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Peligrosamente falso: Leyendas urbanas sobre el robo de órganos

La mera idea de que nos extirpen partes del cuerpo es de por sí aterradora: nadie desea una operación o amputación. Inclusive aquellos que deben someterse a una cirugía no necesariamente quieren que le extraigan el órgano afectado, más bien desean solucionar su problema de salud. Ahora bien, la idea de que a uno le roben una parte del cuerpo es mucho más terrible. Es la base de la leyenda urbana sobre el secuestro de órganos, y es común oír hablar de ella. La película Coma (1978), protagonizada por Michael Douglas, contaba la historia de ciertos médicos inescrupulosos que robaban los órganos de pacientes comatosos. Más recientemente, en el filme The Harvest (1992), un guionista descubre un mercado negro de riñones en Centroamérica. También se trata el secuestro de órganos en la aclamada película brasileña Central do Brasil, en la cual un joven se escapa de una “agencia de adopción” donde los niños son utilizados como proveedores de órganos. El espinazo del diablo (2001), filme de Guillermo del Toro, también hace referencia a ladrones de cuerpos cuando uno de los personajes sugiere el destino de un niño desaparecido (nótese que es un niño, no un hombre): “Venden la sangre a los ricos para que se curen de la tuberculosis”. La compra y venta de riñones provenientes de desesperados donantes también se vio en Dirty Pretty Things (2002).

Estas nociones cuasi-vampíricas están vivas y coleando en el mundo real— especialmente en Latinoamérica— y no sólo en la ficción cinematográfica. Varios asesinatos en distintos lugares, incluyendo Juárez, México y Altamira, Brasil, se atribuyeron a traficantes de órganos y adoradores de Satán. En la provincia guatemalteca de Huehuetanango, un anciano turista japonés fue asesinado en 2000 por acariciar la cabeza de un bebé. La madre del niño entró en pánico. Creyó que el turista era un acólito de Satán sediento de sangre que iba a apuñalar a su hijo para sacarle el corazón y usarlo en un ritual. El vendedor ambulante Pérez Mendoza incitó a una turba a matar no sólo a los turistas sino a los policías guatemaltecos que intentaban protegerlos. Otro turista japonés y un chofer de ómnibus fueron asesinados a machetazos y los restos del último fueron quemados con gasolina. Tal es el miedo que pueden generar rumores y leyendas.

En la sociedad actual las leyendas urbanas se están popularizando cada vez más, e Internet ayuda a esparcirlas a velocidades sin precedentes.

Presionando unas pocas teclas, por medio de Internet se puede enviar a millones de personas toda clase de mentiras, rumores, conjeturas, verdades e invenciones. Y desde esta perspectiva debe ser examinada la leyenda urbana del secuestro de órganos1. Mucha gente cree que el secuestro de órganos ocurre de verdad, así como otros creen en cultos y conspiraciones satánicas organizadas. La tipología número 1 de Niño Secuestrado —de acuerdo a la leyenda urbana del secuestro de órganos— corresponde a un niño del tercer mundo, indefenso, al que se le extirpan los órganos. El rumor típico es que los niños de la India, de las Filipinas y de Latinoamérica (mayormente los de Guatemala, Honduras y Brasil) son secuestrados y vendidos a norteamericanos o europeos ricos (Brunvand, 1993). Los robos más nombrados son los de riñones y córneas. He aquí algunos elementos incluidos en esta historia:

