Reseñas

Pirámides y arqueología fantástica

0302bookLas pirámides de Güímar. Mito y realidad. Antonio Aparicio Juan y César Esteban López. Centro de la Cultura Popular Canaria, La Laguna, España, 2005.


Para mí siempre es motivo de alegría la aparición en el mercado editorial de un libro dedicado a la crítica de alguna de esas materias imaginarias, irracionales o pseudocientíficas con que pretenden tomarnos el pelo ciertos medios de comunicación. En la pseudociencia pura y dura debemos encuadrar la monomanía en torno a la historia alternativa y las interpretaciones heterodoxas de algunos publicistas en los medios. En Tenerife contamos con un destacado ejemplo en los amontonamientos de piedras de Chacona, en Güímar, que desde los primeros años noventa del pasado siglo saltaron a la fama por obra y desgracia, fundamentalmente, de unos pocos ocultistas, que veían en ellas la confirmación de fantasiosas teorías arqueológicas.

Quince años después de la explosión mediática de las “pirámides” de Güímar, el libro de Antonio Aparicio y César Esteban, dos astrofísicos del Instituto de Astrofísica de Canarias y también arqueoastrónomos, viene a ordenar la información más destacada que existe al respecto y a servir de guía al interesado en este destacado episodio local en el que se mezcla la ciencia y la especulación desaforada y sin base. Se ha hecho esperar, pero aquí está.

Los autores comienzan su recorrido indicando cómo nació su interés por las construcciones güimareras. Me parecen especialmente acertados estos detalles al tratarse de un libro que, a buen seguro, va a ser leído por interesados en presuntos enigmas del pasado y creencias varias. Vemos a dos científicos que, al contrario de lo que se difunde entre círculos creyentes en conspiraciones con una idea pedestre de lo que es la investigación científica, se acercan a un objeto de fabricación humana sin ideas preconcebidas y sin una conclusión previa para la que hay que buscar pruebas, proceder habitual de la pseudociencia.

Se trata de un libro muy recomendable por dos motivos fundamentales: porque desmitifica una construcción relativa a nuestro pasado y porque muestra de manera comprensible y amena cómo se ha llevado a cabo esta labor, es decir, los autores realizan un esfuerzo pedagógico sobre cómo funciona la ciencia, qué es probar científicamente y qué es, al contrario, lanzar palabras al viento para encandilar a los más propensos al pensamiento mágico: “Enviar notas a la prensa con afirmaciones gratuitas pero con fuerte calado social es relativamente sencillo. Abordar y llevar a término un trabajo sistemático, que puede durar varios meses, para contrastar una pequeña afirmación es mucho más difícil” (p. 42). ¿Alcanzarán algún día los alternativos a comprender este escenario? Quizá deberían empezar por el primer capítulo del libro que reseñamos, aunque en él sólo se hable del método científico y su procedimiento, puerta en la que se pillan los dedos una vez tras otra desde los hiper-difusionistas a los vendedores de pensamiento “mágico”, pasando por los presentadores de programas televisivos de hechos “misteriosos”.

Aparicio y Esteban han conseguido que su libro sea un magnífico ejercicio de crítica a un ejemplo popular de pseudociencia arqueológica; mayor mérito, ya que el falseamiento de la historia y de la investigación arqueológica está a la orden del día en numerosas colecciones de libros y revistas especializadas en heterodoxias y visiones alternativas del pasado, en los que los bueyes se suelen colocar detrás de las carretas.

Los autores pasan revista a las noticias periodísticas de la década, a las fantasiosas declaraciones de Thor Heyerdahl y de los ocultólogos locales, y recuerdan los resultados de las excavaciones de los arqueólogos de la ULL; todo ello debería haber bastado, desde un principio, para que este asunto quedara como un curioso ejemplo de construcción orientada astronómicamente, pero carente de interés arqueológico.

El interesante resumen sobre el origen y evolución de la masonería da paso a unos retazos de la vida del más que probable inspirador de la orientación solsticial de los majanos de Güímar: el masón Antonio Díaz Flores, propietario del solar en el momento en que aparece la primera referencia escrita a estas construcciones: su testamento, redactado en 1872. A ello hay que sumar las circunstancias agrícolas de las décadas anteriores (auge del cultivo de la cochinilla) y el hallazgo en otras partes del mundo de “pirámides” idénticas a las tinerfeñas con igual función de limpieza del terreno para cultivo. Su orientación astronómica sería, entonces, un bello añadido propiciado por el universo ideológico del dueño del terreno en el que fueron erigidas.

En resumen, se trata de un libro claro, informativo y con el valor añadido de mostrar cómo se razona científicamente, ateniéndose a hechos comprobados y seguros para llegar a conclusiones plausibles, económicas y bien fundadas. Y la principal de éstas es que los majanos de Güímar fueron construidos en el siglo XIX por motivos agrícolas. Quien argumente en contra tendrá que aportar pruebas objetivas y contrastables tan contundentes como la afirmación que se pretende sustentar, tal y como indican los autores al final de su obra.