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Misterios resueltos: Quinto Congreso Mundial de Escépticos

En la bella localidad de Abano Terme, Italia, se llevó a cabo el Quinto Congreso Mundial de Escépticos, del 8 al 10 de octubre de 2004. En esta oportunidad —con una eficiente organización y el cálido trato de los anfitriones— el encuentro se llamó “Misteri risolti” (Misterios resueltos)1.

La apertura, a cargo de Steno Ferluga, profesor de Astrofísica en la Universidad de Trieste y presidente del CICAP, y de Paul Kurtz, presidente del CSICOP, dejó entrever los logros y también las demandas de cara al futuro: Ferluga destacó que se ha producido un cambio que no se refleja en la forma de creer sino en la aparición de un punto de referencia para la discusión, y que gracias a la actividad de los grupos escépticos ahora es más fácil acceder a la información. Kurtz enfatizó la necesidad de explicar y divulgar la perspectiva científica, cultivar su comprensión pública, desarrollar la libertad de investigar en todas las áreas del conocimiento humano, tomando como símbolo del escepticismo a Galileo, quien cuestionó y rechazó a la autoridad, sugiriéndole “leer del libro de la nat uraleza”.

Para probar que la cuchara no está previamente manipulada, un vo da un fuerte “cucharazo” sobre la frente del mentalista Ian Rowlan (el ruido pudo escucharse desde el fondo del auditorio). Foto: Alberto Villa.
Para probar que la cuchara no está previamente manipulada, un vo
da un fuerte “cucharazo” sobre la frente del mentalista Ian Rowlan (el ruido pudo escucharse desde el fondo del auditorio). Foto: Alberto Villa.

Parapsicólogos y escépticos: ¿es posible el diálogo?

La parapsicología sufrió una pérdida importante: Robert Morris, quien iba a ser expositor en esta sesión y falleció en agosto, fue representado por Caroline Watt, presidenta de la Asociación de Parapsicología, quien se mostró proclive al diálogo con los escépticos. Watt, que trabaja en la Unidad Koestler de la Universidad de Edimburgo, presentó cuáles son a su juicio las interacciones improductivas (debates a distancia, uso de la retórica —especialmente en los medios) y las provechosas (el contacto directo, personal, y la colaboración permanente) entre parapsicólogos y escépticos. Watt y su equipo están interesados tanto en el fenómeno psi como en el pseudo psi, es decir, no sólo rescatan las medidas de seguridad en los laboratorios, el desarrollo de mejores protocolos de investigación y el estudio del “efecto experimentador” sino también enfatizan la necesidad de tener en cuenta el autoengaño, de trabajar con la comunidad clínica y desarrollar procedimientos para evitar el fraude. Su conclusión no parece muy propia de ciertos autotitulados “parapsicólogos” que frecuentan los medios: recomendó desconfiar de los famosos meta-análisis, señaló la necesidad de investigar sistemáticamente cualquier variable asociada a resultados positivos y derribar las murallas que se levantan entre escépticos y parapsicólogos.

Richard Wiseman, ilusionista y profesor de Psicología en la Universidad de Hertfordshire, Gran Bretaña, abogó por la colaboración con los parapsicólogos, más allá de que haya gente que no persigue la investigación sino la confirmación de sus propias hipótesis, destacando la necesidad de desentrañar un fenómeno frecuentemente observado: el “efecto experimentador”, esto es, por qué algunos experimentadores parecen obtener a menudo resultados positivos. ¿Será porque son privilegiados o porque no advierten ciertas fallas en sus investigaciones?

Wiseman repasó los números de una investigación realizada con la “Máquina de la mente” en donde participaron 27.856 sujetos, obteniendo resultados no significativos a la hora de probar sus “capacidades” psi.

A. Borgo (izq.): “el término ‘escéptico’ nos perjudica”; J. Alcock (centro): “el diálogo con parapsicólogos será infructuoso hasta que no haya evidencias de psi”; y L. A. Gámez (der.): “debemos pensar como periodistas”. Foto: Pensar.
A. Borgo (izq.): “el término ‘escéptico’ nos perjudica”; J. Alcock (centro): “el diálogo con parapsicólogos será infructuoso hasta que no haya evidencias de psi”; y L. A. Gámez (der.): “debemos pensar como periodistas”. Foto: Pensar.

