Contracorriente

Más allá de la omnipotencia divina

Tomás de Aquino especuló con los límites de la omnipotencia divina. Entre aquello que el Aquinate consideraba imposible hasta para el propio Dios figura el anular lo ya pasado. Sin embargo los hombres intentan con frecuencia traspasar esa frontera establecida por el filósofo italiano no ya modificando lo sucedido sino cambiando la percepción de los hechos. Para establecer una coartada para ese delito intelectual no dudan en relativizar la Historiografía. Surgen así frases como La Historia la escriben los vencedores olvidando que importa un bledo si el historiador pertenece a los vencedores o a los vencidos siempre que escriba su obra conforme al método histórico (y si no es así, sencillamente no estará haciendo Historiografía sino propaganda).

No obstante, una mentira a fuerza de ser repetida (máxime si goza de la protección de gobiernos y medios de comunicación) puede terminar siendo aceptada por un amplio número de individuos. La desidia, la pereza y la incompetencia hacen el resto para lograr perpetuar el error. Veamos dos ejemplos de lo que pasa a los ojos de amplias capas de la población como hechos históricos pero que no son tales.

El descubrimiento que no fue

Supongo que todavía recordarán los fastos con los que se celebró el V Centenario del Descubrimiento (no saben lo que me alivia la certidumbre de que no tendré que padecer la conmemoración del VI). El 12 de octubre de 1992 se cumplían (aparentemente) los 500 años de la llegada de un flotilla formada por una nao y dos carabelas españolas a una isla americana que, por cierto, no sabemos con certeza cuál fue.

Prescindamos de que por una rectificación del calendario (de la que después hablaremos) el 12 de octubre de 1992 no se cumplen 500 años exactos desde el 12 de octubre de 1492: lo que no podemos pasar por alto es lo de Descubrimiento.

Es evidente que los españoles llegaron a unos territorios que ya estaban poblados. Como aquel personaje de Les Luthiers que fundó Caracas en pleno centro de Caracas que ya estaba fundada, el genovés Cristóforo Colombo descubrió unas tierras que ya habían sido descubiertas con anterioridad.

Vale. Aceptemos pulpo como animal de compañía y supongamos que al hablar de Descubrimiento estamos pensando en la llegada de los primeros europeos. Olvidemos que eso es una perspectiva eurocentrista pero es que ni así es eso cierto.

Pasemos por alto los supuestos visitantes precolombinos que no se molestaron en dejar sus tarjetas de visita o éstas son dudosas. En un lugar de Canadá (concretamente al Norte de la isla de Terranova) conocido como L ́ Anse aux Meadows se encuentran los restos de un poblado que en su día estuvo formado por cabañas con estructura de madera, paredes de tierra y chimenea central idénticas a las que aparecen en Islandia y Groelandia vinculadas a las poblaciones vikingas. Los objetos conservados en el yacimiento canadiense —como una lámpara de aceite y un anillo— también coinciden con los localizados en asentamientos vikingos. Por si quedara alguna duda de que el poblado de L ́ Anse aux Meadows nada tiene que ver con los aborígenes, ésta habría quedado disipada cuando uno de los edificios fue identificado como una herrería. Antes de la llegada de los españoles, la metalurgia más avanzada del continente americano (obtención de bronce) se localizaba en América del Sur, en el Imperio Inca. En América del Norte no es sólo que se desconociera la metalurgia del hierro: es que no se conocía ni la del cobre. La datación por carbono 14 de las estructuras de madera de las cabañas de L ́ Anse aux Meadows arrojó la fecha de 980–1020 D. de C. lo que confirma las Sagas nórdicas según las cuales Leif Eriksson encontró tierra al Oeste de Groelandia en torno al año 1000, casi 500 años antes de que Colón se topara con América cuando intentaba abrir la ruta comercial occidental a las Indias.

Si durante muchos años se pudo defender que el Descubrimiento de América tuvo lugar en 1492 al no existir pruebas concluyentes en otro sentido (las Sagas sólo comenzaron a ser popularizadas cuando se tradujeron al latín en el S XIX y por sí solas no son prueba suficiente) desde la década de 1960 (descubrimiento y excavación de L ́ Anse aux Meadows) eso es ya insostenible desde un punto de vista histórico.

No se trata de negar la inmensa importancia del viaje de Colón, pero ésta no reside en que llegara antes o después de otros. A fin de cuentas tampoco tuvo excesiva trascendencia el que en 1606 Pedro Fernández de Quirós fundara una colonia (Nueva Jerusalén) de efímera duración en la actual República de Vanuatu que él llamó Austrialia del Espíritu Santo o que ese mismo año Luis Váez de Torres avistara (posiblemente) Australia en su navegación por el estrecho que lleva su nombre. Lo que sí la tuvo fue la colonización inglesa posterior al viaje del capitán Cook (1770). La diferencia entre los vikingos de Leif Eriksson (aceptemos que las Sagas aciertan en la atribución) y los españoles de Colón es que aquéllos se fueron sin dejar ni llevarse apenas huella de su paso (las Sagas hablan de un establecimiento en las Casas de Leif de unos sesenta años pero el poblado de L ́ Anse aux Meadows no parece haber estado habitado durante más de cinco años).

Sin embargo no tengo la menor esperanza de que en el 2092 se conmemore el VI Centenario del comienzo de la colonización española en América (o algo semejante) en vez del VI Centenario del Descubrimiento inexistente.

El Día del Libro

El 23 de abril de cada año celebramos el Día del Libro. La elección de esa fecha parece lógica si consideramos que dos de los más grandes creadores literarios de todos los tiempos, Miguel de Cervantes y William Shakespeare, fallecieron el 23 de abril de 1616 (por cierto, también el Inca Garcilaso aunque esto suele olvidarse). El problemilla reside en que ambos murieron en la misma fecha pero en días distintos (parece un oxímoron pero no lo es).

Supongamos que ustedes quieren buscar en una hemeroteca el cómo se reflejaron en la prensa de su país las noticias sobre la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, ¿en qué mes comenzarían su indagación? Si están pensando que esa pregunta es semejante a “¿de qué color es el caballo blanco de Santiago?” pueden hacer la prueba y comprobarán que las noticias sobre la Revolución de Octubre aparecen en los periódicos de noviembre. La razón no es un retraso en las comunicaciones sino que la Rusia zarista y los países occidentales empleaban distintos calendarios, juliano en el primer caso y gregoriano en el segundo (Rusia adoptó el calendario gregoriano en febrero de 1918).

Eso mismo sucedía con España e Inglaterra en 1616 puesto que en nuestros países el 15 de octubre de 1582 fue el día siguiente al 4 de octubre de 1582 mientras que en Inglaterra el 14 de septiembre de 1752 fue el día siguiente al 2 de septiembre de 1752. Si hubiera existido entonces un medio de comunicación inmediato, la noticia de la muerte de Cervantes el 23 de abril (en España) se habría conocido en Inglaterra el 13 de abril mientras el fallecimiento de Shakespeare el 23 de abril (en Inglaterra) se habría conocido en nuestros países el 3 de mayo.

Puesto que el calendario actual es el gregoriano, cada 23 de abril podemos conmemorar el aniversario de la muerte de Cervantes (y del Inca Garcilaso) pero no el de Shakespeare (por el mismo motivo el 12 de octubre de cada año desde 1582 no es el aniversario del 12 de octubre de 1492). A ver si la UNESCO toma nota y celebramos un segundo Día del Libro el 3 de mayo (y un tercero el 14 de junio en homenaje a Borges, y un cuarto el 4 de enero en homenaje a Galdós, y un quinto…)