Debate

El blanco equivocado

“El arte de la ilusión es por lo menos 95% de psicología aplicada.”

—Henning Nelms


Lamento que el buen trabajo de Kentaro Mori en las primeras páginas de Pensar (Vol. 1, No 2 – Abril/Junio 2004) se haya opacado con “La Ruleta Rusa de Derren Brown” en la sección Pastillas (pp. 13–14).

Intuyo —puede ser que me equivoque— que su afán por exponer a Derren Brown estuvo influenciado o alentado por la crítica del periodista Simon Singh, de quien extrae buena parte de sus comentarios1.

El artículo de Singh en The Daily Telegraph está ilustrado con su foto y con un texto desafiante en el que apuesta £1000 (mil libras esterlinas) a que Derren Brown no podrá leer su mente. Esto me recuerda una anécdota histórica que protagonizó Joseph Dunninger, considerado uno de los máximos mentalistas de todos los tiempos. En plena actuación fue interrumpido por un mago amateur desafiándolo a que le leyera su mente, de inmediato Dunninger le replicó mordazmente que le daría mil dólares si él podía probar que tenía una mente (Christopher, 1973). No sé si Singh puede considerarse más afortunado con el silencio de Brown a su desafío, pero —a veces— la indiferencia es más cruel que una respuesta.

Si descartamos la posibilidad de intereses ocultos en la crítica del periodista, nos resta considerar una supina ignorancia en cuestiones de Ilusionismo. No sé por qué razón tanto Singh como Mori omiten hacer referencia a la web de Derren Brown. Si tan sólo hubiesen leído los primeros párrafos, se podrían haber evitado las críticas.

“Derren Brown es una fuerza única en el mundo de la ilusión — según parece, puede predecir y controlar el comportamiento humano. Él no afirma leer el pensamiento sino que describe su habilidad como una mezcla de psicología aplicada, magia, misdirection y teatralidad. Lo llames como lo llames, sus performances inigualables divierten y desconciertan a todos aquellos que lo ven. Esta es una forma de entretenimiento poderosa y atractiva, y, por un buen tiempo, es poco probable que sea imitada.2

Sí señores, él describe su habilidad como una mezcla de psicología aplicada, magia, misdirection3 y teatralidad. Todos estos son elementos indispensables para el ilusionista profesional. Y eso es Derren Brown, un ilusionista profesional que además cuenta con el reconocimiento de sus colegas a nivel internacional.

Mori incluye entre sus consultas la web de Channel 4, pero no menciona las palabras del propio Brown a la hora de definir su trabajo: “Supongo que empleo una variedad de diferentes técnicas y acercamientos a lo que hago, pero esto es principalmente una mezcla de hipnosis, magia y el poder de sugestión.”4

Dentro del Ilusionismo existen varias ramas y cada una tiene sus propias características esencialmente en materia de presentación o teatralidad. Entre ellas, el mentalismo es una de las especialidades más complejas y con matices muy particulares. Aun cuando Singh reconoce que tiene conocimientos básicos de magia, parece ignorar lo que se aclara en una de las obras generales más consultadas del mundo:

“Debe notarse que hay una diferencia psicológica en el recurso, en la manera de presentación, entre lo que nosotros llamamos dos ramas del arte místico — ‘magos’ y ‘mentalistas.’ Mientras ambos logran sus efectos por medio de trucos, el mentalista raramente lo admite. Hay una razón importante para esta actitud del mentalista. Sus misterios de la mente sólo son impresionantes cuando están encubiertos en una atmósfera de fenómenos genuinos” (Tarbell, 1973).

Singh y Mori no entendieron lo que casi todo el periodismo comprendió perfectamente, y basta con señalar —como para no abundar en expresiones similares— lo que dice Alok Jha en su análisis para The Guardian del 9 de Octubre de 2003:

“…debe ser recordado que Brown es, como él lo describe, un ‘mentalista’—un ilusionista que depende de la manipulación psicológica para ayudar a enmascarar sus trucos.”5

Ahora bien, ambos críticos están muy preocupados porque el ilusionista alega que no recurre a trucos para lograr sus efectos. En realidad este alegato surge sólo de un show de TV que habría visto Singh, en el que Derren Brown, después de exponer un simple truco con naipes, afirmó que no los utilizaría en el resto del show. Y, ¡oh decepción!, el astuto periodista descubrió que en verdad los seguía utilizando. Después de explicar parcialmente el secreto de un juego de naipes que realizó el ilusionista, Singh concluye que eso no tiene nada que ver con psicología y que es un truco de magia. Por su parte Mori dice: “Un truco trivial, presentado como lectura y control de la mente.”