James Alcock (foto), profesor de Psicología de la Universidad York, en Toronto, Canadá, se mostró escéptico sobre la colaboración con los parapsicólogos: “no va a funcionar” —dijo— “y no va a ser posible resolver esta controversia a menos que alguna vez se pueda confirmar la existencia de los fenómenos psi”. Aprovechó también para desmontar un argumento de autoridad muy utilizado, que se refiere al ingreso de la parapsicología en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). Muy sencillo: “en el buscador de la página web de la AAAS no hay resultados para la entrada “parapsicología”.

Desmenuzando falsificaciones y mitos

Ya en plena tarde, comenzó la segunda sesión, dedicada a diferentes fiascos, falsificaciones y mitos. Lorenzo Montali, investigador del Departamento de Psicología de la Universidad de Milán, analizó las diferencias y similitudes de las leyendas bélicas desde 1914 a la actualidad, comparando los rumores que circularon tanto en la primera Guerra Mundial como en el fatídico 11 de setiembre de 2001. La incertidumbre, típica en los tiempos de guerra, facilita la creación y transmisión de todo tipo de rumores. El miedo, nuestros deseos, el odio y la hostilidad y también la curiosidad, están presentes en este proceso. Y es de destacar que los rumores circulen más y tengan más aceptación entre la gente que no tuvo participación directa en los hechos. Por supuesto, el principal cambio con respecto a la transmisión de los rumores se ha dado en los medios utilizados y no tanto en el contenido: “boca a boca” en el pasado, “vía internet” en la actualidad.

Continuaron Kenneth Feder, profesor de antropología de la Universidad Estatal de Connecticut, EE UU, con una presentación de rimbombante título: “La Atlántida en Fantasilandia: haciendo un documental televisivo a lo Mickey Mouse acerca del continente perdido” y Luciano Arcuri, profesor de Psicología de la Universidad de Padua, con su exposición “Rumores: factores sociopsicológicos que mantienen su difusión y credibilidad”, haciendo mención a los rumores que circularon en los años 80 sobre la empresa Procter & Gamble, presuntamente manejada por una secta satánica. También se refirió a un episodio que tuvo lugar en Francia y otros países europeos, en donde circularon volantes aconsejando a la gente que se abstuviera de tomar Coca-Cola y otras bebidas debido a “peligrosas” sustancias carcinógenas como el “E-330”, en realidad el inocuo ácido cítrico que encabezaba la lista. La “E” no es otra cosa que la indicación de que dicha sustancia es segura, contrariamente a lo sugerido por el volante.

Finalmente, Jan Brunvand, profesor Emérito de la Universidad de Utah, y conocido por su investigación sobre leyendas urbanas, contó algunas de las más bizarras anécdotas y preguntas que recibe por correo electrónico a diario. Sin embargo, Brunvand reconoció que, más que las leyendas en sí, lo que le resulta extraño es cómo hay miles de personas que se las creen.

El día viernes terminó con un evento especial, “El mundo de Galileo Galilei”, presentado por el periodista Piero Angela, tal vez lo más flojo del Congreso. Aunque hubo actuaciones en vivo, entrevistas y fragmentos del filme “Galileo”, dirigido por Liliana Cavani, la velada resultó larga y por momentos pesada, teniendo en cuenta que la audiencia venía de una jornada agitada que había comenzado 12 horas antes.

Misterios de la historia

El sábado comenzó con los “Misterios históricos”. Joe Nickell, investigador del CSICOP, hizo un repaso de casos que estudió con detenimiento, desde el monstruo de Flatwood (supuesto extraterrestre que resultó ser un búho), pasando por las líneas de Nazca (explotadas por advenedizos “expertos” ufólogos), hasta el “sudario” de Turín (supuesta sábana que envolvió el cuerpo de Cristo).

Mariano Tomatis, excelente exposición sobre “El Código da Vinci”. Foto: Alberto Villa.
Mariano Tomatis, excelente exposición sobre “El Código da Vinci”. Foto: Alberto Villa.

