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Las caras de Bélmez: Adiós al mayor misterio español

Figura 1. “Cara” conocida como “la Pava”.
Figura 1. “Cara” conocida como “la Pava”.

Se ha dicho que desafían cualquier explicación racional, que la ciencia no ha conseguido resolver su misterio, que nadie ha conseguido desvelar sus secretos. Se las ha calificado como “el mayor enigma paranormal de todos los tiempos”. y, en parte, tienen razón: que algo tan burdo como las caras de bélmez haya permanecido más de treinta años rodeado de ese halo de misterio y fascinación es sin duda un enigma. paranormal, por supuesto.


Bélmez de la Moraleda es un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, en España. Dedicado fundamentalmente a la agricultura, su población ronda los dos mil habitantes, prácticamente los mismos que tenía en 1971, cuando saltó a los titulares de los medios de comunicación no por su excelente aceite de oliva o sus magníficos paisajes, sino por un “rostro” que aparecía y desaparecía en el fogón de una casa. Según sus propietarios, los intentos para eliminar aquella “cara” habían sido inútiles: a pesar de haber llegado incluso a picar el suelo y volver a enlucirlo con cemento, el “rostro” reaparecía misteriosamente.

O quizá no tan misteriosamente. Ya desde la primera noticia, publicada por el diario Ideal de Granada el 16 de septiembre de 1971, se nos ofrecían algunas de las claves del enigma. En su página 12, el periódico ofrecía una fotografía del “rostro” (sin duda llamado así por su parecido con el Santo Rostro, una imagen venerada en la Catedral de Jaén y considerada popularmente como el paño en que la Verónica enjugó el rostro de Cristo) y, a su lado, otra de María, la dueña de la casa. Y, en la mano de María, el lote de fotografías del “rostro” que vendía a los turistas al entonces nada despreciable precio de diez pesetas. En el texto, los periodistas comentaban la gran afluencia de curiosos que acudían al pueblo en peregrinación para ver el “rostro”, hasta el punto de haberse montado auténticas romerías de devotos que acudían a ver al “Cristo”, como llamaban a la imagen1.

Y es que una de las claves de la gran popularidad que alcanzaron las Caras se debió a la rápida comercialización del fenómeno. No sólo por parte de los más directamente implicados: la prensa, encabezada por el diario Pueblo de Madrid, difundió ampliamente el caso y Bélmez se vio rápidamente invadido, no sólo por los turistas y curiosos que acudían a ver los “rostros”, sino por parapsicólogos, hipnotizadores, médiums y una larga serie de “investigadores de lo paranormal” que, por supuesto, contribuyeron a dar a las Caras su aureola de fenómeno inexplicable. A pesar de que explicaciones había, y varias.

Primeras explicaciones

La más comúnmente aceptada era la de que se trataba de pinturas: en Bélmez se comentaba que el autor de las Caras era un pintor pariente de la dueña de la casa2, y desde luego los “rostros” (tanto el primero como los que fueron apareciendo posteriormente) mostraban claramente haber sido realizados con alguna técnica de pintura. El parapsicólogo José Luis Jordán Peña llegó incluso a afirmar que sus observaciones permitían determinar el calibre de las cerdas del pincel con el que fue pintado el primero de los “rostros”, conocido popularmente como “la Pava”3 (ver Fig. 1). El diario Pueblo, por su parte, cambiaba radicalmente de actitud ante el fenómeno y en su edición de 25 de febrero de 1972 aseguraba que las Caras habían sido pintadas empleando sales de plata, unas sustancias fotosensibles que explicaban las variaciones que algunos habían asegurado que experimentaban los “rostros”.

Sin embargo, estas explicaciones fueron rechazadas de plano por los “misteriólogos”, demasiado interesados en mantener el aura enigmática de las Caras. Para ellos, el fenómeno era genuinamente paranormal, como lo demostraban “pruebas” tan “sólidas” como la realización de psicofonías, la hipnosis a que fueron sometidas diversas personas “sensibles”, la confirmación mediante sesiones de Ouija o radiestesia y, en fin, toda la habitual parafernalia del mundillo de lo esotérico. De nada servían las evidencias: desde el estilo evidentemente pictórico de las Caras o el aprovechamiento económico que se obtenía de ellas4 hasta anécdotas como la de las Caras que cambiaban “a petición popular”5, que resultaban mucho más nítidas en las fotografías que vendían en la casa que en las tomadas por los investigadores6, o que otros vecinos del pueblo eran capaces de reproducir las Caras en sus casas sin ningún problema7.

