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LA MÁQUINA DE ANTIQUITERA ES UNA COMPLICADA CALCULADORA ASTRONÓMICA

Un grupo de investigadores británicos y griegos, liderado por Michael Edmunds, astrofísico de la Universidad de Cardiff, ha descifrado la máquina de Antiquitera, un mecanismo de engranajes fabricado en el siglo II antes de nuestra era que algunos autores vinculaban con extraterrestres y otros con un saber olvidado. Se trata, explicaron los científicos a finales de noviembre de 2006 en la revista Nature, de una calculadora astronómica usada por los antiguos griegos para conocer “la posición del Sol y la Luna en el Zodíaco, y un calendario correspondiente de 365 días que podía ajustarse para los años bisiestos”, y también servía para predecir eclipses lunares y solares. “Este dispositivo es extraordinario, único en su género. El diseño es bello, y su astronomía exacta”, ha dicho Edmunds.

La máquina de Antiquitera, una verdadera calculadora astronómica. Foto: Proyecto de Investigación del Mecanismo de Antiquitera (AMRP).
La máquina de Antiquitera, una verdadera calculadora astronómica. Foto: Proyecto de Investigación del Mecanismo de Antiquitera (AMRP).

La máquina de Antiquitera fue descubierta en aguas del Egeo en 1900 e identificada como un aparato de uso desconocido dos años después por Valerios Stais, entonces director del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. De bronce y madera, el aparato tenía el tamaño de una caja de zapatos y han llegado hasta nosotros 82 piezas en tan mal estado que ha sido precisa la tecnología del siglo XXI para empezar a desentrañar sus secretos. La idea de que era una especie de calculadora astronómica la propuso en 1959 el físico e historiador de la ciencia Derek de Solla Price en la revista Scientific American y, desde entonces, los científicos han mantenido un continuo debate sobre la finalidad concreta de la máquina. El trabajo de Edmund y sus colaboradores se enmarca dentro del denominado Proyecto de Investigación del Mecanismo de Antiquitera (AMRP), que ha empleado para el análisis de las piezas un escáner de rayos X de alta resolución y los más modernos sistemas de fotografía digital. El resultado ha sido la identificación de un total de 30 ruedas dentadas hechas a mano —os autores creen que la máquina original tuvo otras 7— y de inscripciones cuyo estilo de letra ha permitido fechar su fabricación entre 150 y 100 aC.

Aunque los estudios no han acabado, la ciencia puede decir ya para qué servía la máquina de Antiquitera y hasta apuntar a su posible creador. Edmunds y sus colaboradores creen que pudo ser obra del considerado primer astrónomo científico, Hiparco de Nicea o de Rodas (190-120 aC). Matemático y geógrafo, además de astrónomo, vivió en la época en la que fue construido el mecanismo y en Rodas, donde murió y de donde se cree que partió el barco romano entre cuyos restos fue hallada la máquina. Hiparco desarrolló una teoría que explicaba las irregularidades del movimiento de la Luna por el cielo debidas a su órbita elíptica. “Encontramos una plasmación mecánica de esta teoría en el engranaje del mecanismo, lo que revela un grado inesperado de sofisticación técnica para esa época”, indican los autores en Nature.

El descubrimiento ha dejado fuera de juego a Erich von Däniken, quien se preguntaba en 1973 en su libro El mensaje de los dioses: “¿De qué benévolos astronautas recibieron nuestros antepasados este sorprendente regalo?”. Tampoco ha quedado en muy buen lugar el periodista esotérico Bruno Cardeñosa, quien, en su libro 100 enigmas del mundo, vende la idea de que el mecanismo de Antiquitera ha chocado durante décadas contra una verdad impuesta que llevaba a los científicos a negar a los griegos la capacidad de fabricar un artilugio de esas características. “A muchos científicos les cuesta aceptar que en aquellos tiempos hubiera hombres capaces de calcular todos estos movimientos (se refiere a los del Sol, la Luna, los planetas…). Sin embargo, el enigma de Antiquitera les deja en evidencia. Por ello, aún no se han enfrentado en condiciones al reto que plantea”, escribía Cardeñosa hace tres años. Sin embargo, han sido los científicos y no los cazadores de misterios los que han desentrañado el enigma del mecanismo y lo han publicado con todo lujo de detalles.