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Escrito en sangre

¿Qué secretos guarda? ¿Cuánto y qué puede decirnos? ¿Qué misterios puede revelar? La historia de la sangre transita creencias religiosas, teorías fantásticas y terapias extravagantes, pero también nos ofrece una perspectiva del inmenso y apasionante avance del conocimiento basado en la investigación científica.


Tan vital como el aire, tan escasa como el agua y tan generadora de negocios como el petróleo, la sangre no es un recurso natural. Sin embargo, los egipcios se bañaban en ella como si fuera un río de agua dulce porque pensaban que de esa forma podrían restaurar sus fuerzas. Lejos de aquella abundancia, hoy la sangre es un bien escaso al que la comunidad científica le busca sustituto. Pero este líquido rojo es mucho más que un desafío científico y un fluido biológico complejo. Se trata de un elemento que atraviesa culturas y posee un poder simbólico difícil de igualar.

La Biblia hace referencia a ella más de 400 veces y la conecta con la salvación de la vida; los nazis repudiaban las transfusiones de donantes no arios y los Testigos de Jehová aún hoy rechazan las transfusiones en todos los casos. Esta permanencia del tema a lo largo de períodos históricos tan disímiles muestra que las creencias, religiones y relatos que giran en torno a la sangre son un denominador común a todos los tiempos.

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Figura 1. Portada del libro de Peter D’Adamo, Los grupos sanguíneos y la alimentación.

El CHARLATANISMO ROJO

Varios siglos antes de Cristo, algunos pensaban que el sueño era producto de una retirada de la sangre del cerebro, y en pleno Siglo XXI hay algunos médicos que afirman que la falta de hierro en la sangre “perturba la transformación de la energía cósmica que absorbemos en cada respiración”1.

La ciencia demuestra que la sangre es la llave para conocer, detectar y combatir una importante cantidad de enfermedades que sufre el hombre pero las “terapias naturistas” no se quedan atrás y tienen sus propias teorías al respecto.

Es el caso del la teoría de la alimentación que desarrolló el autodenominado “médico naturópata de segunda generación” Peter D ́Adamo. Como representante ejemplar de una forma de curanderismo que utiliza un discurso pseudomédico, el “naturópata” recluta clientes mediante el simple recurso de reducir y convertir algo desmedidamente complejo en una cuestión absurdamente simple. Así, en su libro Los grupos sanguíneos y la alimentación (Fig. 1) D ́Adamo asegura que “el grupo sanguíneo es la llave que abre la puerta de los misterios de la salud, la enfermedad, la longevidad, la vitalidad física y la fuerza emocional”2. Según su teoría, hay una dieta para cada grupo sanguíneo y quienes la siguen al pie de la letra “alcanzan naturalmente el peso ideal y detendrán el proceso de envejecimiento.”

Según D ́Adamo las lectinas son proteínas abundantes que se encuentran en los alimentos y que afectan la sangre, motivo por el cual conviene comer aquellos alimentos cuyas lectinas no dañen al respectivo grupo sanguíneo (Fig. 2). Así, propone menúes y recetas para cada tipo de sangre. A las personas con sangre tipo O — afirma— no les conviene tomar suplementos de vitamina derivados de los aceites de pescado. D ́Adamo concluye que “la conexión entre el tipo de sangre, la salud y la enfermedad es una herramienta poderosa en nuestra búsqueda de la mejor manera de tratar al organismo según sus necesidades”.

Pero su teoría va aún más allá. Quienes padecen asma se sienten mejor cuando siguen la dieta recomendada para su tipo de sangre”, asegura. También explica que el grupo sanguíneo AB tiene menos problemas con las alergias porque “su sistema inmune es ambientalmente más flexible.”

