Reseñas

Análisis de los OVNIs: cómo informar entreteniendo

vaya_timo004Los ovnis ¡vaya timo! por Ricardo Campo. Colección ¡Vaya timo! Ed. Laetoli S. L. Navarra, 2006. 136 Págs.


Uno de los mitos más asentados en la cultura popular es la existencia de los UFOs u OVNIs entendiendo por tales, más allá del significado concreto de esas siglas, la existencia de naves extraterrestres que visitan nuestro planeta. Al análisis de ese fenómeno dedica Ricardo Campo esta obra.

Escrita como una carta a Arturo, D. Ricardo comienza por subrayar, siguiendo a Sheaffer, su carácter de fenómeno celoso de sí mismo, es decir, que no presenta prueba alguna de su existencia más allá de los testimonios de testigos. Sin embargo, éstos pueden haber malinterpretado fenómenos atmosféricos como el halo solar o lunar, nubes lenticulares o el espectro de Brocken, haber confundido con naves extraterrestres la visión de planetas como Venus (caso del OVNI de Jimmy Carter en 1969) o de nuestro satélite, la Luna, por no hablar de la conjunción de dos planetas como Venus y Júpiter (responsable de los avistamientos UFO del 23 de agosto de 1999 en España) además de las llamadas lluvias de estrellas y la caída de grandes bólidos (caso de la bola de fuego visible en el cielo de España el 4 de enero de 2004).

Además de estas causas naturales, también hay objetos artificales como cohetes impulsores, misiles, aviones, refinerías de petróleo… que explican parte de los supuestos avistamientos de naves extraterrestres.

Junto a estas confusiones conviven fraudes, engaños y falsedades, casos creados ex nihilo con falsos testigos, fotografías trucadas… como el OVNI de San José de Valderas relacionado con el asunto UMMO y el más famoso de todos, el caso Roswell, mera fabulación sobre lo que, en realidad, fue la caída de uno de los globos del Proyecto Mogul.

Sin embargo ¿por qué esos avistamientos fueron interpretados en clave extraterrestre? La respuesta es que los hombres siempre hemos estado interesados por la existencia de civilizaciones alienígenas. Aristóteles, Demócrito, Giordano Bruno, Fontenelle, Flammarion… son sólo unos pocos ejemplos de la nómina de escritores y filósofos que se han planteado esa cuestión bien sea desde un punto de vista de la aceptación, bien desde la negación.

No obstante, la historia de los OVNIs comienza con Kenneth Arnold el 24 de junio de 1947 aunque ya en años anteriores los pulp magazines estaban poblados de extraterrestres y sus naves. No parece casualidad que uno de sus editores, Raymond A. Palmer, mantuviera relaciones comerciales con Arnold. La Ufología tuvo un mal comienzo porque, además, Arnold aseguró que los objetos que vio tenían forma de luna creciente y que se movían como platos lanzados sobre el agua. Esas afirmaciones fueron malinterpretadas por un periodista que los convirtió en los célebres platillos volantes. “Curiosamente”, los avistamientos posteriores coincidieron con el error del reportero y no con las afirmaciones originales de Arnold.

Con el tiempo, la Ufología fue añadiendo historias cada vez más improbables como el fenómeno de las abducciones que arranca del caso de los Hill y que fue popularizado por las obras de Budd Hopkins en los años 80. La leyenda necesita reciclarse para seguir vigente, pero no deja de ser un mito que no forma parte de la ciencia. De forma mayoritaria, los “investigadores” del fenómeno OVNI no consideran la hipótesis extraterrestre (o HET) como una teoría que debe ser demostrada y sí como una realidad. Si esto resulta ajeno a una posible concepción científica de la Ufología, no lo es menos que estos “investigadores” no buscan explicaciones alternativas a la HET. No resuelven los casos, se limitan a recopilarlos.

De esa actitud acrítica y anticientífica se desprende un buen número de “meteduras de pata” como la aceptación por algunos conocidos ufólogos españoles de una novela, Bases de ovnis en la Tierra, (escrita supuestamente por el agente de la CIA Douglas O´Brien y cuya autoría en realidad pertenecía al periodista aragonés Javier Esteban) como una obra autobiográfica y veraz.

Todo ello puede hacer creer que la investigación crítica del fenómeno OVNI es innecesaria. Sin embargo el autor alerta de un peligro real, de que a fuer de ser repetidas las afirmaciones crédulas, acabe por aceptarse como algo normal la creencia en visitantes extraterrestres. Si dejamos de considerar esas aseveraciones como lo que son, afirmaciones extraordinarias, relajaremos la necesaria exigencia de pruebas igualmente extraordinarias.

Hasta aquí el resumen (que no hace justicia al texto) de la obra que nos ocupa. D. Ricardo Campo ha hecho un innegable esfuerzo para condensar la historia de la Ufología y sus reflexiones sobre ella en un libro poco extenso. Para algunos eso puede suponer un defecto ya que no es (ni lo pretende) un estudio exhaustivo, pero en mi opinión es una de sus mayores virtudes.

La persona que no haya profundizado en la ufología desde un punto de vista crítico tiene en Los ovnis ¡vaya timo!un texto claro, sencillo, bien estructurado y fundamentado que puede (y debe) servirle de base para mayores honduras (la bibliografía, muy recomendable, que figura en el libro le orientará en esa labor).

Resulta sumamente gratificante que el autor, sin abandonar —excepto en raras ocasiones— el mundo de la ufología, haya sido capaz de redactar una obra no para los conocedores de este tema sino para cualquier público. La sabia mezcla de los elementos en principio más arduos para el lector medio con otros más humorísticos consigue elmilagro de la buena divulgación: informar distrayendo.

El único pero que puedo poner a esta obra (aparte de los aspectos formales comunes a toda la colección y que me parecen manifiestamente mejorables) es el haberse centrado en demasía en la casuística OVNI española. Ignoro si para el lector hispanoamericano la explicación de los casos UMMO, Manises, los avistamientos OVNI en las islas Canarias… tienen el mismo interés que para nosotros pero la receta del autor es aplicable a cualquier caso OVNI, espíritu crítico. Como dice D. Ricardo:

“Llámalo como quieras: escepticismo, pensamiento crítico, racionalidad… Me acuerdo de cuando, hace años, desmontabas los juguetes para ver cómo eran por dentro: se trata de seguir haciéndolo durante toda la vida.”

No se me ocurre mejor resumen de lo que debe ser nuestra labor.