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Minientrevistas conceptuales Responde

¿Por qué hay inflación?

Un lugar común para explicar la inflación, es que ésta es culpa del gobierno. El argumento es más o menos así: si el gobierno decide, para ganar las próximas elecciones, regalar una suma de 100.000 pesos (35.000 dólares) a cada habitante del país, y lo financia emitiendo billetes, entonces este dinero saldrá a “cazar” bienes indiscriminadamente, pero dado que no hay razón para que la producción haya aumentado gracias a esta locura oficial, el resultado será que todos los productos se “rematarán” a un precio más alto, provocando inflación.

Aunque este ejemplo parezca exagerado, no voy a ser tan ingenuo como para decir que este tipo de cosas nunca pasan. Muchos gobiernos abusan de la emisión monetaria, y es muy posible que cuando ésta es excesiva, haya inflación.

Sin embargo, también hay que aclarar que a veces la inflación es culpa del sector privado o, más generalmente, de la características estructurales de un país. De hecho, es perfectamente posible que una economía experimente inflación hoy simplemente porque la hubo ayer. Si en un país hay contratos (con proveedores, de salarios o de depósitos bancarios) con cláusulas de ajuste por inflación pasada, éstos ayudarán a perpetuar la inflación. Otro mecanismo inercial son las expectativas: si los productores esperan aumentos de costos y salarios (aunque en la realidad no se fueran a producir), pueden aumentar sus precios preventivamente, y transformar un mal pronóstico en inflación.

Esto último, que se conoce como profecía autocumplida, es la herramienta más común utilizada por los desestabilizadores de turno: si tengo poder y logro convencer a los medios de que habrá inflación, y los medios a su vez convencen a los formadores de precios de lo mismo, adivine qué pasará. E imagine además cómo aumentará después de esto el prestigio (y por lo tanto, el poder) de nuestro profeta…

¿Por qué sube o baja una moneda?

La tendencia de largo plazo del valor de las monedas (el tipo de cambio nominal) se asocia con el crecimiento de la economía. Esto es porque los países más atrasados tienen altas tasas de inflación, lo que a la larga tiende a reflejarse en un aumento del precio del dólar. Como se ve, la lógica de la evolución del tipo de cambio nominal está muy emparentada con la de los precios. Así, en algunos países, en lugar de atemorizar con aumentos de precios, resulta más fácil hacer pronósticos alarmistas sobre futuras devaluaciones, que obviamente traen aparejada inflación.

El dólar también sube cuando un país se queda sin dólares, por lo que indudablemente, si el gobierno se la pasa pagando un deuda externa inmensa, o los privados se compran todo el tiempo electrodomésticos y fugan las divisas afuera del país, las devaluaciones estarán a la orden del día.

¿A qué se llama “crecimiento de la economía”?

Los economistas entendemos por crecimiento el aumento del Producto Bruto Interno (PBI). Esta es una estimación de lo que produce un país durante un año, lo que se aproxima a la cantidad de bienes y servicios que se pueden aprovechar para consumir, para invertir en construcciones o maquinarias, o para exportar. Por lo tanto, el PBI mide lo que se puede producir cada año para satisfacer necesidades actuales, y parte de las futuras.

Si dividimos el PBI por la cantidad de habitantes, tenemos una idea del ingreso promedio de cada habitante. Por ejemplo, a cada familia argentina de tres integrantes le correspondería, en promedio, unos 1.000 dólares mensuales (nada mal, teniendo en cuenta que en Argentina un viaje en colectivo cuesta 25 centavos de dólar, y un litro de leche 50 centavos). Pero, como se imaginará, en la práctica el PBI no se divide ecuánimemente entre sus habitantes. En Argentina, el 10% más rico se lleva el 66% de la torta del PBI, y el 10% más pobre, sólo el 1,2%.

Otra limitación del PBI como medida de bienestar es que no incluye indicadores que pueden ser muy gráficos, como la tasa de analfabetismo o de mortalidad infantil, indicadores más del desarrollo que del mero crecimiento de una economía.

Sin embargo, suele existir una correlación fuerte entre un PBI alto, una distribución del ingreso razonable, más una población educada y saludable. El PBI per cápita, como toda medida resumida, tiene limitaciones, pero si tenemos que elegir un único indicador, sin duda es el que mejor se aproxima al bienestar.

¿Si tuviera que invertir en la bolsa, consultaría a un broker o a un astrólogo?

Si usted viviera en EE.UU. y quisiera invertir en la Bolsa, yo mismo puedo (sin ser un broker profesional) asegurarle dos cosas. Primero, que en el largo plazo usted va a ganar aproximadamente un 7% anual, neto de la inflación. Segundo, que esto lo va a lograr solamente si se diversifica comprando muchas acciones diferentes. Ahora, usted puede pagarle a un broker o a un astrólogo para que lo asesore, pero cuando descuente las comisiones que pague, seguramente no logre más de ese 7% que yo le prometí.

Si usted vive en la Argentina, la cosa es un poco distinta. Primero, porque la ganancia media es mucho menor, porque la ganancia está asociada en el largo plazo con la evolución del PBI (ya puede aplicar lo aprendido en el punto anterior). Segundo, porque el mercado es mucho más pequeño, y por lo tanto menos diversificable. Luego, la probabilidad de ganar dicha media es mucho menor.

De todos modos, si bien los brokers no merecen mayor credibilidad que los astrólogos a la hora de recomendar ciertas inversiones para ganar en el corto plazo, es cierto que algunos de ellos pueden brindar algún servicio acerca de cuestiones de funcionamiento del mercado, carteras más o menos riesgosas, etc. Lo que sí le aseguro, es que un broker tiene mucho más incentivos para comportarse como un astrólogo que como un servidor público.