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Dos mundos en conflicto: creacionismo y evolución en Argentina

“¡Descendientes de los monos! Querido mío, esperemos que no sea así; pero si lo es, esperemos que no se sepa.”
—Esposa del Obispo de Worcerster1

“Estando como naturalista a bordo del ‘Beagle’, buque de la marina real, quedé sobremanera impresionado con ciertos hechos que se presentan en la distribución de los seres orgánicos que habitan Sudamérica y en las relaciones geológicas entre los actuales y anteriores habitantes de aquel continente. Estos hechos, como se verá en los últimos capítulos de este volumen, parecían arrojar alguna luz sobre el origen de las especies –ese misterio de misterios, como lo ha llamado uno de nuestros más grandes filósofos.”
—Charles Darwin, The Origin of Species2

Este artículo es una versión revisada y actualizada de “Two Worlds in Conflict: Creationism & Evolution in Argentina”, publicado originalmente en Amanda Chesworth et al., eds. Darwin Day Collection One: The Single Best Idea, Ever. Albuquerque, New Mexico: Tangled Bank Press, 2002, p. 399-402.


En el Preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina se invoca “la protección de Dios”, con Dios siendo descrito como la “fuente de toda razón y justicia”, y en su Artículo 2° se establece la inseparabilidad de la Iglesia Católica y el Estado3. Además, el 83% de los argentinos afirma ser religioso (entre éstos, el 84% dice ser católico), el 12% dice ser no-religioso (cree en algo) y un 4% asegura ser ateo convencido.4

Así pues, podría decirse que la Argentina es una Nación “católica”.

Pensar-1-1-DosMundosSin embargo, desde los años de nuestra Independencia a comienzos del siglo XIX, dos mundos en conflicto pugnan por establecer un modelo de Nación acorde con sus respectivas convicciones: por una parte, el religioso, es decir católico, y por otra, el liberal, es decir racionalista, empirista, positivista y evolucionista. Este conflicto, que se manifestará con singular claridad y fuerza en el campo de la educación, irrumpirá particularmente en dos períodos claves de la Historia Argentina: el primero, en el siglo XIX, entre los años 1880 y 1890, y el segundo, en la década del ’90 en el siglo pasado.

Los conflictos de ese primer período se originan a partir de tres acontecimientos principales: la creación del Consejo Nacional de Educación, las sesiones del Congreso Pedagógico y los debates de la Ley de Educación Común, y desde dos interpretaciones opuestas en materia pedagógica: la católica, que no quería innovar en materia religiosa, debido a los presuntos males morales derivados de esa innovación, y la liberal o naturalista que sostenía un proyecto laicista donde la religión se excluía como elemento formativo del alumno. Esta última postura, la liberal, fue la que finalmente se impuso, aunque temporalmente, tanto en el ámbito filosófico como en el político-educativo.5

En este punto, importa sobre todo señalar que el substratum filosófico del liberalismo local no es otro que el llamado “positivismo argentino”, caracterizado por su cientificismo, su concepción naturalista del mundo y su evolucionismo (darwinismo):

“Estas teorías [las paleontológicas] evidenciaban algunas veces una clara significación socio-política. Este es el caso, por ejemplo, de uno de sus primeros trabajos científicos [la referencia es a Florentino Ameghino] donde el transformismo es esgrimido contra la teología y el clericalismo. Confrontando las afirmaciones bíblicas con los descubrimientos paleontológicos, Ameghino suscita un conflicto entre la ciencia y la religión: entre las ciencias naturales y la revelación. El alcance de esta manera de plantear el problema es de una extraordinaria importancia si se tiene en cuenta la lucha que se desarrollaba entonces entre el laicismo de la generación de 1880 y las fuerzas católicas tradicionalistas”.6

Una confrontación similar ocurrió a mediados de la pasada década del ’90 cuando fueron introducidos cambios en los Contenidos Básicos Comunes—los contenidos de los programas escolares de estudio destinados a niños y adolescentes—de la Ley Federal de Educación. Entre ellos: la eliminación de las referencias a la educación sexual, el reemplazo del concepto de “género” por el de “sexo” y la supresión de los nombres de Lamarck y Darwin junto con la relativización de la teoría de la evolución de las especies. Así el contenido básico original (Ciencias Naturales, p. 122) que decía “Se hace una introducción a la teoría de la evolución. Se plantean las posturas de Lamarck y Darwin, el mecanismo de la selección natural y los procesos de extinción de especies, vinculando los aportes de las ciencias naturales con otros de las ciencias sociales que permitan comprender la participación de las personas tanto en la extinción como en la preservación de las especies” fue reemplazado por otro que dice “Se plantean los mecanismos de la evolución de las especies, sus teorías explicativas y los procesos de extinción de especies, vinculando los aportes científicos de diferentes campos para comprender la participación del ser humano como integrante del ecosistema, en los procesos de extinción, conservación y preservación de las especies”.7