Ni una cosa ni la otra. Mori lo califica despectivamente de trivial, pero sospecho que si no hubiera leído el artículo de Singh, todavía estaría pensando cómo funciona. Aún así, ambos evidencian desconocer el principio por el que llegó la carta clave a manos del espectador, de lo contrario no se hubieran privado de exponerlo especialmente después de tantos pretendidos detalles. Ante ese desconocimiento, yo no me atrevería a descartar a priori la utilización de alguna técnica psicológica para la elección de las dos primeras cartas. Por lo tanto no hubo tal desmenuzamiento del juego por parte de Singh como pretende Mori.

Cuando Singh afirma que el acto no tiene nada que ver con la psicología (“this is nothing to do with psychology”), reduciéndolo a un mero pase de prestidigitación, demuestra que ha sido una ingenua víctima de la primera estrategia psicológica que utilizó Derren Brown al comienzo de su presentación: supresión de la incredulidad.

Una de las obras teóricas más importantes del Ilusionismo le pertenece a Henning Nelms (1969), y nada mejor que sus palabras para ver cómo Brown puso en práctica la teoría:

“El primer paso hacia el convencimiento consiste en inducir al público hacia la supresión de la incredulidad. Esto se hace creando una atmósfera en la cual la ilusión sea posible. […] La atmósfera controla la mente de los espectadores y la forma en que éstos ven tu actuación. Cualquier cosa que les haga pensar en tus poderes extraordinarios, los cuales estás a punto de demostrar, ayudará a crear o mantener la atmósfera adecuada. […] Sin atmósfera puede que no se produzca la supresión de la incredulidad y, por lo tanto, no habrá ilusiones. […] Haciendo crecer la expectación en los espectadores, el mago ha conseguido en ellos la supresión de la incredulidad y los ha preparado para aceptar las ilusiones más importantes que integran la parte principal de su acto” (p. 40–43).

Singh podría afirmar que, al menos con él, esta estrategia no tuvo éxito. Pero él mismo se queja por una “encuesta” que realizó entre 16 espectadores, de los cuales 11 estaban convencidos de los logros de Brown.

Cuando el mentalista expuso al comienzo de su show un truco de naipes y afirmó que sería el único truco que verían durante el resto de su actuación, precisamente su objetivo era suprimir el escepticismo del público para los siguientes juegos.

Si Brown habla de condicionamiento en sus presentaciones, todo el proceso anterior es un buen modelo del sistema conductual de condicionamiento clásico o instrumental/operante (según los autores que se prefieran).

Por más que Singh y Mori persistan en desvincular —utilizando para el caso a Derren Brown— al Ilusionismo de la Psicología, todos sus intentos serán en vano. No sólo existe suficiente bibliografía (de psicólogos y de ilusionistas) que señalan su estrecha relación sino que, y esto al menos Mori lo debería saber, experimentados profesionales como Ray Hyman y Richard Wiseman (ambos psicólogos e ilusionistas) también se han ocupado del tema (Hyman, 1965; Lamont & Wiseman, 1999; Wiseman, 1997).

También acusan a Brown de adjudicarse la capacidad de descubrir los pensamientos de la gente a través del lenguaje corporal. Lo que evidentemente desconocen es que en algunas de sus rutinas Derren Brown tiene incluido el “cumberlandismo” o “hellströmismo”—según el mago al que mayor crédito se dé: Stuart Cumberland (inglés) o Alex Hellström (sueco)— es lo que también se conoce como lectura muscular. Básicamente es la habilidad de percepción e interpretación de los mínimos indicios sensorios o reacciones psico-motrices involuntarias en su más amplia gama (visuales, gestuales, fonéticas, respiratorias, etc.), que pueden orientar o guiar a un objetivo determinado. Puede ser por contacto directo (de ahí lo de lectura muscular), indirecto (cuando el mago y el espectador toman cada uno una punta de un mismo pañuelo u otro objeto), o sin contacto.