Figura 2. La SEIP ya había intentado presentar estas otras caras en 2002. Fotos: SEIP.
Figura 2. La SEIP ya había intentado presentar estas otras caras en 2002. Fotos: SEIP.

Las “pruebas” paranormales

Este interés por mantener el fenómeno fue el que hizo surgir toda una serie de leyendas colaterales en torno a las Caras. Así, por ejemplo, se afirma frecuentemente que “la Pava” ha ido cambiando de posición a lo largo de los años, o que sus “pupilas” se contraen al recibir la luz. Si para desmentir esto último ha sido necesario realizar una comparación del diámetro de las pupilas con y sin iluminación8, para comprobar la falsedad del supuesto desplazamiento del “rostro” basta comparar fotografías recientes y antiguas del mismo.

Otras “pruebas” tampoco resisten el menor análisis crítico: aunque los propagandistas del misterio aseguran a menudo que el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) analizó las Caras sin encontrar restos de pintura, la verdad es muy distinta: el estudio de unas muestras remitidas en 1991 por el parapsicólogo José María Pilón S. J. determinó la presencia de zinc, cromo, plomo, cobre o bario, sustancias que los técnicos que efectuaron el análisis atribuyen a la presencia de pinturas o esmaltes. En cuanto al otro análisis realizado por técnicos del CSIC, llevado a cabo por el doctor J. J. Alonso en 1975 sobre la Cara denominada “la Pelona”, sus resultados son aún más sorprendentes: tras mencionar nuevamente la presencia de zinc y de “sustancias melanocrata” (es decir, rocas magnéticas de color oscuro) que podrían haber sido empleadas para crear otras imágenes, llega a la conclusión de que “la Pelona” es simplemente una huella de zapato a la que las sustancias oscuras contribuyen a darle apariencia de “rostro”.

En definitiva, que tras aquellas Caras que aparecían en el cemento de una cocina de Bélmez lo único que había realmente era eso, unas caras de cemento… pero muy poco más. No es extraño por tanto que tras aquel boom inicial el fenómeno fuera poco a poco quedando relegado a las páginas de las revistas de lo paranormal, a pesar de algunos desesperados intentos por volver a llevarlo a las primeras páginas de la prensa generalista. Los intentos llegaron incluso a la aparición de “rostros” de famosos, como los del General Franco o incluso de Isabel Preysler, entonces esposa del cantante Julio Iglesias; pero que no dieron resultado.

Hasta que en enero de 2004 se produce el fallecimiento de María Gómez, la propietaria de la casa de las Caras, y éstas vuelven fugazmente a la actualidad.

Vuelven las caras

En octubre de 2004, radio, prensa y televisión dan la noticia de la aparición de nuevas caras en Bélmez de la Moraleda y el misterio español por excelencia vuelve con fuerza a los medios de comunicación. Según las noticias, la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (conocida por sus miembros como “el SEIP”) certifica como paranormales9 las caras que acaba de descubrir en una nueva casa del pueblo jienense, hogar de juventud de María Gómez y propiedad actual de su sobrina.

Al frente de la SEIP y como portavoz ante los medios, se halla su singular presidente, Pedro Amorós Sogorb, supuesto parapsicólogo conocido por su prestigiosa trayectoria: en el año 2002 fue investigado por el periódico El Mundo10 descubriéndose que había sido denunciado anteriormente por ofrecer en Internet falsas licenciaturas de Parapsicología a 300 euros, además de diversas mentiras en su currículum: Amorós aseguraba poseer el título de Ingeniero Informático por la universidad de Alicante y haber colaborado en el SETI Institute, la BBC, la CNN y hasta en la serie Expediente X de la productora norteamericana Fox; pero al consultar a las entidades aludidas, todas desmintieron al director de la SEIP, que acabó confesando el engaño a los periodistas (lo cual no impide que en la actualidad repita las mismas patrañas e incluso informe que las diplomaturas de la SEIP están avaladas por la ¡Universidad Internacional de Cambridge!).

La SEIP había intentado reproducir las Caras de Bélmez con anterioridad. En 2002, publicaron una investigación en la que mostraron unas “caras” surgidas en placas de cemento creadas ex profeso; pero sólo se trataba de manchas de humedad perfiladas por un dibujante, con resultados ridículos (ver Fig. 2). Las nuevas teleplastias (nombre que reciben las Caras en argot parapsicológico) obtenidas en 2004 tienen un aspecto más convincente y los métodos para obtenerlas son distintos: se trabajó directamente en el piso de cemento de una de las habitaciones de la casa y, para que las caras, latentes según los investigadores, saliesen a la superficie, se esparció por el suelo agua y aceite durante días, dejando después la casa sin vigilancia por una semana11. A eso se reduce toda la metodología de la investigación, no hay controles, precintos, recogida de muestras, análisis ni nada parecido.

