Editorial

El fantasma de la manipulación

Con el avance del conocimiento y sus aplicaciones en distintas áreas, la ciencia y la tecnología han producido en las personas una doble imagen. Por un lado, sea en el campo de la salud, de las comunicaciones o de la educación, se han desarrollado terapias, técnicas, drogas, tratamientos y dispositivos que llevan a una mejor calidad de vida. Por el otro, y en las mismas áreas, ha crecido el fantasma de la manipulación: desde la publicidad y la propaganda hasta la clonación o el abuso de fármacos. Un tema que no escapa a este último aspecto, y que ha generado temores y sospechas es el desarrollo y uso de los transgénicos, tratado por Francisco Prosdocimi y Mariano Moldes en este número.

En círculos donde se suele reverenciar lo “natural” y despreciar lo “artificial”, la sola mención de la palabra transgénico equivale a rozar la blasfemia. ¿No han oído ustedes frecuentemente expresiones como “no bebas eso porque tiene químicos”, “esta hierba es buena porque es natural”? Bien, lo mismo sucede con la trangénesis. Para desaliento de quienes la critican sin argumentos —y con demasiada carga ideológica— deberíamos saber que la transgénesis se viene produciendo desde hace muchísimo tiempo de forma…. natural. No es monopolio de los genetistas moleculares.

“El principal cargo que se hace contra la ingeniería genética es que introducir un gen extraño es algo fundamentalmente inseguro o impredecible. Pero, por simple lógica, resulta que introducir miles de genes extraños debería ser miles de veces más inseguro e impredecible, y esto se hizo durante siglos”, me comentaba Moldes refiriéndose a la fabricación de híbridos “a la criolla”, es decir, simplemente cruzando especies.

Además de nuestro artículo de tapa, en este número Hernán Toro nos trae noticias sobre el curioso “neognosticismo” colombiano; Celso M. Aldao se dedica a desentrañar los misterios de las máquinas de movimiento perpetuo, comentando los usos y abusos de la termodinámica; Carlos E. Bertha trae al tapete una experiencia que —estimo— será cotidiana para varios lectores: ¡cuántas veces nos hemos visto envueltos en conversaciones que son a la vez necesarias e inútiles! ¿No lo creen así? Échenle un vistazo a la columna “Controversia”, acá nomás, en la página que sigue. Y, hablando de discusiones, la historia continúa porque, en la sección “Reseñas”, Alejandro Agostinelli comenta el libro Cómo discutir con un fundamentalista sin perder la razón. Introducción al pensamiento subversivo, de Hubert Schleichert.

También contamos con el humor del Teleplastic Inquirer, las “Pastillas” y las noticias locales.

Que lo disfruten y ¡hasta el próximo número!