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El gnosticismo histórico y el neognosticismo colombiano: el agua y el aceite

“Este es el símbolo de la Divinidad en la Religión Marciana. Nosotros podemos usarlo poniéndolo sobre nuestras casas, en nuestros terrenos, haciéndolo con focos luminosos o simplemente pintado, para establecer relación amistosa con los habitantes de Marte y con todos los habitantes del Cosmos.”
Víctor Manuel Gómez Rodríguez (alias “Samael Aun Weor”)


Víctor Manuel Gómez Rodríguez (Samael Aun Weor)
Víctor Manuel Gómez Rodríguez (Samael Aun Weor)

Un inusual producto de exportación colombiano es la secta fundada por Víctor Manuel Gómez Rodríguez, ocultista nacido en Bogotá el 16 de Marzo de 1917, quien bajo el nombre de “Samael Aun Weor” escribió docenas de libros presentando sus increíblemente variopintas enseñanzas, herederas supuestamente de las doctrinas gnósticas cristianas originales. Este movimiento, ahora escindido en varias facciones, tiene representación —entre otros países— en Uruguay, México, El Salvador, Panamá, Costa Rica y España. Pero, ¿qué relación hay entre los gnosticismos originales del judaísmo y el cristianismo, y la doctrina de Víctor Gómez?1 Para responder, se debe ahondar en los orígenes reales del gnosticismo.

Surgimiento histórico del gnosticismo

La evolución de la religión judía y sus descendientes cristianas e islámicas, ha sido una búsqueda constante de explicar el bien y el mal en el mundo. Siguiendo los lineamientos básicos de Bart Ehrman2, las fases de este proceso explicativo quedaron plasmados en la Torá y la Biblia Cristiana. Tras sus triunfos iniciales, el pueblo de Israel creía que una deidad todopoderosa los habría elegido como protegidos y los habría librado de su esclavitud en Egipto3. Después de asentarse en la “tierra prometida” y con el paso del tiempo, Israel fue víctima de tremendos reveses militares; uno de los mayores fue la cautividad en Babilonia. Al buscar explicación de por qué el pueblo elegido era víctima de sus enemigos, apareció la segunda fase de desarrollo teológico: el movimiento profético.

En esta concepción, los males experimentados por Israel eran resultado de su idolatría: al abandonar la fe verdadera, Yahvé habría enviado castigos para regresar a su pueblo por el camino recto. A esta mentalidad poco le importaba que los niños fueran estrellados contra el piso, que mujeres embarazadas fueran asesinadas haciéndolas abortar a punta de espada, que niños de pecho murieran de inanición, y que mujeres justas del pueblo idólatra terminaran cocinando y comiéndose sus propios hijos4… la “bondad” de Yahvé seguía incólume, pues lo que a primera vista “parecían” actos abominables de un dios inmoral e injusto, en realidad eran “justicia perfecta” para corregir la idolatría de su pueblo.

Luego de la deportación, los hebreos experimentaron otro tipo de mal: adversidades terribles debidas a su observancia de la Ley de Dios. Por ejemplo, dos siglos antes del nacimiento de Jesús, el gobernador sirio de Palestina los persiguió por seguir la Ley de Yahvé. ¿Cómo era posible que sufrieran, si obedecían la Ley? La respuesta dio origen a una nueva fase teológica: el movimiento Sapiencial. Éste reconoció que el mal del mundo no siempre era un castigo sino que era inherente a la existencia: los ricos abusaban de los pobres, los ejércitos extranjeros aniquilaban pueblos, la adversidad diezmaba… ¿Cómo entender esto si Yahvé era bueno? La respuesta aún subsiste en nuestra cultura: el mundo estaba en guerra por un ser malvado, Satán, opositor a Yahvé. Ello limpió la faceta negativa de Dios (que aún se percibe en textos como Isaías 45:7).

Pero ¿cómo podría ser que Dios permitiera estos males si era justo? La respuesta fue desesperada: lo más probable es que no fuera a durar para siempre. Yahvé intervendría pronto para acabar para siempre el mal y restaurar la perfección en la Creación, arruinada por el Opositor. Éste fue el origen del pensamiento apocalíptico, y Jesús de Nazaret, su exponente más famoso. De los pocos dichos atribuibles con seguridad a él, están los pequeños apocalipsis sinópticos5 en los que Jesús pronosticó fallidamente un fin inmediato. Pablo se hizo eco de estas ideas apocalípticas y garantizó incluso en “Palabra de Dios” que él no moriría antes del fin6.