Charles Darwin
Charles Darwin

Estos cambios se efectuaron por “sugerencias” de la Iglesia Católica y desataron una serie de renuncias entre los especialistas que trabajaron en la elaboración de dichos contenidos.8 Uno de los técnicos renunciantes expresó: “Como no pueden sacar la teoría de la evolución, incorporan modificaciones sutiles, sacan estos nombres [Lamarck y Darwin] porque son simbólicos”.9

Ahora bien, no sólo debe tomarse en cuenta la influencia política de la Iglesia Católica cuando se analizan los factores que amenazan la posición evolucionista. En efecto, el casi nulo apoyo gubernamental a la actividad científica en Argentina,10 el vigoroso avance y crecimiento de grupos cristianos fundamentalistas11 y de sectas destructivas, la proliferación de doctrinas y prácticas pseudocientíficas enmarcadas en el paradigma de la Nueva Era, la masiva y acrítica difusión en los medios de comunicación de lo oculto y paranormal, la profunda e inédita crisis social y económica que se despliega en la región y el consecuente incremento del pensamiento mágico, todo ello conspira para el desarrollo de un modelo de sociedad basado en parámetros racionales, en el cual, desde luego, la teoría de la evolución ocupa un lugar destacadísimo.

Florentino Ameghino
Florentino Ameghino

De todas maneras, diversas noticias sobre descubrimientos paleontológicos y paleoantropológicos en Argentina y el resto del mundo son difundidos con frecuencia en los periódicos locales,12 y artículos sobre Darwin y la teoría de la evolución son publicados en esos mismos medios.13 Asimismo, recientemente fue editado un libro escrito por científicos argentinos dirigido al público no-académico interesado en conocer el estado actual de la teoría darwiniana,14 a la vez que distintos museos argentinos de ciencias naturales continúan su labor científica y educativa con presupuestos muy reducidos. Por último, el Darwin Day Program15 fue mencionado en una publicación cristiana fundamentalista16 y en el Suplemento Educacional del diario Clarín, uno de los más importantes del País.17 En estos artículos se señala a la luz de un estudio publicado en Scientific American la vertiginosa difusión y expansión del creacionismo entre la población de los Estados Unidos y en su sistema educativo y se exponen sucintamente algunos puntos de vista del Darwin Day Program en torno de dicha expansión y de las tácticas usadas por los creacionistas para promover su doctrina, por ejemplo, la idea del “diseño inteligente”.

En verdad, la controversia creacionismo-evolucionismo es un asunto de extensión y significado global.

Florentino Ameghino, rindiendo homenaje a Charles Darwin, escribió con cierta exageración en 1884:

“Todos vosotros sabéis sin duda que Darwin puede considerarse como uno de nuestros sabios, pues el descubrimiento de su teoría está ligado a la historia de nuestro progreso científico, por ser aquí, entre nosotros, donde recogió los materiales de ella y tuvo su primer idea. Y, por una coincidencia bien extraordinaria, por cierto, es aquí, sólo aquí en la Pampa, donde ella puede encontrar su más evidente comprobación, y eso por razones que están al alcance de todos”.18

 


