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ARTURITO, LA ISLA DEL TESORO Y EL LATÓN MÁGICO

La noticia era francamente contundente y nadie podía abstraerse del sueño de los millones fáciles. Haciendo realidad el viejo mito del tesoro oculto en el archipiélago Juan Fernández, ubicado a 667 kilómetros de la costa de Chile, la empresa Wagner Tecnologías informó a todo el país del hallazgo de 800 toneladas de oro gracias a su producto estrella, el robot TR Araña, más conocido como “Arturito”, inge-nio periodístico mediante.

Rápidamente se corrió la voz, la novedad fue portada en los diarios y tema de conversación obligado en todas partes. Nadie dejaba de hablar de la fortuna, a estas alturas avaluada por algunos en 20 mil millones de dólares (casi un tercio del Producto Bruto Interno anual de Chile), y que contenía —según los entusiastas— la llave del Muro de los Lamentos, joyas de la esposa de Atahualpa y doce anillos papales.

Más allá de las discusiones en torno a quién sería el dueño del tesoro cuando fuera desenterrado (el terreno donde se supone que estaría ubicado es propiedad del Estado), las primera dudas surgieron cuando los encargados de la empresa comenzaron a detallar las bondades del misterioso robot, que desde lejos no parecía más que un auto a control remoto. Así comenzó a circular la historia de que la máquina había encontrado el cadáver de un importante empresario que llevaba meses desaparecido, al igual que las armas ocultas en el enclave alemán Colonia Dignidad. El mito en torno a “Arturito” empezaba a crecer. Los representantes de Wagner Tecnologías no tenían problemas para contarle a quien se les acercara que llovían los pedidos desde distintos países, y que la embajada de los EE UU ya los había contactado para pedirles colaboración porque el robot también podía, si le incorporaban el ADN de Osama bin Laden, encontrarlo en poco tiempo y sin moverse de Chile.

Pero “Arturito” —también conocido como el “latón mágico”— y sus milagros no se quedan ahí. Dicen que puede encontrar huesos, petróleo, oro, droga, personas y hasta informar… ¡del período menstrual de una mujer! Aunque, increíblemente, el ingenio sólo funciona si a su lado está Manuel Salinas, su inventor. Este hombre grueso, ciego de un ojo, con presuntos estudios de ingeniería en Alemania (aunque quienes lo conocen dicen que no habla ni una sílaba en ese idioma) tiene las cosas claras: “Esta máquina está hecha por la mano de Dios. Fue Él quien la puso en mi camino”, declaró al diario La Nación.

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Manuel Salinas y su robot mágico, en una de las exhibiciones a la prensa. Foto: Raúl Inzunza/Diario Las Últimas Noticias.

Salinas, de 39 años, es un hombre muy creyente. Autodidacta, declara haber logrado la “verdad de las matemáticas”, las que aplicó para fabricar a su robot, con el que aspira a sacar a Chile del subdesarrollo. Pero cuando le piden que explique cómo funciona el artilugio, Salinas se enreda completamente, asegura que el TR Araña es un “pequeño reactor nuclear” y recurre a términos como “antiplasma” y “antimateria”.

El abogado de Wagner Tecnologías, Rodrigo Irrazábal, dijo que los científicos no entendían a la máquina “porque la analizan desde el punto de vista de la física newtoniana, pero aquí se está hablando de física cuántica, de la expresión más mínima de los momentos de la naturaleza, del quásar. Se está hablando de antimateria”. También sostuvo que los científicos estadounidenses sí que han tomado en cuenta al invento, pese a que la revista New Scientist publicó una nota afirmando que Wagner Tecnologías jamás respondió a sus requerimientos.

Y aunque no tienen tiempo para contestar a los científicos, escriben parrafadas como la siguiente: “(TR Araña) es la integración no lineal de la unidad básica de la conformación de la vida como es conocida; por lo tanto, y en el concepto meramente funcional y explicativo, nuestra unidad es la integración de componentes electrónicos altamente sofisticados capaces de descifrar la ecuación de unanimidad dentro de la teoría del caos en el contexto de un integral elevado al exponencial radical, basado en la conformación de las especies, tal cual se conocen después de 20 mil años de evolución asistida”.