Es claro que el fin inminente no llegó, y que el profeta de Nazaret y su émulo de Tarso estaban equivocados. Entonces… ¿cómo se podría interpretar esto? ¿Por qué el buen Dios no arreglaba su creación perfecta? La respuesta a ello fue sorprendente y brillante: tal vez Yahvé no era un dios bueno y perfecto; tal vez era inepto, indiferente o malo. Si se juzga a un árbol según sus frutos, ¿cómo se podría juzgar al creador de un mundo repleto de sufrimiento y de mal? La respuesta cristiana fue la aceptación de un universo inherentemente malo, creación de un dios inferior, un “demiurgo” incompetente, y que por primera vez en la historia, el verdadero Dios Supremo e Inefable se había comunicado con los hombres por medio de Jesús para despertar en ellos la consciencia de su verdadera naturaleza. Al reconocer que era chispa divina del Dios Supremo, y que estaba atrapado en un mundo denso e imperfecto, el hombre se liberaría y se salvaría a sí mismo. Así surgió el gnosticismo cristiano: una respuesta radical ante el fracaso estrepitoso de la apocalíptica.

Nuestra mayor muestra de textos gnósticos fue descubierta cerca de la población egipcia de Nag Hammadi, en 1945. Es una serie de códices7 escritos en copto8 copiados cerca al 320 EC, que después de Qumrán, es el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX. Esta biblioteca incluía entre otros textos paganos, judíos, y cristianos, apócrifos tan importantes como El Evangelio de Tomás y el de Felipe. Cualquier lector interesado en estos libros puede remitirse a los excelentes trabajos disponibles actualmente sobre el tema9.

Evolución posterior del gnosticismo

Desde este punto, las especulaciones gnósticas comenzaron a generarse a ritmo creciente: incorporando elementos del platonismo medio, retornando en ocasiones a elementos de sus raíces judías, y con elucubraciones febriles, los “conocedores” intentaron justificar la imposible teodicea: cómo, a partir de un ser inefable y perfecto, pudo surgir el mal del mundo. Las respuestas —con diversos matices— apuntaban a la perfección de las cualidades divinas que por ende deberían tener existencia por sí mismas, y emanarían desde la Divinidad Inefable. A estas emanaciones se las llamaba eones; entre ellos estaban el Silencio de Dios, la Soledad y la Sabiduría (Sofía).

Al parecer, tras la emanación inicial del Pleroma (conjunto de todos los eones divinos) se habría producido una catástrofe que en algunas ramas del gnosticismo, se debía al anhelo de algún eón (a veces Logos, a veces Sabiduría) de conocer antes de tiempo la Naturaleza Divina. Este anhelo justo y bueno, pero en un momento erróneo, hizo que el eón saliera del Pleroma a la manera de una especie de Pecado Original. Sería este eón caído el que después de complejas interacciones habría creado la materia y el Cosmos, y en algunas tendencias sería identificado con el imperfecto Demiurgo o creador del Universo, que se igualaría al dios inferior, incompetente y necio de las escrituras Judías. Siendo estrictos, en las concepciones gnósticas de Nag Hammadi hay muchas variaciones teológicas a veces incoherentes entre sí; los sistemas más importantes eran el Setiano y el Valentiniano, que no se abordarán aquí10.

Los gnosticismos occidentales, fueron un producto evolutivo natural del entorno mediterráneo del siglo primero, muy distante de las tendencias iniciáticas posteriores como los Rosacruces y los Masones, de las orientales como el Budismo o el Tantra Yoga, y de las pseudociencias contemporáneas sincretizadas en la Nueva Era. A pesar de las intrincadas cosmologías y teologías gnósticas, el lector buscará en vano conceptos como kundalini, telepatía, clarividencia, proyección astral, dimensiones, chakras, extraterrestres, zodíaco, tarot, o términos semejantes en el gnosticismo original.

Neognosticismo colombiano

¿Qué se puede decir del neognosticismo colombiano? Víctor Gómez perteneció a varios grupos iniciáticos y recibió influencias de ocultistas y teósofos como Arnold Krumm-Heller y Helena Blavatsky; sus doctrinas incluyen elementos de todas las corrientes de la Nueva Era, y de la pseudociencia occidental. Ni siquiera los OVNIs quedan fuera de su prolífica atención. Afortunadamente, Víctor Gómez renunció públicamente a sus derechos de autor y hoy se tiene acceso en línea a sus libros y conferencias, eximidos de copyright. El material para estudiar sus ideas es prolijo.