Empieza la polémica

Si lo irregular de los métodos empleados por la SEIP y el currículum de su director ya provocaban desconfianza, la polémica estuvo servida cuando salió a escena el parapsicólogo valenciano Francisco Máñez Ferrer quien, tras analizar las imágenes tomadas en la nueva casa, afirmó que habían sido pintadas por manos humanas. Según denunció el investigador en su artículo “Las nuevas caras de Bélmez no son de origen paranormal”12, las teleplastias han sido falsificadas empleando un método que él mismo enseñó a los “investigadores” de la SEIP.

La técnica para crear caras en el cemento, que ha acabado llamándose método Máñez, consiste en modificar manchas de humedad pintando con agua. El primer paso consiste en empapar el cemento, lo que provoca formas aleatorias sobre las que se resaltan con agua, usando un poco la imaginación, aquellos rasgos que puedan recordar a un rostro, como los ojos, la nariz, etc. Las variaciones en la técnica y el uso de nuevos materiales (el aceite usado por la SEIP, productos domésticos de limpieza, perfumes y hasta Coca-Cola) permiten obtener distintas apariencias y reproducir los comportamientos de las teleplastias que han sido alegados como prueba de su origen paranormal: desvanecimiento gradual, cambios de aspecto a lo largo del tiempo e incluso la exhalación de fragancias “paranormales”.

Apenas un mes antes del anuncio del “descubrimiento”, Francisco Máñez se había encontrado en Bélmez con Pedro Amorós con el propósito de probar su método para reproducir teleplastias. Debido a problemas con el suelo de la casa original, el experimento se trasladó con éxito a la casa natal de María Gómez. “Pese a que fue una demostración rápida y sencilla, quedó claro cómo crear ‘Caras de Bélmez’ de forma artificial”, escribe Máñez, y unas líneas más adelante transmite su impresión al enterarse por las noticias del “descubrimiento” de las nuevas caras: “ver que habían aparecido usando mi sistema, me dejó, por decirlo de un modo suave, boquiabierto” (ver llamativas similitudes en Fig. 3).

Figura 3. La “caras” de la SEIP (izquierda) son muy parecidas a las que obtiene Máñez (derecha). Fotos: SEIP y Ed. Bitácora.
Figura 3. La “caras” de la SEIP (izquierda) son muy parecidas a las que obtiene Máñez (derecha). Fotos: SEIP y Ed. Bitácora.

Tras la denuncia de Máñez, las investigaciones desde sectores escépticos y la parapsicología seria fueron desvelando las relaciones entre el ayuntamiento de Bélmez y la SEIP: en febrero de 2004, ya fallecida María Gómez, la alcaldesa y defensora de la veracidad del fenómeno, María Rodríguez, había intentado comprar la vieja casa para ubicar en ella un Museo de las Caras que reactivase el turismo hacia el pueblo; pero la compra se frustró debido a que los propietarios exigían una suma de dinero que excedía el presupuesto municipal13. Gracias a la SEIP, la alcaldesa ha solucionado el problema trasladando el proyecto del museo a la casa nueva; no se ha podido confirmar que el ayuntamiento haya adquirido la vivienda, aunque es de conocimiento público que sí la gestiona y asume los gastos derivados del mantenimiento, limpieza y consumo de agua y electricidad14.

El turismo se ha disparado en el pueblo de Jaén, donde se venden ya souvenirs y las visitas han llegado a superar en los fines de semana a las que reciben la capital de la provincia o Úbeda y Baeza, declaradas ambas patrimonio de la humanidad por la UNESCO. El éxito ha sido tal, que otros vecinos de la localidad intentaron sumarse al negocio y en noviembre metían en serios problemas a Pedro Amorós, quien se vio en la situación de tener que hacer frente a la aparición de 15 nuevas casas con teleplastias. El presidente de la SEIP atajó el asunto pretextando que la epidemia de caras partía de una interpretación equivocada de simples manchas de humedad debidas a causas “gestálsicas” (suponemos que pretendía referirse a una ilusión autoinducida o pareidolia), lo que puso en evidencia su absoluta falta de criterio para reconocer una auténtica teleplastia paranormal. Si dejamos de lado su rentabilidad económica, ¿qué es lo que distinguiría a una buena de una mala?