Salinas y sus cercanos también han hablado de las “fórmulas inconclusas sobre la fisión atómica de Robert Oppenheimer” que conoció en su presunta estadía en Alemania. El físico de la Universidad Católica Ulrich Volkmann dijo al diario El Mercurio que “nadie sabe de ‘fórmulas inconclusas’ de Oppenheimer, aunque sí existe una ‘aproximación de BornOppenheimer’”, pero no es lo mismo.

“Arturito” no muestra su tesoro

El “inventor” Salinas vivió su peor momento el 12 de octubre de 2005, cuando fue invitado a una conferencia en la Universidad Técnica Federico Santa María. Delante de todos los presentes, la mayoría alumnos de Física que esperaban asistir a una charla científica, se refirió a su creación en términos francamente confusos. Al encontrarse con un sinfín de conceptos inexistentes o mal utilizados, el Doctor en Física Patricio Haberle tomó el micrófono y desautorizó al padre de “Arturito”.

“Nosotros no hablamos el mismo idioma. Cuando decimos energía, seguramente Salinas se imagina a un médium. Esto fue suficiente para darnos cuenta de que todo lo que hace ese robot es falso, es una mezcla de palabras que no significan nada. Él es un seudocientífico y está claro que todo es un fraude”, dijo el académico. Salinas se fue cuando lo encararon, y sus amigos lo defendieron diciendo que no había ido a la universidad “preparado para dar una charla científica”.

Pese a esto, las autoridades de la isla Robinson Crusoe, la única habitada del archipiélago Juan Fernández, ya veían en qué iban a gastar el dinero que les legaría el enigmático hallazgo. Se habló de un hospital, un teleférico, un museo y hasta un monumento para “Arturito”.

A estas alturas todo parecía una construcción comunicacional. Tras el cacareado anuncio, se dijo que el tesoro se sacaría en cosa de días. Luego se informó que eran necesarias algunas grúas que tardarían en llegar a la lejana isla. Luego comenzó el debate con los científicos, que pedían pruebas de tanta maravilla. Poco a poco los encargados, que presuntamente ya saben exactamente el lugar de ubicación de los lingotes de oro y las joyas, fueron dilatando la excavación. Hasta ahora no sucede nada.

De eso se dio cuenta de inmediato el multimillonario aventurero estadounidense Bernard Keiser, quien ha gastado miles de dólares en los siete años que lleva buscando el presunto tesoro de la isla. Tranquilamente, declaró al diario Las Últimas Noticias que “esto lo encuentro muy divertido. Primero, ¿lo encontraron (el tesoro)? O sea, yo puedo decir hey, con mi máquina encontré un OVNI. Pero… ¿dónde está la evidencia? ¿Es evidencia dura? No, no lo es. Para mí es más una promoción de la máquina. Esto es muy risible, de verdad”.

Pronto también vinieron los desmentidos en relación a los otros dos grandes hitos del TR Araña: La aparición del empresario José Yuraszeck y las armas de Colonia Dignidad. En el primer caso la Policía de Investigaciones le restó importancia al robot, pues el cuerpo fue encontrado gracias a las indagaciones de los peritos y a la confesión del jardinero que hizo la excavación para esconder el cadáver. Y los colonos de Dignidad estaban indignados, porque fueron ellos quienes informaron a las policías del lugar donde se escondían las armas, sin que el robot tuviera ninguna injerencia.

La historia parece terminar tal y como estaba previsto por quienes ya conocen el funcionamiento de estos cuentos mágicos. Wagner, a través del abogado Fernando Uribe-Etxeverría, dijo “No vamos a revelar dónde está el tesoro, eso es secreto profesional y no nos pueden obligar a dar la información”. Lo más curioso es que siempre han declarado que no les interesa el dinero e incluso un mes antes habían dicho que entregarían el “secreto” de su ubicación al Estado. Entonces, ¿por qué no lo hacen de una vez? Lo único claro es que jamás encontraron un tesoro que, nunca mejor dicho, brilla. Pero por su ausencia.