Tal vez la idea más importante de este movimiento es la de “alquimia sexual”, consistente en el coito sin derramamiento de “energía sexual” (sin eyaculación u orgasmo). Con esto se haría ascender la “serpiente kundalini”11 por los siete chakras, lo que despertaría la consciencia y brindaría como efecto complementario el desarrollo de facultades paranormales: clarividencia, telepatía, proyección astral, estado de Jinas (transportación por el hiperespacio), entre otras. Para desdoblarse astralmente usan técnicas de inducción de sueño lúcido: para estas sectas, los sueños son el mundo astral.

La neognosis colombiana afirma ser científica en el sentido de que cada quien puede verificar la exactitud “científica” de sus enseñanzas si acepta gastar entre 10 y 20 años de dedicación a estas doctrinas, pero esta forma de “verificación científica” no se diferencia del lavado cerebral de muchas sectas sobre sus adeptos: si se convence a alguien durante años de que los sueños son proyecciones astrales, terminará creyéndolo, y soñando con lo que espera experimentar. Una verdadera verificación científica de poderes como el astral se podría hacer en pocos minutos, sin un desgaste de años para el futuro adepto indeciso: bastaría que uno de los instructores avanzados se proyectara astralmente a un cuarto cerrado que tuviera un cartel con palabras aleatorias de un diccionario; si al “regresar al cuerpo” informara correctamente las palabras, se tendría evidencia experimental concluyente sobre la validez de sus postulados. Más fácil aún, si el instructor pudiera usar el estado de Jinas para transportarse a un cuarto cerrado donde los experimentadores filmaran, no habría duda alguna de la veracidad de su doctrina.

Al proponerse esta idea general a dos instructores en entrevista privada, se mostraron reacios a verificar experimentalmente sus afirmaciones. Incluso desdeñaron la oferta del millón de dólares de Randi. Por obvias razones, encuentran más conveniente el gasto de dos décadas por el adepto, que de 20 minutos por los líderes.

Dibujo de portada de Las Naves Cósmicas (1964), con típicas imágenes de la subcultura ovni de ese entonces (derechos de copia liberados por su autor13)
Dibujo de portada de Las Naves Cósmicas (1964), con típicas imágenes de la subcultura ovni de ese entonces (derechos de copia liberados por su autor13)

Afortunadamente, la calidad de la doctrina de Gómez se puede juzgar en sus escritos. En los años cincuenta, los científicos especulaban sobre las nubes de Venus y asumían que podían deberse a exuberante vegetación que generaría vapor de agua (la espectroscopia de ese entonces ya lo desmentía). Con esta interpretación, el “contactado” George Adamski, que nunca tuvo formación académica, comenzó a ofrecer los mensajes que recibía de los tripulantes de supuestos platillos venusinos. Gómez se hizo eco de los desvaríos de Adamski en su libro Platillos Voladores12 de 1955. Nada mejor que leer sus propias palabras (énfasis agregado):

“Los bribones creen que sólo en la Tierra existen seres humanos. (…) Ante los hechos concretos, ante las noticias sensacionales sobre Platillos Voladores, el MOVIMIENTO GNOSTICO se pone en pie para exigir a los hombres de ciencia, que hablen con más franqueza y que no sigan con el propósito de ocultar la verdad sobre los Platillos Voladores o Naves Cósmicas. (…) En el desierto de Nevada, Estados Unidos, el gran científico norteamericano Adamski se puso en contacto con unos Venusinos que aterrizaron cerca al puesto donde él estaba haciendo sus investigaciones.”