Mariano Tomatis (ver foto en pág. anterior), investigador italiano, realizó una brillante exposición sobre los hechos descriptos en el best-seller El código Da Vinci. Su presentación, titulada “El fiasco Da Vinci”, precisa, sólida y amena, dejó entrever que detrás del podio había alguien que sabía de lo que hablaba, escudriñando los recovecos del tan mentado Priorato de Sión, desmenuzando y mostrando evidencias sobre las falsedades que Dan Brown, autor del famoso libro, da por hechos ciertos y verificados.

Luigi Garlaschelli presentó un caso real de “la espada en la piedra” al estilo de la famosa leyenda del Rey Arturo: aquella que San Galgano —guerrero que, tras un episodio de revelación religiosa, decidió dejar las armas y recluirse en un monasterio— dejó clavada en el suelo como símbolo de su conversión. Un fragmento de la espada se conserva en la actualidad, y Garlaschelli pudo ingresar al lugar, realizando mediciones y pruebas que permitieron reconstruir la historia2.

A continuación, Massimo Polidoro, Director Ejecutivo del CICAP logró el silencio absoluto del auditorio al presentar uno de los más controvertidos enigmas del siglo XX: el asesinato del presidente John F. Kennedy. Cientos de libros, filmes, documentales y artículos con las más variadas hipótesis y teorías (más o menos conspirativas) se contraponen en una suerte de caos informativo surgido a partir de aquel 22 de noviembre de 1963. Sin contar con el tiempo suficiente para un abordaje detallado de toda la historia, Polidoro recurrió a una testigo presencial del asesinato, Jean Hill, mostrando las contradicciones entre lo que dijo hacer y lo que hizo en realidad: los documentos fílmicos muestran que sus declaraciones no se corresponden con los hechos. Resulta ilustrativo leer sus dichos a la vez que se observa el material documental correspondiente, lo cual plantea un serio interrogante sobre la validez del testimonio personal, tan proclive a la distorsión de los hechos.

Desafío: “lo más difícil es que el postulante llene el formulario”

Para cerrar esta excelente sesión, subió al escenario James Randi (ver foto en pág. 14), ilusionista y presidente de la Fundación que lleva su nombre. Randi contó algunas de las muchas experiencias que vivió con quienes decidieron aceptar su desafío: más de un millón de dólares para quien pueda probar que tiene alguna facultad paranormal. Con su enorme simpatía comenzó afirmando “Lo más complicado es que llenen el formulario y firmen el protocolo. Después de eso, lo que sigue es muy simple”, provocando risas en el auditorio. Randi encontró de todo: desde sujetos muy crédulos e inocentes hasta individuos que intentaron hacer trampa. “No es fácil que me engañen”, sentenció, a la vez que explicaba su buena predisposición y reflexionaba sobre la paradoja de que exista tanta gente que dice tener poderes y, sin embargo, cuando llega la hora de probarlos, deseche un premio tan suculento.

Del autoengaño y otras delicias

La tarde del sábado comenzó con Richard Wiseman, quien, acudiendo a ciertos trucos, mostró cómo nuestra percepción nos juega malas pasadas. En un divertido desafío en el que participó la audiencia, anticipó que íbamos a presenciar un juego de básquetbol, en el que habría dos equipos: uno con camisetas blancas y otro con camisetas negras. La tarea del público sería contar cuántas veces se pasaban la pelota los integrantes del equipo blanco sin tener en cuenta lo que hiciera el equipo negro. Pasó la película, y luego preguntó: ¿cuántos pases contaron? Hubo diferentes respuestas, pero la clave no residía en la cantidad de pases. Wiseman inquirió: “levanten la mano aquellos que vieron algo raro”. Pocas manos se levantaron. Volvió a pasar la película, esta vez dejando atónita a buena parte de la audiencia: en medio de la pantalla, bien delante de nuestros ojos, mientras los jugadores se están pasando la pelota, ¡aparece una persona disfrazada de gorila!, saluda, se golpea el pecho un buen rato y luego se va por un costado3.

