más eminentes científicos del país, quienes escribieron una carta abierta a la ministra en el diario La Repubblica: “En el nuevo programa, establecido por decreto legislativo el 19 de febrero de 2004, no hay rastros de la historia de la evolución humana ni de la relación entre la humana y otras especies. Ignorar la teoría de la evolución es una limitación cultural que aniquila la curiosidad científica de la juventud. Es incuestionablemente justo señalar que en el darwinismo y las teorías que derivan de él existen vacíos y problemas no resueltos, pero no debería ignorarse completamente el lazo entre el pasado y el presente de la Humanidad. Exhortamos al Ministerio de Educación italiano a revisar los programas de Educación Secundaria y rectificar un descuido que va en detrimento de la cultura científica de las nuevas generaciones”.

Temiendo que la medida allanara el camino a la enseñanza del creacionismo, más de 50.000 ciudadanos firmaron el petitorio, llevando a la ministra a revisar su postura.

“La reforma escolar en curso no tiene programas rígidos”, dijo. “En ella figuran los lineamientos nacionales que establecen los principios de enseñanza más importantes, permitiendo a los docentes adaptarse al programa según el contexto y los alumnos. Es absolutamente falso que el Ministerio haya prohibido la enseñanza de las teorías de la evolución en las escuelas primarias y secundarias. La discusión de las teorías de Darwin se incluirá en la educación de todos los estudiantes entre seis y dieciocho años, de acuerdo al criterio de enseñanza gradual.

Si todo fue un malentendido, entonces no está claro quién convenció de lo contrario a todos esos científicos y a los 50.000 ciudadanos consternados que firmaron el petitorio. Y no se explica qué indujo a Moratti a nombrar un comité específicamente para establecer lineamientos para la enseñanza de la teoría de la evolución en varias etapas. Está presidido por la premio Nobel Rita Levi Montalcini, una de las principales científicas que firmó el petitorio de protesta, y cuenta con la participación del Nobel Carlo Rubbia; ambos son miembros del Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones sobre lo Paranormal (CICAP).

A juicio de Umberto Veronesi, pionero de la lucha contra el cáncer en Italia y director del Instituto Europeo de Oncología, este resultado muestra que “la ‘silenciosa fuerza’ de la racionalidad puede prevalecer frente a posiciones políticas, intereses en conflicto, polémicas e incluso creencias sustentadas en fuertes motivaciones. Nos muestra que la ciencia, forma suprema de la racionalidad, puede expresar también valores sociales y puede tener peso cultural en nuestro país… Hoy nuestros niños han conquistado la posibilidad de adquirir desde el principio ese libre y auténtico espíritu científico que los guiará en la vida, independientemente de sus elecciones específicas. La enseñanza de la teoría de la evolución desde los primeros años de la escuela, junto con el desarrollo del pensamiento independiente, incrementará su habilidad para interpretar el mundo natural que los rodea. Este es el gran atractivo y valor de las teorías de Darwin”.

“A pesar de las tranquilizadoras palabras de Moratti —dice Mike McIlwrath, abogado de Florencia y director del Centro Nacional para la Educación de la Ciencia, con sede en los EE UU— la experiencia norteamericana nos enseña que este debate no es un episodio aislado, y que siempre está presente el riesgo de que ocurra nuevamente”.

Especialmente ahora, cuando muchas cosas parecen estar cambiando, y no para mejor precisamente, en Italia. La mayoría de los italianos está estupefacta por los flagrantes intentos recientes de limitar la libertad de pensamiento. Nuestro país, por ejemplo, ha sido bajado de categoría por Freedom House, una organización sin fines de lucro apartidaria fundada por Eleanor Roosevelt, de “libre” a “parcialmente libre” debido a la creciente concentración de los medios de comunicación y la consecuente presión política.

“El primer ministro Silvio Berlusconi ha ejercido una influencia excesiva sobre la emisora pública RAI”, ha dicho Karin Deutsch Karlekar, gerente de encuestas de Freedom House. “Esto exacerba aún más al ya preocupado ambiente mediático, caracterizado por coberturas parciales dentro del enorme imperio de Berlusconi.” El imperio incluye a los tres canales privados de televisión más grandes de Italia.

Hace poco, ese mismo Gobierno pasó —aunque ahora está estancada— una nueva ley que permite la tortura en Italia “sólo si no es reiterativa”. Este proyecto, así como la prohibición de la evolución en las escuelas, han sido aparentemente corregidos, pero constituyen una claro indicio de cómo pueden cambiar terriblemente las cosas en cualquier momento.

Como comentó recientemente Dacia Maraini, respetada novelista italiana, en el Corriere della sera, el diario más vendido en Italia: “Resulta paradójico que aquellos que precisamente en este momento están intentando traer la democracia y el liberalismo, inclusive imponiéndolos con las armas en países considerados subdesarrollados, asuman las mismas prácticas arcaicas de dichos países, como la abolición de la evolución y la introducción masiva de la religión en las escuelas, el uso personal de armas, la glorificación de la guerra y el racismo y, como culminación de todo esto, el uso de la tortura. ¿Cuándo —preguntamos— se adoptará la mutilación de manos para los ladrones?”.

Esta nota fue originalmente publicada en Skeptical Inquirer, Vol. 28, No 4, July/August 2004.