Para Gómez, Adamski era un “gran científico norteamericano” y los escépticos eran “bribones”. Gracias a las sondas soviéticas Venera14, se sabe que Venus es un infierno a 490 grados Celsius y 90 atmósferas de presión, sin una gota de agua en su superficie. Gómez no hizo más que aceptar crédulamente la errónea literatura norteamericana sensacionalista de su época para investirla con su autoridad. En esa línea:

“El cohete que fotografió a Marte no es una maravilla de la ciencia. Las pésimas fotografías sacadas a diecisiete mil kilómetros de distancia es imposible que puedan informar que existe o no vida en Marte. Resulta estúpido deducir de una pésima fotografía la realidad vital sobre el Planeta Marte. Los innumerables cráteres de Marte, no significan que éste sea un mundo muerto como la Luna. Si se fotografiara a la Tierra a una distancia de diecisiete mil kilómetros, es lógico que la fotografía sería similar a las que se obtuvieron sobre Marte. Entonces veríamos en dichas fotografías, algo brumoso, lleno de innumerables cráteres. Ninguna fotografía de tipo Cósmico puede informarnos el oxígeno que haya o no haya en determinado planeta. Aun cuando los señores bribones se sientan muy molestos y lancen contra nosotros toda su baba difamatoria, la realidad es que en distintos lugares de la Tierra, ya existen grupos selectos de personas que están en directo contacto con los habitantes de Marte, Mercurio, Venus, etc.

Tras el monitoreo orbital exhaustivo15 y el formidable desempeño de los rovers Sojourner, Spirit y Oportunity16, queda claro que Gómez no tenía idea de lo que hablaba. Si hubiera tenido los poderes que afirma, habría sabido que Mercurio y Venus son infiernos donde se derretiría el plomo, y que Marte es un refrigerador planetario con una atmósfera exigua. Además, desde ningún sitio del espacio se puede ver la tierra cubierta de innumerables cráteres. Al autoproclamado “Logo (sic17) Planetario de Marte” le hubiera bastado un viaje astral de minutos para saber eso y evitar los absurdos garrafales de sus libros18.

Otro aspecto de esta secta es su lectura altamente alegórica de la Biblia. Como ejemplo notorio, en conferencia reciente los expositores hicieron un énfasis especial en que el letrero INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum), venía en realidad “del Caldeo (sic): Ignis Natura Renovatur Integra, que significa El Fuego renueva incesantemente la Naturaleza”. Dejando de lado el grave error de confundir el latín con el caldeo, esta absurda lectura iniciática acabaría con la exigua historicidad que pudiera quedarle a los relatos evangélicos: es inconcebible que Pilatos hubiera escrito semejante frase en la cruz de un ajusticiado. Al cuestionar en privado esta lectura, los conferencistas sostuvieron que los evangelios debían leerse en clave iniciática, pues esta sería la intención de sus redactores. Esto, sobra decirlo, está refutado por estudiosos creyentes y no creyentes en casi cuatrocientos años de crítica bíblica científica.

Cualquier viajero del plano “astral” hubiera podido comprobar que, a diferencia de lo afirmado por Víctor Gómez, Mercurio y Venus son unos infiernos ardientes mientras que Marte es un desierto gélido, sin vida. Panorama de Olympia, Marte, fotografiado por el explorador Opportunity, cortesía de NASA/JPL-Caltech/Cornell.
Cualquier viajero del plano “astral” hubiera podido comprobar que, a diferencia de lo afirmado por Víctor Gómez, Mercurio y Venus son unos infiernos ardientes mientras que Marte es un desierto gélido, sin vida. Panorama de Olympia, Marte, fotografiado por el explorador Opportunity, cortesía de NASA/JPL-Caltech/Cornell.

Se podría hacer un análisis sobre los cismas que ha sufrido su movimiento, como el dirigido por Teófilo Bustos (alias Lakshmi), o la facción de Joaquín Amórtegui Valbuena (alias Rabolú), conocido por ser el autor de un pequeño libro titulado Hercólubus o planeta rojo, sobre la catástrofe que le esperaría a la Tierra al aproximarse el imaginario planeta gigante19 que sería visible como un segundo sol a partir de 1999. Infortunadamente, estos temas se salen del alcance de este artículo.

Consideraciones finales

El espacio necesario para analizar a fondo las incontables ideas disparatadas que respaldó Víctor Gómez se sale del alcance de esta revista. Se podría hablar indefinidamente de su promoción de la reencarnación, el Karma y Dharma, su concepción de La Divina Comedia de Dante como obra iniciática, su autodeclaración como Maitreya y Avatar de la Era de Acuario, sus doctrinas de Astrología, Tarot, y Alquimia, y su rechazo enérgico a la Evolución Biológica, entre otras. Este sincretismo de conceptos variopintos es semejante a los demás movimientos iniciáticos y de la Nueva Era de los dos siglos pasados. No tienen absolutamente nada que ver con el verdadero gnosticismo cristiano original.

