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OVNIS en el arte prehistórico

Algunos ufólogos han observado la presencia de los siempre escurridizos extraterrestres en el primer arte.


Uno de los ovnis observados por Antonio Ribera en la cueva de Altamira (Cantabria, España), en realidad, un signo claviforme. Está situado sobre la pata de una gran cierva.
Uno de los ovnis observados por Antonio Ribera en la cueva de Altamira (Cantabria, España), en realidad, un signo claviforme. Está situado sobre la pata de una gran cierva.

Los astronautas de la antigüedad fueron una popular variante de la fiebre extraterrestre y ufológica desencadenada durante la segunda mitad del siglo XX. Gracias a autores tan ilustres como el hostelero suizo Erich von Däniken, el inefable Jacques Bergier y el turista Robert Charroux se extendió la idea de que la Humanidad fue visitada por civilizaciones alienígenas que influyeron en su historia y desarrollo. Maravillas como las pirámides egipcias, las construcciones incas de Cuzco y las esculturas de la isla de Pascua, por citar sólo tres ejemplos, no se pueden explicar con la tecnología y los medios atribuidos a sus correspondientes culturas por los arqueólogos oficiales de mente cerrada. En realidad, todas esas cosas fueron realizadas por extraterrestres o, en su defecto, por torpes indígenas asesorados por los hermanos mayores del espacio.

“Platillos volantes” prehistóricos, recogidos por Aimé Michel y Antonio Ribera de varios yacimientos franceses.
“Platillos volantes” prehistóricos, recogidos por Aimé Michel y Antonio Ribera de varios yacimientos franceses.

Däniken y sus colegas esgrimían como prueba de su argumentación todo tipo de obras de arte antiguas. ¿Quién no recuerda al gran dios marciano de Tassili o las bombillas eléctricas observadas por Däniken en varios jeroglíficos egipcios? En el pensamiento danikeniano —o charrouxiano, o bergieriano, si se prefiere— el hombre primitivo veía toda clase de ingenios alienígenas que no comprendía y los reproducía torpemente. Una variante poco conocida de esta “teoría” retrotrae el testimonio de las visitas extraterrestres hasta el Paleolítico. Esta versión de los “ancient astronauts” fue expuesta en España por Antonio Ribera, escritor de ciencia ficción, brillante traductor, pionero del buceo y ufólogo, en su libro ¿De veras los ovnis nos vigilan? (Plaza & Janés, 1977), en el que respondía con un entusiasta “sí” a la pregunta del título. Ribera tomó la idea de los ovnis prehistóricos de su corresponsal y amigo Aimé Michel, ufólogo francés que ya había desarrollado la cuestión por su cuenta en un artículo de la revista Flying Saucer Review, publicado en fecha tan temprana para este tipo de temática como 1969.

Un punto de partida erróneo

En su libro, Ribera repasa una serie de cuevas decoradas por los cazadores recolectores del Paleolítico superior, entre los 30.000 y los 10.000 años antes del presente. El ufólogo catalán menciona, clasifica y comenta representaciones de platillos volantes en cavidades como las españolas de Altamira, Las Chimeneas, El Castillo; y las francesas de Pech Merle, Pair Non Pair, Cougnac, Les Combarelles, Font de Gaume y Rouffignac, entre otras. Para identificar los ovnis del arte rupestre, parte de un supuesto erróneo que todavía se puede leer en muchos libros de divulgación: que el arte de las cavernas es realista. Los cromañones habrían sido pintores realistas que intentaban reproducir lo que veían con la mayor fidelidad posible al modelo.

El ejemplo ilustrativo son esos magníficos bisontes del techo de Altamira, los impresionantes caballos de Ekain y los asombrosos mamuts y rinocerontes lanudos de Rouffignac. Ribera lo explica con claridad: “El arte francocantábrico se distinguía por su realismo. (…) era de un realismo extraordinario, y se centraba en la representación de animales, posiblemente con finalidades mágicas y totémicas”. Así, el ufólogo encuentra cosas raras entre los bisontes y los ciervos: “Pero, en medio de estas representaciones de animales, encontramos otras que hasta ahora desafiaban toda interpretación y que constituían un enigma irritante para los arqueólogos”. Ribera se refiere a lo que técnicamente se denominan signos, pero que con su idea del realismo prehistórico absoluto se transforman en otra cosa bien distinta: “Y lo que estos remotos antepasados nuestros reprodujeron en las paredes de sus cuevas eran ni más ni menos que lo que a partir de 1947 se han llamado ‘platillos volantes’”.

El ufólogo describe su sorpresa al visitar una de estas grutas: “Recuerdo el asombro que se apoderó de mí en una de las cuevas santanderinas de Puente Viesgo, precisamente en la llamada de la Pasiega, al ver representada en una recóndita oquedad la silueta, tan familiar para mí, de la gigantesca astronave extraterrestre que fotografió Ed Keffel en la localidad brasileña de Barra de Tijuca, en mayo de 1952”. En realidad, la gigantesca astronave que fotografió Ed Keffel era una maqueta, pero es posible que Ribera no se enterara nunca de ello. En cualquier caso, vio en La Pasiega lo que quiso ver, al igual que en otras cuevas observó éste o aquel platillo famoso. Su razonamiento era el mismo que llevó a Däniken a descubrir un astronauta en una lápida maya y que conduce de nuevo a Juan José Benítez a decir tonterías sobre Tassili. El hombre primitivo es simple. El hombre primitivo pinta lo que ve. ¿Qué pueden ser sino extraterrestres estilo “X-Files” esas figuras antropomorfas que se pueden ver en las cuevas de Cougnac y Pech Merle? ¿Y qué significan esas extrañas formas con aspecto de sombrero mejicano de perfil que se ven en Altamira?