Lo curioso es que el “médico” dedica unas
palabras para aquellos “escépticos” que interpreten sus recetas como charlatanería barata. Dice: “Debo hacer una advertencia para que usted no piense que le estoy proponiendo una fórmula mágica. Hay muchos factores en la vida de los individuos que contribuyen a la enfermedad”. ¡Eureka! Si sospechamos que los charlatanes construyen un discurso “verosímil” mezclando grandes falsedades con verdades irrefutables, aquí D ́Adamo ofrece una burda prueba que confirma nuestra hipótesis.

LA CONSPIRACIÓN AMARILLA

Igual de falsa —aunque más repulsiva— es la “urinoterapia” (también conocida como “uroterapia”)3, un mecanismo que propone la “autocuración” a base de la ingesta de la propia orina. Según esta “terapia natural”, la orina “es un producto de la sangre”, un “preparado homeopático” que no es tóxico y “tampoco un simple desecho que no necesita nuestro cuerpo”. Supone que el líquido “cura insuficiencias de la circulación sanguínea”, ayuda a la normalización del período menstrual y hasta “contiene sustancias anticancerígenas”. Para uno de los pioneros de este tratamiento alternativo con autovacunas, el “médico” Salvador Capistrán, quienes sufren leucemia, linfomas y mielomas, que son enfermedades de la sangre, son los que más rápido responden a esta técnica. ”Todos se benefician con una mejor calidad de vida y es frecuente tener casos clínicos que se acercan a lo milagroso”, dice4.

Sin duda, el estudio serio de la sangre permite detectar cientos de enfermedades (leucemias, anemias, diabetes, enfermedades endocrinas y reumatológicas, hepatitis, infarto de miocardio, paludismo, etc.) Pero es la imposibilidad de encontrar solución a muchas de ellas lo que facilita la aparición de soluciones “milagrosas”. Así, la urinoterapia se jacta de haber resuelto casos de alergias, cáncer, artritis reumatoide y esclerosis múltiple.

Esta “técnica” afirma que el propio organismo crea anticuerpos para combatir las enfermedades y, como esos anticuerpos son eliminados en la orina, una solución es utilizar el sedimento urinario de cada persona como vacuna. Para quienes se pregunten cómo es posible que la ciencia todavía no se haya dado cuenta de que cada organismo tiene la solución para los males que lo aquejan, los seguidores de la “urinoterapia” tienen una respuesta conspirativa: hay intereses económicos que impiden la masiva puesta en práctica de esta técnica. La medicina científica rechazaría a la urinoterapia porque como el “remedio” es personal, no puede convertirse en un gran negocio.

EL “MAL” EN LA SANGRE

Con menos pretensiones científicas, la terapia sangrienta de los brujos de Manzanillo, Cuba, también buscaba eliminar enfermedades. En 1940 el brujo de extensa y consolidada reputación Manuel Prohías prometió a un seguidor suyo que le curaría la diabetes. A cambio de una importante suma de dinero, Prohías aseguró que el hombre “sería curado por un brebaje preparado con ciertas hierbas y sangre de niño”5. El caso se conoció cuando los vecinos se acercaron a la playa extrañados por la presencia de buitres. Allí encontraron el cuerpo de un niño de apenas 4 años colgando de un árbol, sin corazón, sin pulmones y con una herida en el cuello. El niño, que resultó ser el hijo del brujo, había sido sacrificado para fabricar el “milagroso brebaje”.

Un caso similar se registró en África, donde un niño de diez años que tenía su madre enferma mató con un machete a otro niño de seis y le sacó sangre porque su padre, que profesaba un extraño culto negro-africano, creía que el único remedio para la dolencia de la enferma era “la acción mágica de la sangre y el corazón de un niño blanco”.

