Pastillas

La otra cara de la mortaja

Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, de la Universidad de Padua (Italia), han identificado un rostro y unas manos cruzadas débilmente impresos en la parte trasera de la sábana santa de Turín. Lo anunciaron en abril en el Journal of Optics A: Pure an Applied Optics, revista del Instituto de Física de Londres. Dicen haber encontrado “en el reverso, la nariz, los ojos, el pelo, la barba y el bigote, en el lugar, la forma, la posición y la escala correspondientes a esos detalles en el frente”, y niegan que la causa sea que la pintura traspasó el lienzo. “No hay ninguna imagen en medio de la tela”, mantiene Fanti, quien no puede explicar científicamente cómo se habría formado la figura y abraza la posibilidad de un “estallido de energía” durante la Resurrección. “¿Por qué no suponer que un fenómeno particular, descrito en los Evangelios durante la mañana de Pascua, pudo ser el responsable de la formación de la imagen?”, ha comentado a Pensar. La trasera del lienzo permaneció oculta por un parche desde el incendio de Chambéry (Francia) de 1532 hasta 2002, cuando fue sustituido el remiendo cosido por unas monjas hace casi cinco siglos.

La cara conocida de la sábana de Turín y la nueva "encontrada" en el reverso, con marcas que ayudan a verla. Fotos: Journal of Optics A: Pure an Applied Optics.
La cara conocida de la sábana de Turín y la nueva “encontrada” en el reverso, con marcas que ayudan a verla. Fotos: Journal of Optics A: Pure an Applied Optics.

Los autores recuerdan que “muchos” consideran la sábana santa “el sudario en el que fue envuelto Jesús de Nazareth antes de ser depositado en una tumba en Palestina hace unos 2.000 años”, pero en el artículo pasan por alto que el análisis del carbono 14 realizado en 1988 fechó su confección entre 1260 y 1390. Fanti y Maggiolo niegan la validez de esa prueba y lo decían en la versión original del texto. “Un gran número de científicos -argumentaban en un párrafo suprimido por los revisores- cree que la toma de muestras y la fiabilidad de la datación por radiocarbono no son satisfactorias, porque la tela sufrió muchas vicisitudes (incendios, reparaciones, agua, exposición al humo de las velas, a la respiración de los visitantes)”. Y añadían que “algunos investigadores han revelado que la muestra de 1988 no es representativa del sudario de Turín”, sino que “tiene características físicas y químicas diferentes de la parte principal de la tela”.

Fanti mantiene que “hay muchos signos que indican que la tela es muy antigua” y considera posible que se sometiera al carbono 14 parte de un parche medieval. “Antes de hacer un nuevo análisis del radiocarbono, deberíamos saber si posibles factores ambientales pueden causar efectos no despreciables en la muestra a examinar”, puntualiza el profesor de la Universidad de Padua, quien estudia la tela desde mediados de los 90 y defiende su autenticidad. “En una buena investigación, los aspectos religiosos deben separarse de los científicos y yo intento seguir esa directriz. Desde el punto de vista religioso, aunque el sudario no sea considerado una reliquia por la Iglesia católica, estoy convencido de que es la mortaja de Jesucristo. Puedo decirlo después de la experiencia trascendente que tuve al observar directamente el sudario durante un total de diez minutos. En algunas ocasiones en que vi directamente la sábana santa, percibí un particular ‘sentido del silencio y del infinito’ muy diferente a lo que siento cuando miro una buena fotografía del sudario”.

“Las conclusiones van más allá de la técnica. Parten de que tiene que haber una cara como la conocida y la encuentran. ¿Por qué sólo algunas partes de la cara y no todas? ¿Por qué la cara y no los hombros? ¿Por qué las manos se ‘ven’ peor?”, se pregunta un profesor universitario experto en procesado de imágenes, que prefiere permanecer en el anonimato. Este especialista discrepa de la metodología seguida a la hora de identificar un rostro en la parte posterior de la sábana santa. “Está claro desde el principio que quieren encontrar algo. Y, si quieres, siempre lo encuentras. Si yo quisiera encontrar en esa foto el rostro de un mandril o de un león, lo encontraría”. Giusepe Ghiberti, de la comisión diocesana de Turín que custodia la tela, es de la misma opinión: “Es el ojo humano, por un efecto fisiológico de la visión, el que tiende a ver esa imagen que en realidad no existe”.

“Todas las referencias bibliográficas son sobre la sábana santa. Echo en falta artículos sobre el procesado de imágenes. La argumentación científica del artículo se centra en el empleo de técnicas de procesado digital de imágenes, aplicadas al reconocimiento biométrico de personas. Por ello, resulta un poco extraño que no se haga referencia a artículos publicados en revistas de prestigio en este campo, que permitirían una adecuada validación y justificación de los métodos de procesado utilizados”, destaca el experto. Tampoco hay ni un artículo crítico entre los citados por Fanti y Maggiolo, el primero de los cuales afirma que “existen muchas pruebas a favor de la autenticidad del sudario, pero ninguna incuestionable quizás porque Dios quiere que todo el mundo piense y actúe según su libre voluntad”. Entonces, ¿para qué buscarla?