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El día que le arrancaron la peluca a Sai Baba

Aveces no hay nada mejor que empezar la jornada con un poco de espiritualidad.

Y así como a cada santo le llega su día, a cada inocente le llega el suyo.

Los santos vienen en diversas presentaciones: benévolos, justos, piadosos, moralizantes, poderosos… Sri Sathya Sai Baba es de los últimos. Dicen, por ejemplo, que sus poderes son tan penetrantes que es capaz de meterse en los sueños de los creyentes. Tanto es así que muchos de los milagros que se le atribuyen no suceden sino mientras los devotos duermen. Sus detractores afirman que, en tales circunstancias, los milagros “se le escapan”. Pero basta echar un vistazo en la literatura para comprobar que esos portentos oníricos son parte de la doctrina: sea para dar consejos íntimos o curar enfermedades, pareciera que, por las noches, el gurú irrumpe con un realismo estremecedor, ostentando su enmarañado peinado afro y su inconfundible atuendo naranja.

Los principales denunciantes sobre los abusos de Sai Baba son padres devotos de niños que fueron “elegidos” por el gurú para mantener “entrevistas” donde les era vedado hablar sobre lo que sucedía en ellas.
Los principales denunciantes sobre los abusos de Sai Baba son padres devotos de niños que fueron “elegidos” por el gurú para mantener “entrevistas” donde les era vedado hablar sobre lo que sucedía en ellas.

Nada de esto debería extrañar: el líder espiritual de Puthaparti es una figura central en la vida de los fieles, y una de las prédicas más arraigadas de la Organización Sai Baba consiste en invocar su imagen y cantar su nombre. Muchas veces eso alcanza —aseguran— para que sus existencias cambien para siempre.

Digamos también que circulan leyendas negras sobre Baba, a quien muchos creen encarnación de la divinidad. Algunas, como su afición a juguetear con el pene de sus adeptos, confirmadas hasta por los seguidores más convencidos. Otras historias son meros rumores, que abordar ahora sería irse por las ramas.

La leyenda que vamos a contar también comienza con un sueño. Un sueño herético, pero sueño al fin.

El pasado 28 de diciembre de 2005 tuve un módico sueño con Sai Baba. Soñé que durante la llamada “materialización del lingam” (ceremonia consistente en la expulsión de un huevo de oro por su boca que deja abierta las ídem de sus devotos), un asistente lanzaba un inopinado manotazo sobre su espesa cabellera, quedándose con una peluca entre sus manos.

El iconográfico peinado del anciano es, quizá, una de las razones por las cuales Sai Baba se convirtió en uno de los gurúes orientales más populares del mundo. Por eso, la idea de que sus sagrados cabellos fueran postizos le daba a mi sueño una pintoresca pátina de realismo mágico.

Esa madrugada, que coincidía con el Día de los Santos Inocentes, desperté sobresaltado. Tuve la loca idea de redactar el sueño con el estilo de un cable y de enviarlo a varias listas de correo, a ver qué reacciones provocaba.

Para aumentar la efectividad del brulote, le busqué un título más bien neutral: “Un devoto atacó ayer a Sathya Sai Baba, el famoso gurú de la India”. La elección del protagonista del bizarro escándalo tampoco fue azarosa. Imaginé que el devoto colérico podía ser Björn Sandström, coordinador de la Organización Sathya Sai Baba en Suecia. No lo elegí por presumir que su fe estuviera declinando sino por todo lo contrario: la mayoría de los principales líderes suecos del movimiento Sai, menos Sandström, dimitieron desde 1999, año en que Conny Larson, el más conocido de los ex devotos, se dio vuelta para denunciar que Baba abusaba sexualmente de sus fieles.

La falsa noticia seguía así: “Ante la mirada azorada de 1.200 fieles, Sandström se abalanzó sobre la legendaria cabellera del líder espiritual 79 años de edad. ‘¡Todo es un fraude! ¡Es un maldito farsante! ¡El mundo debe saber la verdad de Baba!’, gritó, como poseído por una fuerza sobrenatural, el dirigente europeo de la Organización SSB, sosteniendo con el puño en alto su peluca oscura y ensortijada mientras, con la otra mano, apuntaba con una pequeña Colt a los guardias del Fideicomiso para mantenerlos alejados de esa escena surrealista.” (Baba ya había cumplido 80 años. El error arrojaba luz sobre mi improvisación… o ¡sobre los típicos gazapos que cometemos los periodistas!).

Esa misma madrugada publiqué el texto en un puñado de listas de correo (creyentes, escépticas y aficionadas a lo paranormal). Al otro día, el “cable” me comenzó a llegar desde los cuatro rincones del mundo.

Detalle del video donde se advierte que Sai Baba sostiene entre sus dedos la bolita de vibuthi que luego aplastará para convertir en “ceniza sagrada”.
Detalle del video donde se advierte que Sai Baba sostiene entre sus dedos la bolita de vibuthi que luego aplastará para convertir en “ceniza sagrada”.