  • La escena del secuestro del niño se presenta como un hecho terrorífico. En algunos relatos, un allanamiento llevado a cabo por la policía descubre chicos aterrorizados, amontonados, esperando ser llevados, aunque no se dan más detalles.
  • Los chicos invariablemente provienen de un país del tercer mundo. Esto es muy importante ya que las leyendas sobre esta clase de secuestros alimentan el sentimiento antinorteamericano latente en toda Latinoamérica.
  • La víctima es, por supuesto, un niño indefenso e inocente. No es parte de esta historia dilucidar cómo se las arreglan los secuestradores para conseguir al niño porque se asume que éste puede ser fácilmente secuestrado en la calle y dado luego por muerto. Aunque generalmente se ignora la identidad de los niños secuestrados para extraerles los órganos, varios de ellos —a los que se les habían extraído las córneas— salieron a contarlo. Estos testimonios son frecuentemente seguidos por cronistas y periodistas en busca de una nota. Fue famoso el caso de Pedro Reggi, un niño que decía que le habían sacado las córneas por la fuerza mientras estaba internado en el neuropsiquiátrico Colonia Dr. Manuel Montes de Oca, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. El relato vio la luz en un programa de televisión británico-canadiense titulado Body Parts Business (El negocio de las partes del cuerpo), y luego fue emitido en un programa de televisión llamado Organ Snatchers (Secuestradores de órganos). El 25 de noviembre de 1993, cuatro días después de que fuera televisado el alegato original, Reggi y su hermanastro, Mario Barretto, asistieron al programa de televisión argentino Hora Clave para retractarse de lo que habían dicho. Barretto reveló que un oftalmólogo examinó a Reggi ese mismo día y encontró que sus córneas estaban intactas, aunque deterioradas debido a una enfermedad. Una investigación posterior que descubrió la historia clínica de Reggi, confirmó que la pérdida de la visión se debió a causas naturales (Leventhal, 1994).
Póster publicitario de El Espinazo del Diablo, filme que hace referencia a ladrones de cuerpos que venden sangre.
Póster publicitario de El Espinazo del Diablo, filme que hace referencia a ladrones de cuerpos que venden sangre.

Un segundo alegato emitido en Body Parts Business fue el del niño hondureño de ocho años Charlie Alvarado. El niño afirmaba haber sido secuestrado por extranjeros que querían vender sus órganos, pero de alguna forma se las ingenió para escapar después de cuatro días. Los productores del documental aparentemente creyeron que tenían suficiente información y no pasaron al aire ningún análisis crítico de las afirmaciones del niño. Esto llegó a Spiegel Television, en Alemania, en donde se examinaron los supuestos robos de órganos, incluyendo el de Charlie Alvarado. Tal como informó Todd Leventhal, quien perteneció a la USIA (Agencia de Información de los Estados Unidos), “de acuerdo a la emisión del 20 de junio de 1993 de Spiegel Television sobre este asunto, una investigación sobre los relatos de Alvarado llevada a cabo por juzgados hondureños reveló que la historia de Charlie era una invención”. “Alvarado no podía recordar el día en que supuestamente fue secuestrado, no tenía marcas de las cuerdas con que él dijo que había estado fuertemente atado durante días, y los dos trabajadores extranjeros a los que él había acusado de secuestrarlo fueron liberados por falta de evidencia” (Leventhal, 1994). A pesar de semejantes descuidos, Organ Snatchers ganó en 1995 el prestigioso premio francés de periodismo Albert Londres (Barry, 1995). En este documental también apareció una mujer colombiana, la señora Luz Dary Vargas, quien afirmó que su hijo Weinis Jeison había sido víctima de este horrible crimen. Contó que cuando Jeison se enfermó, lo llevó a un hospital local, en donde le extirparon las córneas, una historia realmente terrible. Pero cuando la Oficina Colombiana de Derechos Humanos investigó el robo, la historia comenzó a desentrañarse. En un informe publicado el 4 de febrero de 1994, la oficina halló que de hecho Jeison se había quedado ciego por causas naturales. A principios de febrero de 1993, el niño fue hospitalizado con numerosos problemas de salud, incluyendo “infección ocular bilateral severa”, lo que lo llevó a la ceguera bastante antes de haber relatado el episodio del robo de las córneas. El informe también afirmaba: “la madre del menor Weinis Jeison, la Sra. Luz Dary Vargas, recibió la suma de 40.000 pesos colombianos (unos 60 dólares estadounidenses) de un periodista francés… por la versión de la historia que le dio acerca del niño”. “… También señalamos que el susodicho periodista no cuestionó el testimonio verbal dado por la humilde madre campesina acerca del menor en cuestión en las instituciones de salud en donde el niño asistió… tampoco se consultó al personal de salud… ni se consultaron las historias clínicas, como habría de esperarse (Leventhal, 1994). También aparecieron otros denunciantes, pero en tales estudios se repite el mismo patrón de relatos, investigación y subsecuente refutación. Frecuentemente, la denuncia original recibirá atención internacional, pero el seguimiento posterior, más sobrio, refutando las denuncias, sólo llegará a las noticias locales. Esto dificulta la tarea de los investigadores, que usualmente pasan por alto las noticias locales o pequeñas.

