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Psicofonías: ¿mensajes de ultratumba?

Todos hemos oído hablar de las psicofonías. Hace tiempo que estas ”voces de los muertos” forman parte de la cultura de masas. Lo demuestra su aparición en éxitos del cine de terror como El sexto sentido, The ring y especialmente la reciente White noise. Incluso la conservadora Real Academia Española registra desde 2001 una definición precisa en su diccionario: “1. f. En parapsicología, grabación de sonidos atribuidos a espíritus del más allá.”

Las psicofonías o fenómeno electrónico de voces (en inglés, EVP) son una parte de la llamada transcomunicación instrumental (TCI), una especialidad parapsicológica dedicada al contacto con los espíritus por medio de medios electrónicos. Dejando de lado la producción impresentable de cazafantasmas y farsantes televisivos, ¿hay algo de verdad en esta comunicación con el más allá?

La tradición espiritista

Para entender el origen de la transcomunicación instrumental y de la misma parapsicología es indispensable remontarse hasta sus orígenes a mediados del siglo XIX.

Aunque la creencia en los espíritus y la comunicación con los muertos es tan antigua como el ser humano y pueden rastrearse en la cultura occidental sus antecedentes desde el siglo XVIII1, el nacimiento de la religión espiritista se fecha el 31 de marzo de 1848. Es el día a partir del cual las hermanas Fox, las niñas Margaret y Kate, asombran al mundo desde su casa en Hydesville (Nueva York) al recibir de los espíritus respuestas inteligentes en forma de golpes aparentemente inexplicables. Tras las pioneras, pronto aparecieron más personas que decían obtener recados del trasmundo a través de manifestaciones cada vez más aparatosas: fotos de fantasmas, ectoplasma, materializaciones de objetos, apariciones… Inesperadamente, la seductora fantasía se popularizó con rapidez y nacía la doctrina del espiritismo, una síntesis con pretensiones científicas de supersticiones europeas con elementos orientales occidentalizados. A grandes rasgos, se basa en la creencia en Dios y otros mundos eternos espirituales e invisibles, la supervivencia y reencarnación del espíritu tras la muerte y la posibilidad de comunicación con él a través del chamán moderno: la persona dotada o médium2. Aunque las hermanas Fox, las primeras mediums de la historia, confesaron con arrepentimiento su fraude en 1888 (los golpes los realizaban crujiendo los dedos de los pies), los espiritistas de todo el mundo se pusieron sus anteojeras y todavía en 1927 el Congreso Internacional Espiritista las homenajeaba con un monumento y peregrinaciones al lugar de la ”revelación“3. La broma de unas niñas había hecho nacer una nueva religión.

Al espectador actual las exhibiciones de los desaparecidos mediums le resultan ridículas; pero sus espectáculos —desenmascarados como fraudes hasta el aburrimiento— fueron en su época tomados por muchos como genuinos fenómenos dignos de estudio. Con esta intención nació la metapsíquica, una disciplina que fue enseguida denunciada como pseudociencia por la psicología científica contemporánea. De la metapsíquica proviene la moderna parapsicología, una nomenclatura que comenzó a sustituir a la antigua sobre los años treinta del siglo XX4. Aunque en la parapsicología se desplazó mayoritariamente el interés hacia las supuestas capacidades psíquicas del ser humano, nunca se abandonó el componente ocultista, que siguió su curso adaptándose a los tiempos. En la actualidad, la tradición espiritista pervive enmascarada tras la apariencia científica de la parapsicología, desde la que se prosigue con la búsqueda de esa prueba definitiva de lo sobrenatural a pesar de más de siglo y medio sin un solo resultado presentable.

En un espectrograma se observan las características de la voz: el primer registro corresponde a la palabra ayer, el segundo es un ruido que se interpretó erróneamente como esa palabra.
En un espectrograma se observan las características de la voz: el primer registro corresponde a la palabra ayer, el segundo es un ruido que se interpretó erróneamente como esa palabra.

