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Buenos Aires 2005, un encuentro histórico

“Éste es un encuentro histórico”, adelantó Paul Kurtz en el mensaje de vídeo grabado con el que abrió la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Pensamiento Crítico en Buenos Aires el 17 de septiembre. El vaticinio del presidente del Committee for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal (CSICOP) y del Center for Inquiry (CfI), las entidades patrocinadoras de las jornadas, se cumplió. Buenos Aires fue la capital del escepticismo iberoamericano durante dos días en los que estudiosos de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Estados Unidos y España reflexionaron sobre el Impacto social del dogmatismo y el engaño en los salones del hotel Regente Palace de Buenos Aires. Todo gracias al empeño de Alejandro J. Borgo, director de esta revista, quien se encargó personalmente de que no faltara de nada.

De izquierda a derecha, Celso Aldao, Widson Porto Reis y Mariano Moldes responden a las preguntas del público.
De izquierda a derecha, Celso Aldao, Widson Porto Reis y Mariano Moldes responden a las preguntas del público.

Por segunda vez en un año, el primer colega con quien me encontré al llegar a la sede de una conferencia escéptica fue Joe Nickell, investigador del CSICOP y viejo amigo. Famoso mundialmente por su libro Inquest on the shroud of Turin, en el que desmonta el misterio de la sábana santa, Nickell es ilusionista aficionado y bromista por naturaleza, así que nuestro reencuentro después del Congreso Escéptico Mundial de Abano Terme (ver Pensar, Vol. 2, No. 1) se plasmó en una serie de chanzas a mi costa —y con mi complicidad— ante Borgo, Widson Porto Reis, Juan Soler, Paolo Zerbato y mi mujer, Luisa Idoate, que asistía por primera vez a un congreso de estas características y regresó a España encantada. Cuando dos días después tocó a Nickell tomar la palabra en el estrado, dejó claro cuál es su máxima: “No necesitamos ser ni promotores de misterios ni detractores; sólo investigar. Yo voy al sitio e investigo”. Toda una declaración de principios, a la que ya había apuntado indirectamente Kurtz en su alocución grabada, al decir que “la mejor terapia contra el sinsentido es la investigación crítica”.

La pasividad de los intelectuales

La sesión inaugural estuvo marcada por las ausencias. A la de Kurtz, hubo que sumar la del filósofo argentino Mario Bunge, que por motivos de salud no pudo viajar desde Canadá y delegó en el director de esta revista la lectura de su conferencia, titulada Pensamiento crítico versus macaneo. “Por ser antidogmático, el pensador crítico se expone a ser censurado, discriminado, perseguido o asesinado por los poderes que necesitan que los de abajo crean ciertos dogmas. Los argentinos saben algo de esto, porque vivieron muchos años a la sombra de la cruz, de la espada, de la llamada doctrina nacional, u otras supersticiones”, dijo Bunge en una intervención centrada en la evolución de la ciencia y la pseudociencia en su país. “¿No es hora de que los intelectuales argentinos aprendan a distinguir la moneda cultural falsa de la auténtica, el dogma de la hipótesis contrastable, y el macaneo desenfrenado del pensamiento crítico?”, se preguntó el filósofo. Desgraciadamente, el lamento de Bunge es exportable a cualquier país iberoamericano; basta con cambiar la nacionalidad de los intelectuales. Y da igual que éstos sean de los llamados de letras, de los llamados de ciencias o de los que se consideran divulgadores científicos. La norma general es mirar hacia otro lado, cuando no colaborar abiertamente con los vendedores de misterios, como bien sabe el fabricante de paradojas español Iker Jiménez, en cuyos programas radiofónicos no tienen reparo en colaborar algunos divulgadores y científicos que, al mismo tiempo, suscriben manifiestos contra el avance de la irracionalidad en nuestra sociedad.

De eso se quejó en su intervención precisamente Widson Porto Reis, profesor del Instituto de Ingeniería Militar de Brasil y representante de Pensar en su país. Porto Reis expuso las pruebas del inquietante avance de las pseudociencias en la universidad brasileña, que achacó a la inexistencia de un escepticismo organizado, el desinterés de la comunidad científica y la tolerancia de las revistas de divulgación, más atentas muchas veces al negocio que a un mínimo rigor. No hay que olvidar que, como dijo en su charla Celso Aldao, físico de la Universidad Nacional de Mar del Plata, “la creencia en lo paranormal es algo incentivado por una industria”. Aldao puso el dedo en la llaga al recordar a los presentes en la sala que “tenemos el deber de informar, de alertar, desde el punto de vista de la ciencia y la razón; y no sólo los científicos, sino todos”. Y recordó que los escépticos tenemos mucho que aprender a la hora de llegar al público: “Esos tipos tratan de ganar puntos con el público y yo no estoy entrenado para eso. Los argumentos importan poco”. No sólo en los medios la formas son clave, como demostró Enesto Gil Deza con una conferencia sobre pseudomedicina y medicina en la que el público no paró de reírse de las genialidades y bromas del ponente. Auténtico showman con mensaje, este oncólogo del Instituto Henry Moore de Buenos Aires habló tanto de los peligros de la pseudomedicina como de los riesgos de la medicina cuando se practica mal (sólo el 10% de los facultativos prescribe fármacos basándose en razones científicas, alertó). El psicólogo Gerardo G. Primero explicó ¿Por qué falla el psicoanálisis? —una práctica mucho más extendida en Argentina que en otros países iberoamericanos—, Pablo Mira habló sobre los mitos de la economía y el biólogo Mariano Moldes nos recordó que “hay especies desconocidas, pero nunca las encuentran los criptozoólogos, sino los biólogos”.

