Editorial

Adiós a un amigo. Imposible semblanza de un curioso apasionado

En esta época, caracterizada por lo “políticamente correcto”, resulta raro encontrarse con alguien que diga las cosas como son. Una de esas personas —muchas veces devenida en personaje— era Aldo Miguel Slepetis, consultor de Pensar, quien falleció el 17 de mayo pasado a los 67 años, a raíz de un paro cardíaco, mientras se reponía de una intervención quirúrgica.

Médico, ilusionista, ensayista y prolífico escritor, Aldo era un apasionado por el conocimiento y mostraba una erudición difícil de igualar acerca de los vericuetos y particularidades del idioma. Allá por 1990, fue uno de los miembros fundadores del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia, CAIRP, con el cual colaboró activamente dando charlas, conferencias, seminarios, escribiendo artículos y frecuentando los medios de comunicación. Alejado de las modas y la ostentación, de pocas palabras, frontal, por momentos ácido e irónico, Aldo tenía la particularidad (y la necesidad) de desacartonar la profesión médica. Demostraba sobradamente que no hacen falta palabras altisonantes o discursos sofisticados para expresar la erudición. Nunca esquivaba una pregunta y sabía —aunque a veces le costaba— decir “no sé”. Cuando en alguna de nuestras tantas charlas surgían dudas y algo quedaba en el tintero, al día siguiente sonaba el teléfono y se escuchaba su voz peculiar: “che, estuve averiguando sobre lo que conversamos y encontré esto, ¿qué te parece?” exclamaba entusiasmado, mostrando su espíritu inquieto y ávido de conocimiento.

Aldo Miguel Slepetis
Aldo Miguel Slepetis

Publicó más de 30 libros, abarcando la poesía, la ciencia, la historia y el humor. Así, haciendo una recorrida por sus publicaciones, encontramos, entre otros, los siguientes títulos: Criptógrafo de rosas (1969), Humos de poeta (1970), Florilegio y La Pseudomedicina (1995), Temas lituanos (1997), Berretines tangueros (1998), Eva, un mito (escrito con su hijo Alejandro en 1999), Ernesto Sábato y las Ciencias Médicas; Perdón, Borges (2000), Inconexiones; San Martín y Los Andes (2002), Chanzas hipocráticas; Seudopensar (2004), Dubitaciones religiosas, y el póstumo Insignificancias (2005).

Aldo nació un 21 de julio de 1937, y se recibió de médico en diciembre de 1961, a los 24 años. Durante décadas fue Jefe de Guardia del Hospital Tornú, en la ciudad de Buenos Aires. Tenía su consultorio particular en su casa del barrio de Villa Pueyrredón.

Allí estuve hace unos días, con su otro hijo, Alberto, quien gentilmente me facilitó alguna foto y datos sobre sus libros. Al entrar al viejo consultorio, recordé las veces que estuve allí, como paciente y amigo. Aldo me explicaba cada cosa, puntillosamente, tratando de despejar toda duda posible que mi rostro pudiera insinuar.

Mientras observaba los diplomas y armarios, pasó por mi mente, como un eco lacerante, aquélla última vez que hablamos por teléfono, antes de su operación. “Nos vemos —dijo— si salgo…”.

Despedí a Alberto en la entrada de la casa, tal vez fingiendo que desde la planta alta, una voz fuerte y clara renegaba: “che, Borgo, ¿ya te vas?”

Aunque parco y distante, Slepetis supo hacerse querer, y aprendí de él muchas cosas. Se te va a extrañar, Aldo.