La transcomunicación instrumental

La idea de intentar registrar voces de ultratumba mediante la tecnología parece haber nacido a principios del siglo XX. Quizá la primera mención sea la entrevista en los años veinte en Scientific American a un Edison anciano que, consultado sobre el tema, teorizaba brevemente acerca de un aparato para la comunicación con espíritus en el caso de que existieran. Aunque no haya evidencia de que tal artilugio llegase siquiera a ser diseñado, los medios esotéricos suelen apelar a la autoridad del inventor para dignificar la TCI y hasta se nos presenta al genio obteniendo, cuarenta años antes, las primeras psicofonías con su fonógrafo recién inventado.

En realidad, los verdaderos pioneros de la TCI serán siempre personas iniciadas en los temas ocultos, aunque se los suela presentar como desconcertados descubridores accidentales. Los intentos más importantes serían los de los padres Agostino Gemelli y Pellegrino Ernetti, quienes fueron los primeros en dedicarse seriamente el fenómeno cuando en 1952 dicen registrar una voz misteriosa durante una grabación musical (sería el primer paso hacia el famoso fraude del cronovisor). En 1956, otro parapsicólogo norteamericano, Raymond Bayless, también decía haber captado las voces en un magnetófono mientras estudiaba al psíquico de ascendencia húngara Attila von Szalay; pero sus investigaciones no serían publicadas hasta 1959, precisamente el año en que las psicofonías saltan a la fama de la mano de Friedrich Jürgenson.

Jürgenson, un cantante, arqueólogo y pintor sueco, es presentado tradicionalmente como un descubridor sorprendido y ajeno al mundo parapsicológico. En su legendario libro de 1964, Voces del universo, se presenta como un escéptico y cuenta la anécdota que lo encaminó a la investigación: pretendía grabar el canto de gorriones y pinzones desde la ventana de una cabaña en los lagos de Suecia, pero registró inesperadamente, tras extraños zumbidos y un solo de trompeta, una voz masculina de origen desconocido que le habla en noruego. En realidad, según confesaron años más tarde él mismo y su colaborador, fue desde mucho antes un aficionado a los asuntos esotéricos y buscó con ahínco la obtención de los sonidos del más allá, al parecer, en el patio trasero de su propia casa de Estocolmo. Tal empeño indica su conocimiento previo del fenómeno y unas arraigadas creencias místicas.

El éxito de Jürgenson fue enorme y abrió el camino para las psicofonías, que fueron investigadas por una parapsicología en auge hasta que gradualmente decayó el interés ante la falta de progresos. Los devotos, al contrario, nunca lo dejaron y de aquellas recepciones iniciales de tímidas palabras, se fue pasando a verdaderas parrafadas, se fabricaron aparatos como el spiricom, se grabaron cánticos celestiales… En los años 80, Klaus Schreiber aporta el uso de la televisión, la videocámara y el magnetoscopio introduciendo la variación de las psicoimágenes, con las que obtiene, entre otras, sospechosas instantáneas de personajes como Albert Einstein o Romy Schneider5, anticipando el actual guirigay multimedia en el que los espíritus se nos manifiestan hasta por contestador automático, teléfono móvil, fax, agenda electrónica y el monitor, la impresora o la webcam del ordenador personal6.