El mecanismo psiconeurofisiológico imperante es el mismo que hace funcionar a una mano ortopédica a través de corrientes bioeléctricas. La simple idea de un movimiento irá, inevitablemente, acompañada de un impulso estimulante dirigido a los músculos actuantes. Ya hace muchísimos años se ha demostrado este proceso experimentalmente (Jacobson, 1930).

Sumando confusión

Mori también nos comenta la prueba de la libre elección de una herramienta y un color. Por el estilo de su relato, todo indicaría que forma parte del repertorio de Brown, si bien no encontré mención alguna en las notas que suministra. Ya poco importa eso sino el enredo que se hace Mori sobre el tema. Por un lado afirma que “la psicología tiene poco que ver con el hecho de que Ud. haya pensado en un martillo rojo”, pero a continuación reproduce la opinión de una especialista en neurociencias cuya explicación no es, precisamente, ajena a la psicología y no en vano acude a términos como memoria y asociación, entre otros.. Afirmar que la psicología tiene poco que ver con este efecto de asociación es desconocer la historia de la psicología experimental en la materia (Woodworth y Schlosberg, 1954; Pinillos, 1975). Trabajos puntuales sobre el asunto también han sido analizados bajo la denominación de estereotipos populares (French, 1980; Marks y Kammann, 1975).

Parafraseando el final de Mori digo: cuando un fabricante de ilusiones dice que es ilusionista y que no está haciendo trucos, no te preocupes, relájate y goza.


Notas

  1. http://www.simonsingh.net/Derren_Brown_Article.html.
  2. “Derren Brown is a unique force in the world of illusion—he can seemingly predict and control human behaviour. He doesn’t claim to be a mind-reader, instead he describes his craft as a mixture of applied psychology, magic, misdirection and showmanship. Whatever you choose to call it, his unparalleled performances amaze and unsettle all those who watch him. This is a powerful and provocative form of entertainment, unlikely to be imitated for a long while.” (http://www.derrenbrown.co.uk/home.asp).
  3. Misdirection: palabra inglesa adoptada al léxico mágico universal para designar la acción de dirigir —mediante diversos recursos psicológicos— la atención de los espectadores a un punto determinado, con el objetivo de alejarla de algún punto crítico en el que se pueda estar operando una maniobra secreta.
  4. http://www.channel4.com/entertainment/tv/microsites/M/ mindcontrol/subtle/illusion.html.
  5. http://www.guardian.co.uk/life/thisweek/story/0,12977,10 58573,00.html.

Referencias

  • Christopher, M. (1973) The Illustrated History of Magic. Heinemann Portsmouth, NH.
  • French, C. C. (1992) Population Stereotypes and Belief in the Paranormal: Is There a Relationship? Australian Psychologist, Vol. 27, 57-58.
  • Hyman, R. (1965) The Natura of Psychological Inquiry. Prentice Hall, Inc., N. J. Versión en castellano: Carácter de la Investigación Psicológica, UTEHA, México, 1972.
  • Jacobson, E. (1930) Electrical measurements of neuromuscular states during mental activities. American Journal of Phisiology, v.91.
  • Lamont, P. & R. Wiseman. (1999) Magic in theory: An introduction to the theoretical and psychological elements in conjuring. Hermetic Press, Seattle.
  • Marks, D. & R. Kammann. (1980) The Psychology of the Psychic. Prometheus Books, Buffalo, N.Y.
  • Nelms, H. (1969) Magic and showmanship. Dover Publications, Inc., N.Y. Versión en castellano: Magia y Presentación. Edt. CYMYS, Barcelona, 1985.
  • Pinillos, L. (1975) Principios de Psicología. Alianza Editorial, Madrid.
  • Tarbell, H. (1973) The Tarbell Course in Magic [Vol. IV]. Louis Tannen, Inc., N.Y.
  • Wiseman, R. (1997) Deception & Self-Deception: Investigating Psychics. Prometheus Books, Buffalo, N.Y.
  • Woodworth, R. S. y H. Schlosberg (1954) Experimental Psychology. Holt, Rinehart and Winston, N. Y. Versión en castellano: Psicología Experimental, EUDEBA, Bs. As., 1964.