La falsa noticia había circulado rápido. Y, si bien muchos no reaccionaron, otros le dieron un margen de crédito, reenviando el mensaje sin fijarse que el 28 de diciembre es un día poco aconsejable para tomar en serio una “noticia” que —además— citaba fuentes en alemán y en hindi… o con condimentos colmados de localismos. Ejemplo: “El incidente, que se produjo a las 17.13 PM del pasado martes, duró escasos tres minutos, tiempo que se tomaron los guardaespaldas de Sathya Sai Baba para reducir al indignado devoto, a quien se llevaron de la plaza del ashram a la rastra mientras el desmelenado Swami clamaba fuera de sí que ‘le restituyeran la dignidad’. Ningún devoto parecía animado a levantar ‘el gato’ del suelo, motivo por el cual la calva de Baba reflejó fulgurante el sol de la tarde durante cinco interminables minutos.” (‘Gato’, aclaro de paso, es un sinónimo humorístico argentino por ‘peluquín’).

Antes de lanzar la broma al ciberespacio me había preguntado. ¿Cómo tomarán esta historia los escépticos militantes? ¿Investigarán o simplemente se sentirán halagados al ver cumplidos sus deseos? ¿Y los creyentes? ¿Logrará la versión sacudir los cimientos de su fe o tratarán verificar la calidad de la información? ¿Llegará algún medio a darla por buena?

Comencé a pulsar las reacciones. Liliana, una devota que es gerente de una importante empresa informática con el sello de varios viajes a la India en su pasaporte, escribió a un corresponsal: “¡Mi Dios es calvo! Me cuesta creerlo, pero, Sai Ram, por suerte mis sentimientos superan el amor físico (…) consultaré a la Organización a ver si sabe algo”. Julia, otra devota que participa en una lista sobre los llamados Niños Indigo, escribió: “Om Sai Ram: ayer enviaste una noticia sensacionalista sobre Sai Baba. Te quiero compartir que tuve la oportunidad de estar en su presencia en dos ocasiones. Personalmente, no dudo de sus milagros pues los he visto en mi propia vida y producidos no en su presencia sino a miles de millas de distancia. Me contactaré con la organización enviando tu mail…”1.

El 8 de enero, el Equipo de Difusión del Consejo Central OSSS de Buenos Aires respondía: “Entendemos tu inquietud y agradecemos mucho tu preocupación al respecto. Como bien debes saber, cada ser de luz encarnado en la Tierra ha sufrido todo tipo de injurias y calumnias. Es inevitable que eso suceda y es parte del juego divino. Y como tal hay que tomarlo.” La misma Julia, con 22 años de devota, demostró buenos reflejos: “En la noticia se menciona que Baba estaba materializando un lingam de oro… Es cierto que Baba lo hace, pero sólo en la festividad de Mahashivaratri, la cual ocurre entre febrero y marzo de cada año, fechas que no coinciden con la del mensaje…”

La falsa noticia llevó a Jorge Alfonso Ramírez, conocido en el Paraguay por sus duras críticas contra charlatanes, gurúes y religiones, al programa de Humberto Rubín, veterano periodista de —andutí, la radio local con mayor audiencia. Tras desmentir la versión, Ramírez rezongó: “Lo triste es que, si se hubiese informado sobre las denuncias de abusos sexuales de niños en el ashram de Puthaparti, no llamaría la atención. Tuvo que despertar el interés la historia de una peluca…”.

Por suerte, hasta dónde lo pude rastrear, ningún medio le dio crédito a la falsa noticia. En un foro de periodistas la “novedad” causó risitas indiferentes. Conocida la desmentida, en otra lista on line, esta vez dedicada a la crítica de la religión y lo paranormal, un participante dijo: “Creí en la noticia inmediatamente y hasta la comenté… no consulté los links… Confiamos cotidianamente en innumerables personas sin cuestionar… de otro modo, el mundo no funcionaría. La broma no me pareció muy feliz… ¡pero me hubiera encantado que fuera verdad!”. En el mismo foro, una historiadora tampoco se alegró: “El mensaje se interpreta así: ‘¿creés en mí, so tonta? Porque de ahora en más vas a tener que revisar todo lo que diga’. Cosa que, obviamente, no haré… No creo que hacer dudar de las personas más cercanas y creíbles ayude a fomentar el espíritu crítico”2.

La reacción de los inocentes, en cambio, puede causar más pena que risa. Lo que realmente divierte, escribe el psicólogo Luis Muiño, “son las bromas que se gastan a los no inocentes”3. Pero ¿qué pensar cuando la candidez aparece entre quienes enarbolan el escepticismo? Fue una lista integrada por autodenominados “incrédulos” la que aportó mayor confusión. El primer participante que reenvió y opinó sobre la “noticia” se atajaba: “No sé si esta información es veraz, pero al menos es graciosa”. Mientras, otro celebraba: “Es buenísima. Más tarde voy a investigar un poco más. El tema da para escribir”, propuso. Enseguida, un autotitulado especialista en sectas arguyó que podía tratarse de una “noticia vieja”, identificando al presunto agresor de Baba con “un sueco expulsado de la Satya corporation… que (tengo entendido) escribió el primer libro contra Sai”, confundiendo al sueco Sandström con el norteamericano Tal Brooke, autor en 1976 de Lord of the Air. Nunca, acaso por pudor, publicaron la desmentida4. En otro foro, el administrador de aquella lista se justificó alegando que un intercambio on line equivale a una charla. Es decir, reflejan las torpezas de una charla entre “escépticos” de ese nivel en la vida diaria.