Referencias

  1. Citado originalmente en inglés en Pennock, R.T. (2000). Tower of Babel. The Evidence against the New Creationism. Cambridge, MA: The MIT Press, 43.
  2. Cf. Darwin, Ch. (1991). The Origin of Species by Means of Natural Selection. Amherst, NY: Prometheus Books, Introduction, 1.
  3. “El Gobierno Federal sostiene el culto católico apostólico romano” (Art. 2°). Constitución de la Nación Argentina (1995). Buenos Aires: Biblioteca del Congreso de la Nación. Preámbulo; 1ra Parte, Capítulo 1o, Art. 2°.
  4. Estudio de opinión pública preparado para la Univ. Católica Argentina por Gallup Argentina. Heguy, S. “La fe religiosa en la Argentina crece al ritmo de la crisis social”. Clarín. Bs. As., 2-12-2001, 46-47, esp. 47.
  5. Auza, N. T. (1981). Católicos y liberales en la generación del ochenta. B.s As.: Ed. Culturales Argentinas, I, V, VI, X.
  6. Soler, R. (1979). El positivismo argentino. Pensamiento filosófico y sociológico. México D.F.: Univ. Nac. Autónoma de México, 55. AMEGHINO, Florentino (1854-1911): figura destacadísima de la ciencia argentina cuya monumental obra comprende dos aspectos intencionalmente vinculados: sus trabajos sobre geología y especialmente sobre paleontología y sus escritos doctrinarios y filosóficos.
  7. Gelderen, Alfredo M. (1996). La Ley Federal de Educación de la República Argentina. Bs. As.: Academia Nac. de Educación, 81-87. Página 12. Bs. As., 7-7-1995.
  8. Página/12. Bs. As., 7-7-1995, 11.
  9. Página/12. Bs. As., 8-7-1995, 10-11, esp. 11. Cabe aclarar que cuando hablamos de “creacionismo” en el contexto de este trabajo aludimos principalmente a la postura sostenida por la Iglesia Católica y no al llamado “creacionismo científico” postulado y defendido por el protestantismo conservador. Véase, Papa Juan Pablo II. Mensaje a la Academia Pontificia de Ciencias. Vaticano, 22-10-1996, esp. §§ 4-6; Stenger, V.J. “Are Christianity and Darwinism Compatible?” Skeptical Briefs, 12, 2 (June 2002), 13-14, esp. 13.
  10. Bär, N. “El apoyo a la ciencia debe empezar a ser una política de Estado”. La Nación. Bs. As., 5-6-2003, 16; “Escasa inversión en ciencia y tecnología”. Clarín. Bs. As., 7-5-2003, 22; Bär, N. “Educación
    y tecnología, claves para el desarrollo”. La Nación. Bs As., 24-42003, 11; Pavón, H. “El exilio de la ciencia: el descabezamiento
    de la Argentina”. Clarín, Zona, Bs. As., 2-3-2003, 1-3; Kaiser, J., “Economic Crash Brings Ill Winds for Science”, Science 295, 2356
    (29 March, 2002).
  11. “Los evangelistas volvieron a reunir una multitud en Palermo”. Clarín. Bs. As., 2-2-2003, 50; Dandan, A. “Los evangelistas coparon la noche: una multitud en el acto del pastor electrónico Luis Palau”. Página/12. Bs. As., 1-2-2003, 11.
  12. Véase, por ejemplo, Ríos, S. A. “Primera huella de los mamíferos americanos”. La Nación. Bs. As., 15-3-2002, 12; Rauhut, O. W. M., Martin, T., Ortiz-Jaureguizar, E., Puerta, P., “A Jurassic Mammal from South America”, Nature 416, 165-168 (14 March 2002).
  13. Juárez, F. N. “Recorridos de un naturalista inquieto”. La Nación. Bs. As., 9-12-2001; Kookson, C. “Annie, el eslabón perdido”. La Nación. Bs. As., 15-7-2001; Wilford, J.N. “Ancient fossils stir human origin debate”. Buenos Aires Herald. Bs. As., 04-22-2001; Canaletti, R.V. “El juicio del mono”. Clarín. Bs. As., 23-7-2000; Brown, A. “Children of the evolution”. Buenos Aires Herald. Bs. As., 01-2-2000; Kettle, M. “Darwin’s pride: the biblical creationists are evolving”. Buenos Aires Herald. Bs. As., 15-9-1999; Roman, V. “Un antepasado del hombre y del mono echa luz sobre la evolución”. Clarín. Bs. As., 4-9-1999; Wade, N. “Comprueban la teoría de la evolución”. La Nación. Bs. As., 15-5-1999. Una lista periódicamente actualizada de este tipo de noticias puede hallarse en Evolution Report, una publicación online editada por Argentina Skeptics (véase, por ejemplo, http://www.argentinaskeptics.com.ar/EvolutionReport03.pdf).
  14. Scheinsohn, V., et al. (2001). La evolución y las ciencias. Buenos Aires: Emecé, 160 pp.
  15. El Darwin Day Program es una organización educacional sin fines de lucro dedicada a promover la comprensión pública de las ciencias evolucionarias y disciplinas relacionadas y a honrar la vida y la obra de Charles Darwin. Aunque el Darwin Day Program tiene su base en los EE.UU., representantes de diferentes países se encuentran entre sus miembros fundadores y participantes, incluyendo Canadá, Gran Bretaña, Australia y Argentina (http://www.darwinday.org).
  16. “Darwin en crisis”, La corriente del Espíritu 5, 67 (Abril 2002), 5.
  17. “Prohibido enseñar Darwin”. Clarín, Suplemento Educacional. Buenos Aires, 3-3-2002, 18.
  18. Ameghino, F. (1915). Filogenia. Buenos Aires: La Cultura