Ya sin ninguna pretensión científica, los Testigos de Jehová hacen una interpretación religiosa de la sangre. Pero su base es la propia Biblia. Pasajes como: “Que se abstengan de (…) la fornicación y lo estrangulado y de la sangre” (Hechos 15:22–29) y “Carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Génesis 9:4) los llevan a no introducir sangre en su cuerpo por ninguna vía. Comer la carne de un animal que no haya sido desangrado debidamente es para ellos tan incorrecto como recibir transfusiones. Evidentemente, la ley bíblica se aplica aquí tanto a ingresar sangre por las venas como a tomarla por la boca, hecho que origina que otros cultos acusen a los Testigos de Jehová de realizar interpretaciones abusivas de la palabra de Dios.

La religiosidad de los Testigos no se pretende científica, pero aún así sigue siendo un claro ejemplo de creencia no inocua pues su negación a aceptar transfusiones de sangre influye directamente en la salud de las personas. Los creyentes piden a los facultativos que apliquen el principio médico de tratar a la “persona entera” y no pasen por alto el daño que pudiera ocasionarles la violación de sus creencias. Pero la decisión no recae sólo en el cuerpo médico que trata al paciente que es miembro del culto. Muchos médicos recurren a la Justicia para ser autorizados a aplicar el tratamiento aun contra los deseos del enfermo. Alegando que cada uno tiene la libertad de decidir sobre su propio cuerpo y rescatando el respeto a las convicciones religiosas, en los últimos años los jueces argentinos han respetado la voluntad del paciente (excepto cuando se trata de menores de edad). La evitable muerte de personas que se negaron a recibir una transfusión muestra que estamos ante una interpretación religiosa que las lleva a tomar decisiones contrapuestas al conocimiento científico en materia de salud.

LINEA HISTÓRICA

Las creencias y religiones en las que interviene la sangre son tan abundantes como las excentricidades, motivo por el cual la historia de la sangre revela una mezcla de ciencia y superstición. En 1667 el médico de Luis XIV, Jean Baptiste Denis, quiso conocer los efectos de la transfusión y experimentó con un hombre loco y golpeador de mujeres que vivía en una aldea próxima a París. Según el relato del médico, Denis le insertó un tubo de plata en una vena del brazo, introdujo el otro extremo en una arteria de un ternero “y dejó que penetrara en el hombre media taza de sangre del animal”6. El médico confiaba en que la mansedumbre y frescura del ternero aliviarían el desequilibrio mental del paciente, pues entonces se suponía que la sangre aportaba la esencia de los seres por los que fluía (véase Fig. 3). La técnica de transfusión sanguínea entre personas y animales (llamada “vitalismo”) también utilizó animales como el ciervo, que se suponía que podía aportar valor y longevidad a su receptor sanguíneo.

El paraíso de la transfusión tambaleó cuando la Academia Francesa de Medicina dijo que esa práctica provenía de “la trastienda de Satán” y que era un método monstruoso que amenazaba la existencia misma de la especie humana. Con estos experimentos y teorías fantásticas, se inició el camino de una técnica que salvaría millones de vidas. Según la revista Scientific American, “la demanda mundial de sangre para transfundir crece a un paso de 7,5 millones de litros al año” por el crecimiento demográfico global y la prolongación de la expectativa de vida7.

Una técnica médica que no tuvo la misma permanencia en el tiempo fue la sangría, cuyo origen algunos rastrean en las antiguas civilizaciones de Egipto y Grecia y otros ligan a la observación de la menstruación, en la que los síntomas de dolor se alivian luego de una hemorragia. A lo largo de la historia, los médicos “sangraron” a sus pacientes por decenas de afecciones. Ponían a “ventilar una vena”8 ante cuadros de fiebre, reumatismo, jaqueca, hipertensión, melancolía y neumonía porque creían que este particular mecanismo de ventilación aseguraba la buena salud de los pacientes.
En Roma, el mismísimo médico de los gladiadores durante el gobierno de Marco Aurelio, Claudius Galeno, adoptó la sangría como un mecanismo para curar enfermedades y llevar adelante supuestas purificaciones. Las sangrías eran habituales, por eso no resulta extraño que se convirtieran en el principal eje de la asistencia médica, llegando a estudiarse exactamente dónde había que abrir una vena y bajo qué signo astrológico convenía hacerlo.