2-2-caras4La “Cosa Nostra” del misterio

No sólo la futura participación en el Museo de las Caras reportará beneficios económicos a los miembros de la SEIP. Los dos consejeros que acompañaron a Pedro Amorós en el intento de compra, David E. Sentinella Vallvé y Lorenzo Fernández Bueno (redactores de una de las revistas españolas esotéricas más conocidas: Enigmas) son precisamente los autores de un libro sobre las Caras de Bélmez, de próxima reedición con material exclusivo sobre las nuevas investigaciones. Luis Mariano Fernández, otro miembro de la sociedad, explota comercialmente el fenómeno organizando viajes turísticos para visitar las Caras de Bélmez a precios que pasan de los 100 euros.

Los charlatanes no se preocuparon demasiado mientras la información se mantuvo en círculos reducidos, pero las críticas de los escépticos fueron seguidas por Javier Cavanilles, el periodista del diario El Mundo que había investigado a Amorós en 2002, quien con el tajante titular “Las nuevas caras de Bélmez fueron falsificadas por unos ‘cazafantasmas’ en complicidad con el ayuntamiento”, inició una serie de artículos de investigación que airearon la hipótesis del fraude y revelaron incluso que la SEIP no existe en el registro de asociaciones. Tras las noticias de El Mundo el resto de la prensa se hizo eco de la opinión crítica, para disgusto del mundillo del misterio cuya reacción fue —exceptuando a una minoría honrada que se sumó a la denuncia— un predecible cierre de filas.

Un torrente de excusas, mentiras, pruebas pseudocientíficas y, por supuesto, amenazas, surgieron desde las parcelas de los medios que dominan los vendedores de misterios: en un principio, Amorós intentó dar marcha atrás y atribuir las caras a “un tipo de hongo”; se dijo que había una investigación en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, pero la institución lo desmintió; se hicieron análisis con software de la policía científica que certificaban la coincidencia entre una “cara” y la difunta María Gómez, pero no los realizó ningún especialista, se efectuaron sobre una foto tamaño carné y de nuevo no se han llegado a publicar15; se habló mucho de la aparición de una “cara” ante las cámaras de televisión, pero no existen dichas grabaciones o las que se han visto son completamente normales; se realizó una teatral e irregular extracción de muestras en Bélmez en presencia de los habituales miembros de la SEIP y varias autoridades locales, pero nada se sabe de los resultados de los análisis16; y, por supuesto, entre reproches a la “ciencia oficial” y calumnias a los críticos, no faltaron las amenazas de denuncia que no se cumplieron ni se cumplirán jamás (los intentos de intimidación son ya una rutina sin efecto con el fin de intentar acallar a los críticos y salvar las apariencias de cara a los incondicionales), incluso el ayuntamiento de Bélmez se sumó a la moda de las demandas y en pleno municipal aprobó iniciar acciones contra El Mundo y Javier Cavanilles17, aunque nada se sabe tampoco de esa supuesta demanda.

La campaña en defensa de la SEIP no es en absoluto sorprendente, casi todos los “misteriólogos” que trabajan en España, precisamente los que han saltado a la palestra a defender a sus colegas de negocio, están relacionados de alguna manera con la organización: Íker Jiménez, locutor del popular programa radiofónico de misterios Milenio3, tiene como invitado habitual a Pedro Amorós y ha escrito un libro sobre las Caras de Bélmez en colaboración con Luis Mariano Fernández; Manuel Carballal, conocido escritor del mundillo, es parte del Equipo Nacional de Coordinación de la sociedad; Fernando Jiménez del Oso, todo un veterano, es miembro del Consejo Logístico de la SEIP, director de la revista Enigmas (con la exclusiva de las nuevas investigaciones) y director de una colección de libros esotéricos que incluye entre sus autores a varios miembros de la SEIP como Pedro Amorós, David E. Sentinella o Lorenzo Fernández Bueno, además de otros conocidos y habituales del misterio como Juan Antonio Cebrián, Miguel Blanco o Bruno Cardeñosa.

Una encantadora camarilla que no quiere ver desaparecer el filón inagotable de las Caras de Bélmez. Es irónico que sean ellos los que seguramente han matado a la gallina de los huevos de oro.