Uno de los momentos más impactantes de la conferencia lo protagonizó un enfermo de cáncer sometido a tratamiento por un cirujano psíquico. Su imagen se proyectó en la pantalla de la sala en un vídeo, de la colección de Enrique Márquez. La grabación muestra en toda su crudeza la falta de escrúpulos de un charlatán que, después de asegurar al paciente que le ha extirpado el tumor gracias al poder de la mente, empieza a darle puñetazos en el estómago. Con cada golpe, el enfermo se retuerce de dolor ante la cámara; pero aguanta el tipo porque quiere creer que el desaprensivo le ha curado. “Sobran las palabras”, dijo como epílogo Márquez, quien en su intervención abogó por que los escépticos jueguen con las mismas cartas mediáticas que los abanderados de la superstición: “La única manera de ser efectivo es hacer circo, lo que quieren los medios”. Quienes llevamos en esto unos años sabemos que es cierto, aunque yo soy partidario de que se pongan límites —no sé cuáles; eso merece un debate— para evitar que la participación de algún crítico en telebasura descalifique a todo el colectivo escéptico ante un sector del público, como ya ha ocurrido en España.

A vueltas con la religión

Las jornadas bonaerenses no pasaron por alto ni la crítica a la religión ni la crítica a una jerarquía católica que en Iberoamérica ha sido la aliada de tiranos, ha propiciado todo tipo de desmanes y, aún hoy en día, tiene un gran peso en la toma de decisiones que afectan al bienestar y a derechos básicos de los ciudadanos, a los que impone —aunque sean de otro credo o ateos— su visión del mundo. Hugo Estrella, periodista y fundador del grupo Joven Pugwash Internacional, incidió en la relación entre Iglesia y Estado en Argentina, que no dudó en calificar de “asociación ilícita” perjudicial para la libertad y la democracia. Jorge Alfonso Ramírez, representante de Pensar en Paraguay, había roto el hielo horas antes con una intervención políticamente incorrecta en la que defendió la necesidad de desmantelar esa incubadora de intolerancia y fanatismo que es la religión, recordando que tras los terribles atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono había un dios, Alá. Ya en la clausura del congreso, pidió “la liberación de la teología, frente a la teología de la liberación”, sentencia que fue aplaudida por el público.

Richard Branham, astrónomo del Centro Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Cricyt), dedicó su tiempo a denunciar la falta de fundamento de las ideas de los creacionistas a la luz de los actuales conocimientos científicos. “Nadie estaba en el momento de la creación del Universo, pero podemos ver las consecuencias del Big Bang”, apuntó. Y, seguidamente, desgranó —en una auténtica lección magistral de divulgación— las diferentes pruebas que demuestran que el Cosmos tiene 14.000 millones de años, bastantes más que los 6.000 años de los que hablan los fanáticos religiosos. “¿Qué dicen los creacionistas? Que Dios creó el Universo hace unos 6.000 años; pero con la apariencia de que tiene 14.000 millones de años. ¿Es Dios un bromista? El argumento fatal para esa idea es que no hay nada especial que ocurriera hace 6.000 años”. Branham apostilló que también podría decir cualquiera que Dios creó el Universo hace un segundo, pero con todo trucado para que parezca mucho más antiguo, y que “únicamente desde el fanatismo” se puede negar que la historia empezó con el Big Bang. Norm Allen, editor adjunto de la revista Free Inquiry, habló, por su parte, sobre el impacto del pensamiento religioso en los estadounidenses de origen latino y africano.

Tim Delaney, de la Universidad Estatal de Nueva York, destacó en su intervención que “los líderes religiosos condenan a menudo los avances científicos por que temen que la ciencia se entrometa en el trabajo de Dios”. Y recordó que hace cuarenta años se usaron contra los trasplantes de órganos los mismos argumentos a los que hoy recurren para rechazar la investigación con células madre, y ahora es difícil imaginarse a un líder religoso o político que se oponga a esa técnica. “Las terapias basadas en células madre están en las primeras fases de desarrollo. Si se les da tiempo, los científicos, mediante el uso de los ideales positivistas, salvarán millones de vidas gracias a la investigación con células madre”. Tim Madigan, de la Universidad St. John Fisher, dedicó su intervención a William Kingdon Clifford, a quien considera una figura inspiradora para “los librepensadores, los escépticos y otros buscadores de la verdad”.