La venta de órganos en China e India

Sería ingenuo creer que en el mundo no existe el comercio de órganos. Hay muchos casos verificados de venta de órganos; de hecho, en algunos países vender un órgano propio es perfectamente legal. En los Estados Unidos no está permitido, aunque algunos han sugerido que legalizar la venta salvaría vidas y sería beneficioso para toda la gente involucrada en este asunto. En la India, por ejemplo, algunos adultos venden voluntariamente uno de sus riñones. En 1994, el Parlamento indio aprobó una ley que prohibía comprar o vender órganos humanos para transplantes, pero “una cláusula en la ley permite que la gente que mantiene lazos afectivos con el recipiente done sus órganos con la aprobación del comité” (Cohen, 1998). Otro ejemplo es el caso de los órganos extraídos a prisioneros chinos recientemente ejecutados. Aunque el gobierno chino dice que tal recolección de órganos raramente se lleva a cabo, y sólo con el consentimiento de los prisioneros, varias organizaciones de derechos humanos afirman lo contrario. En un informe de Human Rights Watch/Asia, de 1994, constan pruebas documentadas de que algunos prisioneros condenados son asesinados y se les extirpan sus órganos inmediatamente después de la ejecución. Además concluye que los prisioneros ejecutados son la “principal fuente” para el transplante de órganos en China (Leventhal, 1994); Amnesty International llegó a una conclusión similar.

Coma, filme cuya trama gira alrededor de ciertos médicos inescrupulosos que roban los órganos de pacientes comatosos.
Coma, filme cuya trama gira alrededor de ciertos médicos inescrupulosos que roban los órganos de pacientes comatosos.

La leyenda urbana gana credibilidad

La leyenda del secuestro de órganos alcanzó su pico de popularidad a mediados de los años 90, cuando varias organizaciones conocidas dieron credibilidad a los rumores. Como se dijo antes, varios medios publicaron historias acerca del tráfico de órganos de niños, incluyendo al diario Correio Braziliense y a un libro publicado en España titulado Niños de repuesto. Se le dio más credibilidad al tema cuando la Organización Mundial contra la Tortura (World Organization Against Torture) emitió un informe de su director, Eric Sottas, en marzo de 1994. El artículo, titulado “El comercio de órganos y la tortura”, contenía una lista de seis países latinoamericanos que estaban confirmados como traficantes de órganos de niños. Sottas revisó numerosos relatos de tráfico de órganos, muchos de ellos desacreditados hacía largo tiempo. Sottas incluyó, por ejemplo, el caso de Pedro Reggi, el niño argentino mencionado anteriormente, quien había perdido su vista debido a una enfermedad y no por robo de córneas. La leyenda niños llegó inclusive al Parlamento Europeo. Como señala Leventhal (1994), el Parlamento Europeo adoptó una “Resolución sobre la prohibición del comercio en el transplante de órganos” el 14 de setiembre de 1993. La resolución “llama a tomar medidas para frenar la mutilación y asesinato de fetos, niños, y adultos en ciertos países en desarrollo cuyo propósito es proveer órganos para transplantes”. La resolución se basó en un informe proporcionado por el investigador especializado Leon Schwartzenberg, ex ministro de Salud de Francia. El informe de Schwartzenberg creía en las leyendas de secuestros de órganos, y el autor basó sus conclusiones en muchas fuentes dudosas y desmentidas. Rafael Matesanz, coordinador nacional de transplantes de la Organización Nacional Española para los Transplantes, preparó un informe en respuesta a la resolución en la cual decía: “La referencia (a los rumores sobre tráfico de órganos de niños) en un documento oficial controlado por el Parlamento Europeo es impropia desde cualquier punto de vista, porque implica el reconocimiento de que esas prácticas existen…” (citado en Leventhal, 1994).

