Pastillas

El Bigfoot tiene ADN de bisonte

Lleva el Bigfoot, o Sasquatch, un inicio de tercer milenio poco envidiable. Después de haberse convertido en la segunda mitad del siglo pasado en el monstruo por antonomasia de los bosques de Norteamérica, el homínido peludo se enfrenta a una grave crisis de credibilidad. El último episodio ha estado protagonizado por lo que unos testigos presentaron en julio como un mechón de pelo del hombre mono, afirmación sobre la que la ciencia se pronunció con celeridad, matando la primera serpiente del verano boreal de 2005 en cuanto asomó la cabeza en los medios de comunicación.

David Coltman, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Alberta, sosteniendo presuntos pelos del Bigfoot.
David Coltman, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Alberta, sosteniendo presuntos pelos del Bigfoot.

Los presuntos restos del Bigfoot llegaron a la universidad canadiense de Alberta el 18 de julio. Procedían de Teslin, en el territorio de Yukon, donde unos testigos decían haber visto días antes al monstruo entre los árboles, encontrado huellas de sus grandes pies y recuperado del barro un mechón de pelo marrón. Ante ese anuncio, David Coltman, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Alberta, se ofreció a hacer el oportuno análisis de ADN del pelo para ver si correspondía a un animal conocido o a algo “potencialmente interesante”. El biólogo sospechaba que podía tratarse de pelo de oso o de bisonte; pero dejó que la genética emitiera su veredicto.

“El perfil de ADN de la muestra de pelo que recibimos de Yukon encaja con el de referencia del bisonte norteamericano, el ‘Bison bison’”, anuncio Coltman el 28 de julio. Sin embargo, el científico demostró saber por dónde van los tiros y que su trabajo no acabará con la fe en el Bigfoot. “Aunque hemos probado que este mechón no es de una especie desconocida como el Sasquatch, los fieles —añadió en su comparecencia ante la prensa— pueden consolarse con que este descubrimiento no demuestra que tal especie no exista”. De hecho, es lo que los seguidores del monstruo han hecho en los últimos años: cerrar los ojos ante las malas noticias.

Las huellas más famosas del Yeti americano aparecieron una mañana de 1958 alrededor de la maquinaria que se usaba en la construcción de una carretera en el condado californiano de Humboldt. Hasta entonces, nadie había oído hablar de un misterioso monstruo al que, al día siguiente, el Humboldt Times bautizaba como Bigfoot (Pie grande). Ray Wallace era el constructor encargado de la obra y, a partir de ese momento, consiguió gran cantidad de fotografías y grabaciones sonoras sobre el Sasquatch. Murió el 26 de noviembre de 2002 y su hijo Michael declaró a The Seattle Times: “Ray Wallace era el Bigfoot. La realidad es que el Bigfoot ha muerto”. Un compañero del constructor apuntó que las huellas las fabricó para asustar a los vándalos que solían causar destrozos nocturnos en la maquinaria, y el hijo añadió que su madre le confesó que se había disfrazado de hombre mono para algunas fotos de su padre.

Dos años más tarde, Greg Long desvelaba en The Making of Bigfoot: The Inside Story (Prometheus Books, 2004) la identidad del hombre que se metió en 1967 en el disfraz de la mejor filmación del Yeti de los bosques de EE UU y Canadá: era Bob Hieronimous, un embotellador de Pepsi. Roger Patterson y Bob Gimlin, los autores de la cinta, esperaban hacer un buen montón de dinero con la filmación y le prometieron 1.000 dólares que nunca pagaron. Long descubrió también que el disfraz de gorila lo había confeccionado Philip Morris —uno de los más importantes suministradores de vestuario de Hollywood— y que Patterson había hecho el pedido por teléfono dos meses antes del rodaje de la película, en la que se ve a un hombre mono pasar delante de la cámara y girarse hacia ella.

La primera aparición del Bigfoot fue un montaje para asustar entrometidos; la prueba más sólida, un negocio montado por un par de pícaros; y la más reciente, un simple engaño. Sin embargo, nada de esto desanimará a los creyentes del monstruo. Así que lo más seguro es que el Bigfoot se oculte en el bosque a la espera de que la tormenta amaine, soplen mejores vientos y la gente se olvide de que nació como una broma.