Controversia

De inconscientes, manchas, detectores de mentiras y otros mitos

La psicología es una disciplina aún poco sólida y extraordinariamente fragmentada. Muchos psicólogos no se ponen de acuerdo respecto a cuál es su objeto y/o método de estudio: de la psicología hay enfoques científicos y no científicos; dentro de los enfoques científicos existen criterios dispares respecto a cómo se deben hacer las investigaciones; dentro de los enfoques no científicos hay psicólogos que dicen ser científicos y hay otros que abo minan de la ciencia explícitamente. Si añadimos a tal estado de cosas la enorme atracción que ejercen en el público las narraciones psicológicas, no es de extrañar la proliferación de mitos que existe tanto a nivel masivo como entre los propios miembros de la comunidad profesional.

Seis mitos muy difundidos

1. Hay pruebas de la existencia del inconsciente.

El inconsciente freudiano no se refiere ni a procesos subcorticales, ni a comportamientos inadvertidos, ni al “inconsciente cognitivo” que cita Le Doux1, ni a la “memoria implícita” que citan Schachter y Tulving2.

Para Freud el inconsciente es un “reservorio dinámico”3 que alberga tanto representaciones que nunca han visto la conciencia como recuerdos reprimidos que han sido desalojados de la misma. Todos ellos luchan por hacerse conscientes pese a que la censura intenta impedirlo. A veces lo logran en sueños, actos fallidos y síntomas pero aparecen de forma irreconocible. Para Freud, el mecanismo clave que expulsó y mantiene los recuerdos displacenteros en el inconsciente es la “represión”. Aunque parece difícil probar que ésta no exista es seguro que los supuestos “resultados probatorios” brillan por su ausencia. (Los presuntos estudios favorables diseñados por psicoanalistas tienen fallos metodológicos y omiten explicaciones alternativas más simples para explicar los resultados obtenidos.4)

David Holmes5 revisa los abordajes experimentales serios que se han utilizado para estudiar la “represión”. Por razones de espacio, sólo presentaremos algunos de ellos:

Recuerdo diferencial de experiencias placenteras y displacenteras.

Si hubiera más dificultades para recordar las experiencias displacenteras, ello contribuiría a estar más cerca de validar (aunque no a probar) la hipótesis de la represión. Para disgusto de los entusiastas, se demostró que las experiencias más recordadas eran las “intensas” (fueran placenteras o displacenteras). Sin embargo, ello no proporcionaba evidencia directa contra la represión: las experiencias, aunque eran displacenteras, no representaban necesariamente una amenaza ni provocaban ansiedad indefectiblemente.

Cambios en el recuerdo asociado a la introducción y eliminación de estrés.

Se usaron dos grupos (experimental y de control) que tenían que aprender una lista de palabras. Al primer grupo (experimental) se le decía durante la prueba que el examen había revelado defectos de personalidad (introducción de estrés); luego se les pedía que recordaran la lista de palabras; posteriormente al mismo grupo se le decía que lo de los defectos se trataba de un error (eliminación) y se les pedía recordar la lista. Al segundo grupo (de control) no se le practicó intervención. En el grupo experimental se esperaba un menor recuerdo que en el de control con la introducción de estrés, y un repunte con su eliminación. Pero resultó que en el experimental hubo malos desempeños en ambos momentos. Luego, se probó que el bajo rendimiento se debía al efecto distractor de los mensajes (incluso en el de reforzamiento de la autoestima), y no a los efectos del estrés.

En suma, quien sostiene que en algún planeta extrasolar existen formas de vida imperceptibles para cualquier instrumento creado por el hombre, debe probar semejante afirmación. Lo mismo ocurre con la represión y el inconsciente freudiano.

2. El test de manchas de tinta de Rorschach es un instrumento de psicodiagnóstico confiable y eficaz.

Lilienfeld et al.6 investigaron la confiabilidad y validez del afamado test. Para que un instrumento sea confiable (es decir, que mida bien), la puntuación obtenida por dos evaluadores independientes debería ser coincidente. Lo que hallaron los investigadores era preocupante: sólo había un alto grado de acuerdo para la mitad de las variables propuestas.

Con respecto al otro parámetro estudiado, la validez (que el instrumento midiera lo que se propone medir: es decir, que fuera un instrumento eficaz de psicodiagnóstico), los resultados fueron desoladores. Sólo era capaz de discernir casos de esquizofrenia (lo cual podría ser diagnosticado sin necesidad del test) y no era capaz de detectar en forma consistente trastornos psiquiátricos tales como depresión o trastornos de ansiedad.

La fama del Rorschach choca con la evidencia que se obtiene de estudios que están bien controlados. La información que algunos extraen hábilmente de las respuestas verbales (mucho más en un contexto clínico) es lo que explica los “resultados exitosos”.

3. El Cociente intelectual mide la inteligencia.

Hay muchos tipos de Cocientes intelectuales (CI). Un CI típico es el que se obtiene al aplicar la escala de Weschler (WAIS para adultos, WISC para niños) que incluye pruebas de tipo verbal y de ejecución, con armados de rompecabezas, ordenamiento de figuras en una secuencia lógica, etc. El puntaje total se compara con otros puntajes obtenidos por sujetos pertenecientes a grupos de edad similares y de esa comparación se obtiene el CI. Pero el CI es una “operación empírica” que no dice nada acerca de lo que podría ser concretamente la inteligencia. Sería mejor proceder al revés: definir primero qué es la inteligencia y luego tratar de encontrar los instrumentos adecuados de medición.