Afirmaciones dudosas

Con tantos informes y rumores, y con tantos denunciantes de secuestros de órganos, el mito parece razonable para mucha gente. Después de todo, ocurren cosas raras todo el tiempo; ¿por qué no podría esto ser verdad? La respuesta es que, como en toda leyenda urbana, simplemente no se encuentra la evidencia. Ya que las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, el peso de la prueba recae en aquellos que denuncian que tal comercio realmente ocurre. Por ahora, la evidencia está lejos de ser satisfactoria. Por el contrario, muchos factores contribuyen para que las denuncias de secuestro de órganos sean sospechosas. Para empezar, sería casi imposible completar un ciclo entero de secuestro de órganos. Los transplantes de riñón no son procedimientos simples que se puedan hacer en la cocina. Se debe utilizar equipamiento médico complejo, y los donantes y receptores deben ser cuidadosamente compatibilizados. Los análisis de tipo sanguíneo y de tejidos y los tests de histocompatibilidad deben hacerse por anticipado. La operación llevaría entre cuatro y seis horas y requiere de diez a veinte personas, incluyendo tres miembros del equipo quirúrgico, un anestesiólogo, y dos enfermeras. En los Estados Unidos o en Occidente sería prácticamente imposible ensamblar un gran equipo con personal médico altamente entrenado que desee involucrarse en semejante conducta ilegal e inmoral. El personal médico, muy bien pago en los Estados Unidos y en el exterior, no correría el riesgo de llevar a cabo esas operaciones exponiendo sus licencias y su reputación.

Peligros de las leyendas

Las leyendas urbanas sobre secuestros de órganos provocan muchos efectos perjudiciales. El miedo a que los órganos sean robados por gente de cierta reputación hace que las donaciones de órganos disminuyan. Por ejemplo, en la provincia argentina de Córdoba, las donaciones disminuyeron en un 90 por ciento después de que se corrió el rumor del secuestro. Y, de acuerdo con Leventhal (1994), “después de que los cargos falsos por robos de córneas en Colombia fueran publicitados por un programa de la televisión francesa en noviembre de 1993, las donaciones de córnea en Colombia se desplomaron, cayendo un 90 por ciento, de acuerdo con la Asociación Panamericana de Bancos de Ojos. Antes de las falsas denuncias, las donaciones de córnea en Colombia promediaban 94 por mes, pero después del programa cayeron a 8–10 por mes”. Esta reacción pública costó vidas humanas, especialmente en casos de riñones y otros órganos. Cada riñón, córnea, o cualquier otro órgano que no se dona significa un órgano menos que podría ayudar a alguien a ver o a vivir un año más. En muchas áreas de pobreza, tales como las favelas o barrios pobres de Brasil, la gente podría evitar tratarse en los hospitales públicos por miedo a que le roben los órganos (Scheper-Hughes, 1998). Los resultados pueden ser trágicos ya que los pobres son aquellos que más necesitan de los servicios médicos. La United Network for Organ Sharing (Red Unida para compartir órganos) emitió un comunicado en donde fijó su posición el 21 de febrero de 1997, titulado “Desmitificando el engaño del robo de riñones”, en el cual puede leerse: “No existe la menor evidencia de que tal actividad haya ocurrido alguna vez en los Estados Unidos.” “… pero es posible que algunos crean en ella y se decidan en contra de la donación sin otro motivo que el miedo innecesario”. La National Kidney Foundation (Fundación Nacional para el Riñon), en un esfuerzo para disipar el rumor ha solicitado que cualquiera que afirme haber sido víctima de un robo ilegal de riñón dé un paso adelante y entre en contacto con la fundación. Todavía nadie ha presentado un caso verificable en el cual un niño o un adulto hayan sido secuestrados y se les haya extraído algún órgano. Las adopciones entre países también se resienten. Miles de niños que podrían ser adoptados por familias norteamericanas o europeas permanecen en orfanatos en toda Sudamérica. Las agencias locales de adopción se vuelven susceptibles porque pueden caer en el descrédito si la comunidad empieza a sospechar que están en conexión con traficantes de bebés o de órganos. Mientras una disminución en la donación de órganos puede matar gente indirectamente, algo mucho peor puede ocurrir cuando se esparcen rumores infundados y se empieza a actuar en consecuencia.

En la película Central do Brasil, un joven se escapa de una “agencia de adopción” donde los niños son utilizados como proveedores de órganos.
En la película Central do Brasil, un joven se escapa de una “agencia de adopción” donde los niños son utilizados como proveedores de órganos.