TRAS LAS PISTAS DE UN ASESINO

Sintetizada en frases como “ser hermanos de sangre” o “llevar la misma sangre”, la historia demuestra que el hombre intuitivamente consideró a este fluido como un elemento básico de la identidad y vehículo de unión paternofilial. Así, el libro Shi-Yuang-Lu, del año 1247, describe que el método post mortem empleado por los chinos para investigar la paternidad biológica era verter la sangre del niño sobre los huesos del padre. “Si la sangre quedaba adherida y no podía desprenderse de los huesos se interpretaba como un signo positivo de paternidad”9.

Tuvieron que transcurrir varios siglos para que la ciencia avalara el vínculo entre sangre y herencia. Hoy los laboratorios de genética garantizan un 99,9 por ciento de certeza en los análisis de paternidad, hecho que tiene sus consecuencias en la práctica forense. El análisis de sangre es una prueba fundamental para determinar la paternidad en casos de embarazos por violación y también para esclarecer otros crímenes. Los actuales especialistas en medicina forense estudian la escena del crimen y pueden detectar ADN aun cuando el autor de un delito haya dejado apenas una pequeña mancha de sangre en un pantalón de jean. En esos casos, pueden deshilachar el tejido de la tela y extraer una muestra de sangre de las hebras más claras de la prenda. “Incluso en ocasiones se ha conseguido tipificar manchas lavadas o sumergidas en agua”10.

El estudio de restos de sangre es el más solicitado en los laboratorios de biología forense. Pero en materia de investigación no siempre es necesario pasar por el laboratorio. La forma que tienen las manchas de sangre presentes en la escena del crimen resulta de vital importancia para reconstruir cómo se produjo un asesinato. Su simple descripción “permite demostrar el lugar desde donde la sangre fue vertida, la dirección, la velocidad, la posición de la víctima”, etc.11.

Claro que toda regla tiene su excepción y hay un caso en el que la presencia de sangre oscurece más de lo que aclara: “Hay animales que se comen el cadáver a partir de las zonas en las que tiene sangre, y eso es un problema porque si una persona fue asesinada con un cuchillo, la única forma de acreditar el medio de muerte es el análisis del corte”, explica el comisario especial retirado y docente universitario de investigación criminal Raúl Torre. “La descomposición cadavérica empieza siempre por las heridas porque ahí es donde van roedores, zorros, comadrejas y otros animales carroñeros. Ellos no sólo se comen a la víctima sino también nuestras evidencias”, agrega.

La policía vio allanado su camino con el descubrimiento de la estructura del ADN en 1953. Desde entonces sabemos que una huella digital genética es individual, específica, y pertenece a una única persona en la faz del planeta (salvo que se trate de gemelos idénticos). Por tal motivo, el análisis del ADN puede resultar la prueba más irrefutable a la hora de poner a una persona tras las rejas. Así le ocurrió al inglés Colin Pitchfork, quien luego de violar y asesinar a dos mujeres tenía la obligación de ir a sacarse sangre junto a todos los varones de su pueblo que tuvieran entre 17 y 34 años. Él sabía que la policía había solicitado esas muestras de sangre para compararlas con el ADN extraído de los restos de semen encontrados en los cuerpos de las mujeres asesinadas. Por ello “convenció a un compañero de trabajo para que se presentara en su lugar. Le dijo que tenía antecedentes policiales y que temía ir” a sacarse sangre12. Cambiaron la foto del documento de identidad, su compañero se presentó en su lugar y todo indicaba que la coartada había funcionado. Pero “unos meses más tarde, el inescrupuloso amigo de Pitchfork, pasado de copas, se jactó de su hazaña” en público y cambió el final de la historia13. Pitchfork fue obligado a someterse al análisis y se convirtió en el primer condenado por la evidencia del ADN (lo sentenciaron a prisión perpetua en 1988). Este mecanismo para encontrar criminales fue utilizado incluso a nivel masivo. En 1999, Alemania analizó el ADN de 16.400 donantes y esa razzia genética permitió identificar y arrestar al asesino de una niña.