Referencias

  1. Ideal de Granada, 16 de septiembre de 1971. Uno de los autores del reportaje, Juan Fermín Vilchez, nos comentó en comunicación personal que los periodistas llegaron al pueblo en “una caravana de varios coches, pues se unieron a nosotros incluso varios alcaldes de la zona”.
  2. Manuel Martín Serrano, Sociología del Milagro. Las Caras de Bélmez, Barral Editores, 1972. Lo mismo comenta Juan Fermín Vilchez en su comunicación personal, así como José Luis Jordán Peña en “Espíritus y duendes: las casas encantadas” (ediciones Uve, 1980).
  3. En “Espíritus y duendes: las casas encantadas” (cit.). Este detalle ha sido recientemente confirmado por Joaquín Abenza Moreno y María José García Hernández, tal y como comentan en su artículo “Bélmez: nuevos experimentos” (revista digital Estigia No 121, http://members. tripod.com/~estigia/belmezexp.html).
  4. Según la revista Lecturas del 3 de marzo de 1972, desde que comenzó el fenómeno la familia propietaria de la casa había ingresado en la Caja de Ahorros de la localidad nada menos que doscientas cincuenta mil pesetas, una cantidad más que respetable en aquella época.
  5. En Sociología del Milagro. Las Caras de Bélmez (cit.), Manuel Martín Serrano recoge el testimonio de un habitante de Bélmez que contaba que se había quejado de que a una de las Caras le faltaban los dientes. Al día siguiente la Cara en cuestión presentaba cuatro dientes, pero tan grandes y tan mal dibujados que el lugareño se echó a reír. De modo que otro día más tarde el “rostro” apareció con ocho dientes más pequeños y proporcionados.
  6. Ramos Perera, presidente de la Sociedad Española de Parapsicología, cuenta en una entrevista realizada por Javier Cavanilles y Francisco Máñez, que tras comparar las fotografías que él había obtenido con las que vendían la familia propietaria de la casa y el fotógrafo con el que compartían el negocio, comprobó que en éstas últimas algunos detalles habían sido remarcados con carboncillo o algún medio similar para que las Caras aparecieran con más detalle (en “Editorial Bitácora”, Véase www.editorialbitaco ra.com/bitacora/ramos/ramos.htm).
  7. Manuel Martín Serrano, Sociología del Milagro (cit.). Por otra parte, en noviembre de 2004, con motivo de la aparición de nuevas Caras en la casa natal de María Gómez, la prensa española se hizo eco de que en otras quince casas del pueblo habían surgido más Caras.
  8. Joaquín Abenza Moreno y María José García Hernández, “Bélmez: nuevos experimentos” (cit.).
  9. Agencia Europa Press, 25 octubre 2004. (Véase www.europa press.es/europa2003/noticia.aspx?cod=20041025160814&tabID=1.)
  10. El Mundo Edición Comunidad Valenciana, 22 de abril de 2002.
  11. Declaraciones de Pedro Amorós en el programa de radio La Esfera, de Radio Rinconada, el 22 de octubre de 2004, que incluyen detalles como las proporciones exactas: sólo el primer día 10 litros de agua y 2 de aceite.
  12. Francisco Máñez Ferrer, “Las nuevas caras de Bélmez no son de origen paranormal.” (Véase www.editorialbitacora.com/bitacora/masias/masias. htm).
  13. María Rodríguez confirmó al diario Jaén que la cifra había sido de 600.000 euros y, el 13 de julio de 2004, el heredero José Pereira declaró en Andalucía Directo, de Canal Sur Televisión, que la SEIP, mediadora en las negociaciones, tasó la casa a la familia en 3.000.000 de euros.
  14. Declaraciones de Tíscar Martínez, teniente de Alcalde de Bélmez en 7 días 7 noches de Antena 3 Televisión, el 15 de diciembre de 2004.
  15. Declaraciones de José Manuel García Bautista en el programa de radio Enigmas i Misteris de RNE en Cataluña, el 5 noviembre de 2004.
  16. En el programa de televisión TNT de Tele5, el 7 de enero 2005, Pedro Amorós declaró extraoficialmente que no se hallaron rastros de aceite, confirmando la nula credibilidad de los análisis; recordemos que el propio Amorós ha declarado repetidamente que su intervención se limitó a “hidratar” el suelo de la nueva casa empleando agua “mezclada con aceite”.
  17. Agencia Europa Press, 5 enero 2005. (Véase www.europa press.es/europa2003/noticia.aspx?cod=20050105115820&ta bID=1&ch=68).