Periodistas escépticos

Los extraterrestres desembarcaron de la mano de Alejandro Agostinelli, periodista y profundo conocedor del credo ovni. Secretario de Redacción de la revista Neo, dio un intenso e interesantísimo repaso a los orígenes de la ufología, caminó por el presente y apuntó a lo que puede ser el futuro. En este último aspecto ahondamos en una conversación privada en la que los dos reconocimos haber llegado a la misma conclusión después de varias décadas de implicación en el estudio del fenómeno, primero como ufólogos y desde hace tiempo como críticos. Tanto para Agostinelli como para mí, la ufología está agotada y resulta desde hace tiempo algo mortalmente aburrido. El encuentro bonaerense me dio además la oportunidad de disculparme en persona ante el amigo por mi comportamiento del pasado, cuando le critiqué injustamente en La Alternativa Racional. Ahora, sólo espero poder volver a verle pronto para hablar y seguir aprendiendo.

Otros dos periodistas —uno muy joven y uno veterano— sembraron un poco de esperanza sobre el futuro de esta profesión que algunos amamos. Diego Zúñiga, representante de Pensar en Chile y director de La Nave de los Locos, es posiblemente uno de los más firmes valores del escepticismo iberoamericano por su claridad de ideas y su agudeza crítica. “Los periodistas hemos sido resortes del engaño, dándole un impulso que no se merece”, dijo a pesar de que el hemos no responde a la realidad, por que él nunca lo ha sido. Llamó la atención sobre el hecho de que los jóvenes reporteros chilenos han crecido “en un ambiente proclive al pensamiento mágico”, y mostró ejemplos de noticias sobre lo paranormal publicadas en la Prensa, que nunca tenían que haber llegado a la rotativa. Pablo Capanna dejó claro por qué es considerado un maestro de periodistas, en una magistral intervención en la que denunció algunos de los males del periodismo que se practica actualmente en Argentina, males que no conocen fronteras y que son la no comprobación de los datos, el mal uso del lenguaje, el sensacionalismo y que los medios apuesten por el espectáculo hasta en la información. “El fin de los medios no es ya informar y fomentar la reflexión, sino entretener”, se lamentó.

El psicólogo Benjamin Radford, editor asistente de The Skeptical Inquirer y editor jefe de Pensar, arrancó aplausos del público al dar en español su charla sobre “La importancia de la investigación y la amenaza de los mitos”, en la que pidió a los asistentes que permanezcan alerta, aunque reconoció que puede resultar frustrante. “Cuando me siento cansado, recuerdo la frase de Redfin que está al comienzo de El Mundo y Sus Demonios, el libro de Carl Sagan: ‘Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad’”. Tanto en su intervención como en la mesa redonda final, hizo un llamamiento al trabajo en equipo: “Separados, somos voces solitarias contra una avalancha; pero, juntos, nuestras voces se pueden unir en un clamor”.

Quizá sea éste un buen epílogo para un encuentro como el de Buenos Aires. Por eso, sería injusto olvidar a quienes no participaron desde la tribuna de oradores, pero estuvieron allí al pie del cañón, como Juan Soler, representante del Círculo Escéptico (CE) que se encargó durante los dos días de atender a quienes solicitaban información del CE, la revista Pensar y ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico; Juan de Gennaro, de Argentina Skeptics; y Carlos Domínguez y Max Seifert. No puedo olvidar a las dos magníficas traductoras simultáneas, ni a los ilusionistas Marduk y Merpin, que nos hicieron disfrutar con el arte del engaño y su simpatía. Y, por supuesto, mención especial merece quien tuvo la culpa de casi todo: Alejandro J. Borgo.

El director de Pensar es un ser sorprendente, capaz de estar atento a todo, de robarle horas al descanso y al sueño, y de mantener su buen humor, su buen hacer y su simpatía como si nada. Sólo se dio un placer durante todo el congreso: cerrarlo a los sones de sus admirados Beatles. “No hay asunto que no podamos investigar y discutir: los ovnis, la astrología, la parapsicología, la clonación terapéutica, el aborto, la eutanasia, la separación de la Iglesia y el Estado, lo políticamente correcto…”, dijo antes de incitarnos a “pensar en los pequeños cambios como medio para lograr una gran transformación social”. Y lanzó un reto: “Mucha gente se ha conocido aquí estos días. Ahora, el asunto es: ¿qué vamos a hacer respecto a todo aquello en lo que estamos de acuerdo?”


Nota

  • Permítanme que les recomiende otras crónicas de colegas que estuvieron en Buenos Aires y que pueden leer en Internet: Alejandro Agostinelli (www.perspectivas.com.mx/noticias/index.php/2005/09/20/reflexio nes_sobre_la_primera_conferencia).
  • Widson Porto Reis (http://projetoockham.org/boletim_12.html)
  • Diego Zúñiga (www.lanavedeloslocos.cl/conferencia.html).
  • Además, Juan de Gennaro, de Argentina Skeptics, ha colgado una completa galería fotográfica en (www.argentinaskeptics.com.ar/img7.htm; www.argentinaskeptics.com.ar/img8.htm; y www.argentinaskeptics.com.ar/img9.htm) Y hay otra en la web de esta revista (www.pensar.org/archives).

Las presentaciones de los expositores y los shows de magia están disponibles en vídeo (VHS, sistema PAL-N). Consultar precios y material disponible en info@pensar.org