Las sorpresas continuarían con Chris French, profesor de Psicología de la Universidad de Londres. French se centró en los factores cognitivos que se esconden tras las creencias y experiencias paranormales, exponiendo algunos ejemplos en que las personas pueden sugestionarse o ser influenciadas más allá de su umbral conciente. Hizo referencia al supuesto carácter satánico que adquieren algunas grabaciones pasadas al revés, revelando los más variados mensajes diabólicos, como por ejemplo la del grupo británico Led Zeppelin, Stairway to Heaven (Escalera al cielo). Primero hizo que el auditorio escuchara un fragmento y luego lo pasó al revés. Preguntó cuántos habían escuchado la palabra “Satán”. Pocas manos se levantaron. La sorpresa vino cuando pasó el tema nuevamente al revés, pero esta vez con una diapositiva en la que el público podía leer un fragmento de ¡cinco renglones! Parece increíble, pero se podía escuchar no sólo la palabra “Satan” sino ¡todo un párrafo demoníaco de cinco renglones! Mucho más que lo esperado. Ciertamente, si no nos hubieran mostrado el texto, nadie hubiera descubierto semejante párrafo. Ello es una muestra palpable de cuánto ponemos de nosotros mismos cuando buscamos un mensaje oculto. Seguramente, el mismo procedimiento podría realizarse con innumerables temas y seguiríamos sorprendiéndonos.

Ray Hayman, profesor Emérito de Psicología de la Universidad de Oregon, comenzó preguntándose si la magia (el ilusionismo) debe ser tratada como una psicología del engaño, aclarando que cuando uno presencia un espectáculo de magia sabe que lo están engañando. ¿Es un verdadero engaño entonces? Hyman recurrió a una historia de trileros en las calles de Nueva York, que intercalaba con trucos de prestidigitación con los que demostraba lo fáciles que somos de engañar.

La conmovedora y excelente presentación de Sergio Della Sala, profesor de Neurociencia de la Universidad de Edimburgo, trató sobre la neurología del autoengaño. Della Sala se refirió a aquellos movimientos inconscientes que no pueden controlarse. Pero no se trata aquí de personas normales, sino de aquellos que por tener una lesión en una zona específica del cerebro no pueden inhibir el movimiento de una de sus manos, o de ambas. Esta localización es un descubrimiento reciente. Para estos pacientes, resulta imposible controlar el impulso de tomar cualquier objeto que esté a su alcance. Si la lesión se encuentra en un hemisferio (digamos el izquierdo), entonces se verá afectada una sola mano (la derecha). El cuadro resulta cómico cuando se ve en una comedia o película de ficción, en el que una mano parece independizarse del individuo y tomar vida propia. Pero no es nada grato cuando se presenta en la vida real: una paciente debe colocar unas fichas sobre la mesa con la mano izquierda, pero su mano derecha se le interpone. Vuelve a intentarlo y otra vez no puede controlarla, y así entra en un círculo del que no puede salir. El vivir permanentemente con este mal, conocido como “mano anárquica”, la conduce a una verdadera frustración que varias veces desemboca en una alteración total de su vida. Desafortunadamente, no existe cura para esta enfermedad y las personas que lo sufren se ven expuestas a un verdadero calvario.

James Randi antes de hacer levitar una caja de fósforos sobre el dorso de su mano izquierda. Foto: Alberto Villa.
James Randi antes de hacer levitar una caja de fósforos sobre el dorso de su mano izquierda. Foto: Alberto Villa.

La tarde del sábado concluyó con la magnífica demostración del ilusionista inglés Ian Rowland, especialista en “cold reading” (lectura en frío), un arte mucho más complejo y difícil de lo que parece. Con un show dinámico deslumbró a la audiencia doblando cucharas y leyendo las mentes de algunos valientes voluntarios (ver foto en pág. 14).

Durante la noche, brilló nuevamente la simpática y cautivante figura de James Randi, entrevistado por Massimo Polidoro, con breves intervenciones de Joe Nickell, Ray Hyman y Richard Wiseman4. El público pudo ver fragmentos fílmicos poco conocidos en los que se ve a Randi en distintos momentos de su vida, participando de programas de televisión y en desafíos que pocos se hubieran animado a enfrentar. Sus anécdotas resultaron esclarecedoras e imperdibles.

¿Qué nos espera?