Los extranjeros han sufrido ataques espontáneos, muchos a mediados de los años 90. En marzo de 1994, Melissa Larson, una mujer de Nuevo México, estaba haciendo dedo en Guatemala cuando fue llevada a la cárcel para un interrogatorio de rutina. Pronto corrió el rumor, en la ciudad de Santa Lucía Cotzumalguapa, de que ella había sido detenida por vender bebés y órganos de bebés. Cuando fue transferida a una cárcel más grande, la gente se alborotó, creyendo que había sobornado a los guardias para que la dejen en libertad. El tumulto dejó sesenta personas hospitalizadas y produjo cincuenta arrestos (Morello, 1994). Al mes siguiente la nativa de Alaska June Weinstock fue golpeada hasta quedar inconsciente por una horda de 300 personas enfurecidas al oeste de Guatemala. La mujer, de 52 años, sufrió varias heridas, tres fracturas de cráneo, un brazo y una pierna rotos. Cayó en coma poco después y, hasta 1994, se había recobrado del coma pero permanecía severamente deteriorada. Weinstock fue acusada de secuestrar a un niño de ocho años quien verdaderamente se encontraba en una procesión religiosa y luego había regresado a su casa (Canto, 1994). A pesar de los peligros que implican tales rumores, las denuncias todavía circulan por ahí.

En julio de 1998, se citó al Cardenal mexicano Juan Sandoval Iñiguez en El Informador, un diario líder en Guadalajara, diciendo que 20.000 niños mexicanos habían sido secuestrados y transportados al exterior de manera que sus órganos pudieran ser recolectados. El Cardenal no pudo presentar ninguna evidencia de lo que afirmó, o nombrar cuál era el país que supuestamente estaba importando los niños (Forbes, 1998). Y hacia fines de 1998, la policía de Brasil supuestamente creía que había habido robo de órganos en siete casos de desaparecidos en el Amazonas.

Es importante recordar que las leyendas urbanas no son necesariamente inofensivas, y de hecho pueden causar serios daños a personas reales, inocentes. Los rumores, las leyendas urbanas, y la desinformación pueden conducir fácilmente al desastre, y a todos nos sirve que sean sometidas al escrutinio escéptico.

 


Nota

  1. Algunas de las partes del cuerpo mencionadas aquí, como las córneas, grasa, y ojos, no son órganos. La distinción es importante porque las córneas, al ser tejido no-vascular, no necesitan ser implantadas inmediatamente. Pueden ser útiles por una o dos semanas, mientras que un riñón debe ser implantado dentro de los dos días. Esto explica por qué las denuncias de riñones robados en áreas rurales y embarcados a Europa, por ejemplo, son altamente sospechosas: dichos riñones no podrían utilizarse cuando llegaran a destino.

Referencias

  • Barry, John, and David Schrieberg. 1995. Too Good to Check. Newsweek, June 26.
  • Brunvand, Jan Harold. 1993. The Baby Train and Other Lusty Legends. New York: W.W. Norton.
  • Campion-Vincent, Veronique. 1990. The Baby-Parts story: A new Latin American legend. Western Folklore 49:9–25.
  • Canto, Minerva. 1994. Rumors nearly killed N.M. traveler. Albuquerque Journal 17 April.
  • Cohen, Lawrence. 1998. Citado en Scheper-Hughes, Nancy.
  • Forbes, Michael. 1998. Cardinal helps spread child organ-trafficking myth. Colony Guadalajara Reporter 4 July.
  • Ferreri, Eric. 1998. Urban legends pick up steam on the Internet. Buffalo News, 15 April.
  • Leventhal, Todd. 1994. The child organ trafficking rumor: A modern “urban legend”. U.S. Information Agency Report to the United Nations Special Rapporteur. Washington D.C.: U.S. Information Agency.
  • Mikkelson, Barbara and David P. Mikkelson. 1998. You’ve got to be kidneying. Página de referencia sobre leyendas urbanas. Web site: http:snopes.simplenet.com.
  • Morello, Carol. 1994. Baby theft panic cools Guatemalan tourism, adoptions. Albuquerque Journal 17 April.
  • Radford, Benjamin. 1996. Lik’ichiri: menace or myth? Bolivian Times 9 May.
  • Scheper-Hughes, Nancy. 1998. Truth and rumor on the organ trail. Natural History, October.
  • Schramm, Raimund. 1988. Monstruos dormidos, héroes cuturales y plantas en crecimiento. Biblioteca Ethnologia. Boliviana: Cochabamba.

Versión actualizada en castellano del artículo “Bitter Harvest: The Organ-Snatching Urban Legends”, aparecido originalmente en The Skeptical Inquirer, Vol. 23, No 3, May/June 1999.