Reproducción del grabado de un hueso encontrado en el yacimiento del castillo de Les Eyzies (Perigord, Francia), muy cerca de Cro Magnon. Parece representar a un grupo de cazadores que se dirige hacia un bisonte desproporcionado.
Reproducción del grabado de un hueso encontrado en el yacimiento del castillo de Les Eyzies (Perigord, Francia), muy cerca de Cro Magnon. Parece representar a un grupo de cazadores que se dirige hacia un bisonte desproporcionado.

Pintores con mucha imaginación

Lamentablemente, el argumento ufológico falla por su base, porque los prehistóricos no eran pintores realistas o, mejor dicho, lo eran o dejaban de serlo a su antojo. Es cierto que algunas de las obras cumbre del arte rupestre parecen reproducir modelos animales con afán de fidelidad al natural. Pero, si se echa un vistazo al catálogo completo del arte rupestre europeo, veremos de todo, desde el realismo de esos famosos bisontes de Altamira hasta la auténtica abstracción entendida como sucesiones de puntos, manchas, figuras geométricas y trazos sueltos o en grupo.

En contra del tópico esgrimido por Ribera, los artistas paleolíticos eran muy imaginativos y mostraban una marcada tendencia a la esquematización y la reducción de formas que a menudo les llevaba a trazar figuras irreconocibles. Un ejemplo magistral de este esquematismo o estilización son los caballos moteados de Pech Merle, situados, por cierto, a escasos metros del “alienígena” observado por Michel y Ribera. No es cierto, por tanto, que los artistas prehistóricos pintaran movidos sólo por el realismo. De hecho, son muy imaginativos y, a veces, desconcertantes. Por ejemplo, entre los bisontes de Altamira hay uno acéfalo. ¿Acaso su autor vio un bisonte sin cabeza correteando en una manada?

Los platillos voladores descritos por Ribera y Michel son lo que los arqueólogos denominan signos. Algunos fueron definidos en su día como “tectiformes” porque recuerdan ligeramente a construcciones o cabañas, aunque esta interpretación no se basa en evidencia directa alguna. Entre los especialistas, se ha llegado a la conclusión de que se trata de marcadores tribales o territoriales, aunque se discute precisamente qué es lo que deben significar. Para otros autores, como Jean Clottes y David Lewis Williams, estos signos son producto de artistas que trabajaban en estados alterados de conciencia. Ambos expertos expusieron esta teoría en su libro Les chamanes de la prehistoire, en el que afirmaban que el arte paleolítico era un arte chamánico, al igual que lo es hoy día el de los aborígenes australianos.

1. La figura está pintada en la cueva de Pech Merle (Lot, Francia), representa a un hombre al parecer alanceado, nótese el ‘ovni’ sobre su cabeza. 2 y 3. Estas figuras parecen reproducir el mismo motivo y se encuentran ambas en la cueva de Cougnac (Lot), Francia. Las dos cuevas se encuentran muy cerca la una de la otra.
1. La figura está pintada en la cueva de Pech Merle (Lot, Francia), representa a un hombre al parecer alanceado, nótese el ‘ovni’ sobre su cabeza. 2 y 3. Estas figuras parecen reproducir el mismo motivo y se encuentran ambas en la cueva de Cougnac (Lot), Francia. Las dos cuevas se encuentran muy cerca la una de la otra.

Humanoides en un hueso grabado

En cuanto a los humanoides, los artistas paleolíticos tendían a representar a las personas de forma muy esquemática, aunque también hay excepciones en este arte que en realidad no tenía reglas. Los alienígenas que Ribera y Michel ven en Cougnac son muy parecidos a los personajes que aparecen en un hueso grabado encontrado en el yacimiento de Chateau, en Les Eyzies. En esta pieza se ve una serie de estas figuras, de las que sólo se perfila la cabeza y el cuerpo. Es evidente que no son extraterrestres, puesto que caminan llevando al hombro una o dos jabalinas y se dirigen hacia un desproporcionado bisonte ¿Acaso se fueron los extraterrestres de caza cuando bajaron del platillo?

Similares personajes con aspecto de alien aparecen en muchas piezas de arte, tanto portátiles como parietales. En la cueva de Saint Cirq, en el Perigord, se puede ver grabado uno de estos antropomorfos esquemáticos. El artista prehistórico redujo al mínimo los detalles salvo uno: el pene enorme que representó con contrastado realismo y que hoy el guía muestra a las asombradas visitas con alborozo nada disimulado. ¿Tendrán pene los extraterrestres? Una de estas figuras, localizada en la cueva de Marsoulas, fue bautizada como “El fantasma” por los arqueólogos. Se ve que se equivocaron de fenómeno paranormal.