Los devotos, en cambio, fueron más cautos. En el sitio de la Organización Sai Baba, Fausto Frank, dedicado a analizar lo que considera una “Campaña de Difamación Contra Sai Baba”, aclaró: “respecto al mail que se ha estado enviando y difundiendo por listas de correo con fuente anónima (…) este incidente sencillamente nunca ocurrió. Ni siquiera figura en los sitios antisaibaba que suelen ser ávidos de este tipo de cosas (…)”

Nada por aquí que reprochar. Pero, al conjeturar, derrapan: “Hasta donde pude averiguar, el mail parte de algún grupo argentino evidentemente interesado en desprestigiar la obra y el mensaje de Sai Baba.” En la misma página analizan la trayectoria de quienes “difaman” a Sai Baba. Y agrega: “También debería mencionarse la relación que tendrían con el Opus Dei ciertos periodistas de lo que fuera en su momento Azul TV que en Argentina transmitió un documental anti-Sai”5.

Pues bien: el productor de ese programa ¡fui yo! Caben dos aclaraciones. Primera, mi ideología está en las antípodas de la del Opus Dei. Segunda, mal puede calificarse “documental anti-Sai” un espacio donde detractores y devotos compartieron el aire equitativamente. En el programa, emitido en dos partes en agosto de 2001 en el ciclo Zona de Investigación, se explayaron a gusto los principales dirigentes de la Organización Sai Baba. Entre ellos, Mónica Socolovsky, fundadora del primer Centro Sai en Buenos Aires. Donde dijo: “En alguna forma, (Sai Baba) toca los genitales de los hombres, porque nunca lo hace con las mujeres… él dice que las mujeres no necesitan estímulo de ningún tipo…”. Socolovsky —lejos del perfil de una disidente— reafirmaba las acusaciones. Que a Sai Baba le gustaban los hombres no era noticia, y tampoco lo hubiesen sido sus preferencias sexuales si no fuera porque fue denunciado por devotos que eran muy jóvenes cuando Baba les bajaba el cierre relámpago de sus pantalones.

Ahora bien, ¿es difamación bromear con la cabellera de Baba? Le agradezco a Manuel Borraz el dato sobre la charla donde Sai Baba —en perfecto italiano— aclara: “Yo no me irrito si alguien me dice que soy pelado, porque no soy pelado. Si alguien dice que Baba tiene un montón de pelos o una aureola de pelos, tampoco me ofendo ¡porque tengo muchos pelos! Si aquello que se dice no está en ustedes, no tienen de que molestarse. Si aquello que se dice está en ustedes, también en ese caso no hay por qué molestarse”6.

¿Conclusiones? No vale molestarse en ningún caso. Por eso, no me fastidian las sospechas de los devotos más saibabistas que Sai Baba. Pero si alguno de ellos aún cree que el caso de la santa peluca quiso difamar su investidura, me disculpo de veras. Nadie debería haber creído en tales cosas, ni en la noticia ni en posibles malas intenciones. Menos cuando, al día siguiente, desmentí el asunto enviando a todos el siguiente texto: “Si alguien se creyó esta ‘noticia’, que la inocencia le valga: era tan falsa como los milagros de Baba”.

La intención de la broma-experimento fue tratar de dejar alguna enseñanza. ¿Cuál? ¡Ah, no sé! Lo que no se dice está en ustedes y lo que se dice, también.

A veces no hay nada mejor que terminar la jornada con un poco de sano escepticismo.

 


Notas

  1. http://es.groups.yahoo.com/group/elclubdelosninosindigo
  2. http://es.groups.yahoo.com/group/forodedios
  3. Muiño, Luis. Los No Inocentes. En El Hábital del Unicornio, 28 de diciembre de 2005. http://www.elhabitatdelunicornio.org/?p=32
  4. http://ar.groups.yahoo.com/group/incredulos
  5. http://www.sai-baba.com.ar/ContralaDifamacion2.htm
  6. http://www.saibaba.it/dialoghi/20040303.html

Referencias

  • Agostinelli, Alejandro; “Baba’ Sex Gate en la Argentina”. [Sólo disponible on line en: http://www.saiguru.net/espanol/articulos/18sexgate.htm]
  • Agostinelli, Alejandro. Pecado divino. Gatopardo N° 21. Febrero 2002. http://www.gatopardo.com/noticia.php3?nt=254 [Disponible traducción en inglés: Divine Sin, http://www.saiguru.net/english/media/020201divi ne_sin.htm]