Editorial

“Calenfriamiento” global, una controversia para pensar

Intentaré decirlo en pocas palabras: este número generará gran controversia. El calentamiento global y el cambio climático no son cuestiones sencillas. Plantean preguntas y problemas complejos que no tienen fácil respuesta. Pensé que era importante dedicar este número casi completamente al tema.

Resulta difícil abarcar y analizar enteramente la cuestión: desde la postura catastrofista de Al Gore y sus seguidores, pasando por el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), los informes detallados de científicos que afirman haber aportado pruebas inequívocas del calentamiento global, hasta aquellos que advierten cierto sesgo ideológico en las afirmaciones publicadas por los medios de comunicación y critican las conclusiones del informe, la cuestión puede resumirse formulando y contestando —si es posible, las siguientes preguntas:

¿El calentamiento global es producto de la actividad humana?
¿Las medidas para paliarlo traerán más inconvenientes que beneficios?

En el presente número reproducimos la primera parte de “El cambio climático global desencadenado por el calentamiento global” un artículo de toma de posición del físico Stuart D. Jordan, emitido por la nueva Oficina de Políticas Públicas del Center for Inquiry en Washington D.C. Asimismo, ofrecemos los principales puntos del informe del IPCC.

Del otro lado, en “Cambio climático: ni siquiera ciencia”, de John Gibbs, y en “Por qué no soy un fan del calentamiento global”, de Francisco Bosch, tenemos las voces disidentes, es decir, las de aquellos que cuestionan la causa antropogénica del calentamiento global —esto es, que la actividad del ser humano sea la responsable del cambio climático—, exponen sus dudas sobre las conclusiones del informe del IPCC, critican con firmeza el tenor alarmista de quienes advierten una catástrofe inminente y advierten que el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Lo diré nuevamente: estos artículos provocarán controversia. De hecho, la polémica ya existe incluso dentro de la comunidad científica. De allí el neologismo “calenfriamiento” incluido en el título de esta editorial.

Señalaré, por último, que, si queremos abordar seriamente el tema, deberemos hacerlo basándonos en la metodología científica, prestando atención a los datos, confrontándolos con la realidad y extraer entonces las conclusiones correspondientes. Resultará muy útil escuchar todas las campanas y no dejarnos tentar por hipótesis conspiracionistas de cualquier índole.

Nunca deberíamos perder de vista que el problema y su solución afectarán a millones de personas.

Hasta el próximo número.