Llegó el domingo, último día del Congreso. El tema de la mañana, “¿Cuál es el futuro del escepticismo?”, contó con presentaciones polémicas, sobre todo la del profesor Sergio Della Sala, titulada “Los siete pecados de los escépticos”. Della Sala mostró con crudeza y valentía que los escépticos deben afrontar su tarea con seriedad si pretenden ser escuchados y respetados. En otras palabras, debemos empezar por casa, como se dice habitualmente. El que esté libre, que tire la primera piedra: orgullo, falta de profesionalidad, plagios, exceso de citas sin verificación, inexactitud, omnipotencia, cierta tendencia a respetar la autoridad (ej: reseñas benignas cuando se trata de libros o artículos escritos por escépticos), flagrantes confusiones entre ciencia y tecnología, mensajes vagos… Una seria advertencia que sin embargo resulta gratificante: muestra a las claras que hay autocrítica, deseos de progresar, intención de mirar hacia adentro para poder construir hacia fuera.

En la misma línea estuvo mi presentación: propuse dejar de utilizar el término “escéptico” cuando nos presentamos en los medios (ver recuadro).

Amardeo Sarma, presidente de la Sociedad para la Investigación Cientifica de las Paraciencias (Alemania), abogó a favor de la divulgación de la ciencia y la investigación, sugiriendo evitar la diversificación: deberíamos afinar la puntería, hablar sobre lo que podemos abarcar, especializarnos, formar gente en cada disciplina y lograr el compromiso de la comunidad académica. Chris French, para quien la creencia en lo paranormal va en aumento, destacó la necesidad de conocer lo que pasa en los medios y participar, procurando un escepticismo positivo y respondiendo activamente.

Siguieron las presentaciones de representantes de Rusia, China, España y Egipto. El representante de Pensar en España y miembro consultor del CSICOP, Luis A. Gámez, relató dos hechos de repercusión en su país: un “alerta OVNI” (del que ya informáramos aquí) promovido por una de las principales cadenas de radio, y el presunto descubrimiento de la Atlántida. Gámez sugirió un desafío, esta vez a los escépticos: pensar como periodistas, escribir historias interesantes, informar buscando el costado atractivo, en síntesis, ganar público.

Medicinas alternativas

Pasado el mediodía, Edzard Ernst, Barry Beyerstein, Willem Betz, Ricardo Luccio y Wally Sampson, mostraron, a través de sus respectivas presentaciones, cuán peligroso puede resultar para la sociedad la adopción de medicinas de eficacia no comprobada, un campo en el que no faltan la incompetencia de autoridades universitarias y políticos científicamente analfabetos. Betz, claro y frontal, realizó una exposición brillante y detallada, destacando la importancia crucial de un diagnóstico correcto y un tratamiento pertinente, mientras que Sampson criticó al relativismo cultural, al posmodernismo y a la aceptación acrítica de ciertos conceptos y teorías propagados por la “infoganda”, es decir, la mezcla de información con propaganda política, tantas veces utilizada para promover hipótesis y disciplinas sin sustento alguno. Ferluga y Kurtz cerraron el Congreso, despidiéndose hasta el próximo encuentro mundial, que tendrá lugar en Beijing, China, en 2006. ¡Allí nos vemos!

 


Más información en www.cicap.org/congress/.

Agradecimientos

Agradezco a Paola de Gobbi y Luis A. Gámez.

Notas

  1. A pesar de ello, no pudieron revelarse dos misterios que desde hace años intrigan a la Humanidad entera: a) por qué, a pesar de las advertencias y sugerencias siguen sonando los teléfonos celulares durante las presentaciones y, b) por qué, a la hora en que al público le toca hacer preguntas, en el 95 por ciento de los casos nos encontramos con largas y aburridísimas exposiciones que no le interesan a nadie, excepto al que las formula. Teniendo en cuenta que estos enigmas no se revelarán jamás, pasemos a comentar el Congreso, que contó con magníficas intervenciones.
  2. Véase www.luigigarlaschelli.it/spada/resoconto1292001.html.
  3. Lo curioso es que este filme es parte de la investigación realizada por Daniel Simons y Christopher Chabris “Gorilas entre nosotros”, por la cual se hicieron acreedores al Ig Nobel de Psicología 2004. (Ver “Pastillas” en este número de Pensar).
  4. Tómese nota: las presentaciones de Nickell, Hyman y Wiseman necesitarían actualizarse; varios de los temas que trataron ya habían sido expuestos en el anterior Congreso, realizado en Burbank, California, en 2002. Estando en actividad y habiendo realizado tantas investigaciones, es una pena que no hayan renovado sus ponencias esta vez.