Amparados en el dicho “de tal palo tal astilla”, muchos aseguran que la similitud de carácter entre personas y hasta la criminalidad que hay en algunos padres e hijos, tienen origen genético. Pero no hay nada que haya demostrado que el carácter y los rasgos de personalidad se transmitan genéticamente. El jefe de la División Genética del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, Gustavo Frechtel, asegura: “Se habla mucho de predisposición genética a padecer trastornos alimentarios como anorexia y bulimia pero estas y otras cuestiones son sólo teorías. A través de la sangre puede saberse si una persona tiene predisposición a ciertas patologías (como esquizofrenia o hipertensión) y también puede determinarse su sexo y color de piel pero con respecto a la personalidad o al carácter no hay nada probado. Se supone que esas cuestiones se deben a la influencia ambiental, donde intervienen la educación y el medio de vida de cada persona.”

Desde las sangrías de purificación y las brujerías hasta las modernas explicaciones que ofrece la ingeniería genética hay un abismo, el que separa los conocimientos de entonces de los actuales. El mismo abismo que diferencia la superstición del conocimiento científico y que seguirá profundizándose con el transcurrir de la historia.

 


Notas

  1. Dethlefsen, Thorwald y Dahlke, Rudiger (2000). La enfermedad como camino. Un método para el descubrimiento profundo de las enfermedades. Barcelona, Plaza & Janés Editores.
  2. D́Adamo Peter y Whitney, Catherine (1998). Los grupos sanguíneos y la alimentación. Buenos Aires, Javier Vergara Editor, Grupo Zeta.
  3. Ver www.buenasiembra.com.ar/salud/articulos/uroterapia.htm.
  4. Citado por Antonio Muro en www.dsalud.com/numero57_3.htm.
  5. Enriquez, Enrique (1970). Crímenes de la brujería. La sugestión criminal en los ignorantes fanáticos. Buenos Aires, Depalma Ediciones.
  6. Starr, Douglas (2000). Historia de la sangre. Leyendas, ciencia y negocio. Barcelona, Sine Qua Non ediciones.
  7. Dato publicado el 27 de marzo de 1999 en Futuro, suplemento científico del diario Página/12.
  8. Siegworth, Gilbert (1980). Bloodletting over the Countries, New York State Journal of Medicine (diciembre 1980), p 2.024.
  9. Arroyo, M, Evolución histórica e la investigación de paternidad en Martínez Jarreta, María Bergoña (1999). La prueba del ADN en medicina forense. La Genética al servicio de la Ley en el análisis de indicios criminales y en la investigación biológica de la paternidad. Barcelona, Masson SA.
  10. Sanz, Nicolás y Prieto, Canela, Restos biológicos de interés forense en Martínez Jarreta, María Bergoña (1999). La prueba del ADN en medicina forense. La Genética al servicio de la Ley en el análisis de indicios criminales y en la investigación biológica de la paternidad. Barcelona, Masson SA.
  11. Escario, Aso, Semiología de los indicios en el cadáver orientados a la recogida de muestras para el laboratorio de biología, en Martínez Jarreta, María Bergoña (1999). La prueba del ADN en medicina forense. La Genética al servicio de la Ley en el análisis de indicios criminales y en la investigación biológica de la paternidad. Barcelona, Masson SA.
  12. Alzogaray, Raúl (2004). Una tumba para los Romanov y otras historias con ADN. Buenos Aires, Siglo XXI Editores Argentina.
  13. Ibid.

Agradecimientos

La autora agradece a Alejandro Agostinelli, Daniel Corach y Raúl Alzogaray por su ayuda en la investigación.