Es así como encontramos pacientes a los que se les han extirpado regiones extensas de los lóbulos frontales y que sin embargo ¡pueden obtener buenos resultados en los tests tradicionales de inteligencia!

En cambio, cuando a estos pacientes se los somete a instrumentos no empíricos (por ej: tests de pensamiento divergente que evalúan la creatividad de una forma no empírica), obtienen pobres resultados. Es que el pensamiento divergente implica funciones cerebrales específicas de los lóbulos frontales tales como la capacidad de planificar la propia conducta7.

4. Todos los tratamientos psicológicos tienen algo para aportar y se debe utilizar lo mejor de cada uno.

Este es un mito muy arraigado entre los psicólogos; tanto que sus adherentes superan en número a cualquier otra escuela psicoterapéutica. Se lo llama “eclecticismo” y se lo practica comúnmente según el criterio discrecional del terapeuta. No hay ningún control externo y casi siempre se lo practica según la conveniencia del profesional (afinidad con la teoría, habilidad para usar la técnica en sí, etc.).

En cambio, existe un movimiento que intenta investigar en condiciones experimentales la validez de ciertos tratamientos, denominado “terapias con apoyo empírico” (T.A.E)8.

De los resultados obtenidos en numerosos estudios controlados se han obtenido listados de tratamientos cuya eficacia ha sido debidamente comprobada para determinado trastorno psiquiátrico, tratamientos probablemente eficaces y tratamientos en fase experimental. Constituyen un loable intento por convertir al terapeuta en un investigador de su propia práctica pese a que no están exentos de críticas (por ej: se diagnostica según criterios del DSM IV, se da por sentado que todos los terapeutas aplican sus intervenciones según las guías de tratamiento con la misma efectividad, no se consideran los casos de comorbilidad o “presencia simultánea de dos o más tipos de trastornos”, por ej: las personas no presentan sólo trastornos de ansiedad, además suelen estar deprimidas y muy probablemente presenten trastornos fóbicos más o menos difusos).

5. El polígrafo es un detector de mentiras.

El polígrafo mide cambios en los registros fisiológicos tales como tasa de respiración, transpiración, presión arterial, pulsaciones del corazón, etc. R. Carroll dice: “Estos cambios pueden ser producidos por razones diversas como nerviosismo, angustia, vergüenza, temor a alterar los valores. ¡Incluso la necesidad de ir al baño!”… “Aunque el dispositivo midiera el nerviosismo, uno no podría estar seguro de que la causa del mismo fuese el temor a ser descubierto. Algunas personas podrían temer que la máquina indicara erróneamente que mentían cuando en realidad estaban diciendo la verdad y, así, ser acusados falsamente de engañar”9. Pese a ello, algunos lo utilizan obstinadamente en los más diversos ámbitos para “detectar mentiras”10.

No es muy difícil engañar al individuo que interpreta las lecturas del polígrafo concentrándose intensamente en algo neutro mientras se formulan las preguntas, o dando respuestas falsas a preguntas sin importancia. Aquellos que tienen mayor control de sus emociones (sin llegar a ser psicópatas) podrán hacerlo mejor.

Aquí hemos mencionado sólo algunos de los mitos más difundidos respecto de temas que conciernen a la psicología. Quedan otros, que continuaremos tratando en próximas entregas.


Referencias

  1. Le Doux, J. (1999) El cerebro emocional. Ed. Ariel-Planeta.
  2. Carroll, R.T. The unconscious mind. The Skeptic’s Dictionary (http://skepdic.com).
  3. Freud, S. (1894) Las neuropsicosis de defensa. Ed. Biblioteca Nueva.
  4. Eysenck, H. J. (1988). Decadencia y caída del Imperio Freudiano. Nuevo Arte Thor, ed. Barcelona.
  5. Holmes, D. (1994). Is there evidence for repression? Doubtful. The Harvard Mental Health Letter, 10 (12), 4-6. Esta es una versión resumida del artículo completo: Holmes, D. (1990). The Evidence for Repression: An Examination of Sixty Years of Research in Repression and Dissociation. Implications for Personality, Theory, Psychopathology and Health, Ed. J. Singer, pp. 85–102. University of Chicago Press, Chicago.
  6. Wood, J; Nezworski, M.T.; Lilienfeld, S. & Garb;H. (2003) What’s Wrong with the Rorschach? Science Confronts the controversial Inkblot Test. Jossey-Bass, San Francisco (un extracto por los mismos autores donde se explican las razones de la popularidad del test se puede obtener en Inkblot Test, Fortune Tellers, and Cold Reading, Skeptical Inquirer, Vol. 7 No. 4, July/August 2003).
  7. Bunge, M. y Ardila, R., (1988) Filosofía de la psicología. Ed. Ariel.
  8. Chambless,D & Ollendick,T.(2001) Empirically Supported Psychological Interventions: Controversies an evidence. Annual Review of Psychology, 52, 685-716 (en español hay un número monográfico de la revista Psicothema (2001) Vol.13, No3 con tratamientos eficaces hallados para diversos trastornos psicológicos.
  9. Carroll, R.T. Polygraph. The Skeptic’s Dictionary (http://skepdic.com).
  10. Randi, J. Comentario semanal del 22 de agosto de 2003 en http://www.sindioses.org.