Al preguntar privadamente a los instructores del movimiento sobre la inexistencia de esos conceptos en la literatura de Nag Hammadi, su respuesta quedó corta. Según ellos, lo único que interesaba a estos gnósticos era el despertar de la conciencia y no les importaban las facultades sobrenaturales. Esto es inverosímil: en los textos de Nag Hammadi no se mencionan la reencarnación, el karma, ni poderes sobrenaturales. De hecho, el elemento esencial del neognosticismo colombiano, la doctrina de la alquimia sexual, va en total contravía de las enseñanzas sexuales presentes en Nag Hammadi (ver recuadro). La conclusión es clara: por su mismo de-sarrollo histórico y por su cuerpo doctrinal, el cristianismo gnóstico de Nag Hammadi no tiene nada que ver con la secta inventada por Víctor Gómez.


Notas

  1. Se usará el término “neognosticismo” para las corrientes sincréticas de ocultismo, nueva era y gnosticismo fundadas en el siglo pasado.
  2. Ehrman, Bart. Cristianismos Perdidos: los credos proscritos del Nuevo Testamento. Ares y Mares, 2004. p 176ss.
  3. La leyenda de la Liberación de Egipto está seriamente reevaluada como mito fundacional por la total carencia de evidencia arqueológica y los tremendos anacronismos históricos del relato, como proponen Finkelstein, Israel y Silberman, Neil. La Biblia Desenterrada: una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, Siglo XXI de España, 2003. Se encuentra una reseña en Pensar, Vol. 2, Nro. 3, Julio/Septiembre 2005 (online: http://www.pensar.org/2005-03-review. html): “Un pasado a medida”, por Luis A. Gámez.
  4. Oseas 13:16, Deuteronomio 28:54-58, compárese con Lamentaciones 4:10-11.
  5. Marcos 13, Mateo 24 y Lucas 21, al referirse al fin y la venida del Hijo del Hombre, son unánimes: “De cierto os digo que no pasará esta generación sin que todo esto acontezca”, concordando con Marcos 9:1: “De cierto os digo que algunos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que hayan visto que el reino de Dios ha venido con poder.”
  6. 1 Tesalonicenses 4:15.
  7. Los códices eran escritos en hojas de papiro, encuadernados en forma de libro, y mucho más cómodos que los aparatosos rollos de pergamino.
  8. El copto es cualquier dialecto egipcio transcrito en caracteres griegos.
  9. Piñero, Antonio, Montserrat Torrents, José y García, Bazán, Francisco. Textos gnósticos: Biblioteca de Nag Hammadi I, II y III. Trotta, 1997. El tomo I incluye una excelente introducción sobre los sistemas de creencias de la comunidad gnóstica de Nag Hammadi.
  10. Ver nota anterior.
  11. Término hindú para la energía espiritual que se encuentra “enrollada” en el primer chakra. Los neognósticos colombianos la identifican con la energía sexual.
  12. Disponible en: http://www.gnosis2002.com/libros/Platillos%20Voladores.zip Los documentos no presentan paginación, pero se puede hacer una búsqueda en cualquier editor de texto.
  13. Víctor Gómez renunció públicamente a todos sus derechos de autor. Puede escucharse la grabación en su propia voz en: http://www.gnosis2002.com/mp3/derechos.zip
  14. Se pueden ver formidables imágenes restauradas de la telemetría enviada por las sondas Venera en: http://www.mentallandscape.com/V_DigitalImages.htm
  15. Se han obtenido fotografías desde órbita con una resolución de hasta 1.5 metros por píxel.
  16. Ver http://mars.jpl.nasa.gov/
  17. También asombra que la autoproclamada reencarnación del Emperador Julio César ignorara que “logo” no es el singular de “logos” porque ésta ya es singular; el grecoparlante emperador sabría de sobra que el plural es “logoi”.
  18. Aparte del ya citado, otra obra de Gómez sobre el tema, Las Naves Cósmicas, se encuentra en: http://www.gnosis2002.com/libros/Las%20Naves%20Cosmicas.zip El capítulo final, la carta abierta a los presidentes de EE.UU. y la ex URSS es imperdible.
  19. Más sobre esto en un divertido artículo de Sergio Gil Abán: Hercólubus, el planeta que no termina de acercarse, en El Escéptico Digital, disponible en: http://digital.el-esceptico.org/leer.php?id=1867&autor=666&tema=8