Las explicaciones sobrenaturales

Por supuesto, los interesados no consideran la posibilidad de que no haya nada detrás de todo esto, ya que es mucho más entretenido inventar términos como Biopsicocibernética o Comunicación Trans-Dimensional. El fenómeno se da por comunicación inteligente verdadera y es el punto de partida para fantasear con tres ”hipótesis“. La más estrafalaria y minoritaria es la explicación extraterrestre que probablemente es un préstamo de la vecina pseudociencia de la ufología (aunque también existen los marcianos y los selenitas (!) en el espiritismo clásico). Otra hipótesis, en retroceso, es la de tradición parapsicológica, que propone como causa la psique humana o las impregnaciones psíquicas del pasado. La tercera explicación, mayoritaria y dogmática, es la de tradición espiritista, que propone la llamada hipótesis trascendental o de supervivencia. En ella se hace evidente la vieja doctrina cuando la TCI se celebra como una liberación de la necesidad del médium —aunque algunos siguen exigiendo capacidades mediúmnicas para lograr el éxito—, cuando aparecen los tradicionales aportes materializados desde regiones fantasmagóricas, cuando se menciona a un gran creador del universo y a los ángeles, cuando se desbarra sobre otras dimensiones o planos de existencia y hasta se roza el delirio con supuestas emisiones de radio desde la estación emisora de Río del Tiempo en el mundo de Marduk7.

Como se puede ver, y aún concediendo momentáneamente que la TCI exista, cualquiera de las tres conjeturas es tan especulativa que amenazan con demostrar la supervivencia del espíritu; pero por provocar que el mismísimo Occam vuelva escandalizado de la tumba. ¿Por qué valdrían más estas ideas que la de una distorsión en un mundo virtual al estilo de Matrix?

En la explicación de cómo se transmitirían estas manifestaciones todos coinciden en hablar de ”energías“ indefinidas de origen electromagnético que, siguiendo la moda, se relacionan de alguna manera con la mecánica cuántica, esa teoría tan estupenda para disimular la magia tras un poco de pseudociencia. Las soluciones cuánticas tienen incluso el apoyo de algunos científicos de renombre, como Olivier Costa de Beauregard o Brian Josephson, quienes dicen aportar modelos físicos que hacen compatible lo paranormal con el conocimiento científico actual. En caso de ser cierto, parecen olvidar que, antes de lanzarse a hacer lo que humildemente me parecen ejercicios de escolástica cuántica, habría que probar que existe algo paranormal, una cuestión en la que no acabamos de avanzar.

Las técnicas de la TCI

¿Y cuál es el método que hay que seguir para comunicarse con los muertos? Lo más extendido es usar el magnetófono, un radiorreceptor o un circuito cerrado de vídeo. Según los aficionados, los espíritus necesitan una base que modular para dejar sus mensajes, por lo que un elemento es muy importante: hay que provocar de alguna manera una grabación contaminada o sucia. Para ello se escapa de avances digitales y se recurre a trucos como subir a tope la sensibilidad del micrófono, emplear los sonidos ambientales o generadores de ruido blanco, sintonizar canales vacíos en el caso de la radio y, en el del vídeo, enfocar la misma pantalla que reproduce lo captado por la cámara para crear una realimentación parecida a la de dos espejos paralelos, generando así una imagen en cambio continuo. Preparados de esta manera los aparatos, sencillamente se graba durante unos minutos tras hacer algunas preguntas al aire. Después se examina concienzudamente lo registrado en busca de las comunicaciones, con auriculares el audio, fotograma a fotograma las imágenes. En alguna ocasión, cuando interesa dar rigor científico a la experimentación (como en las famosas experiencias de Konstantin Raudive en los años 60), se protege el equipo de interferencias con cámaras de vacío, anecoicas o jaulas de Faraday; pero, además de que esto no elimina los ruidos introducidos por el propio instrumental, lo normal es no usar en absoluto controles de ningún tipo.

Como se ve, las tres maneras tienen en común la base indispensable del ruido, lo que nos lleva directamente a una de las mayores objeciones que hacemos los escépticos.

Explicaciones y discrepancias desde el más acá

Soslayando, como decíamos al principio, el fraude inherente a todo lo paranormal, los métodos empleados y el análisis de sus resultados sugieren al escéptico que tratamos con una interpretación subjetiva de los ruidos de fondo fundamentales en la TCI. La complejidad de nuestra percepción nos permite discriminar la información cuando hay interferencias, pero también nos puede gastar alguna broma.

En psicología, recibe el nombre de pareidolia la ilusión de los sentidos por la que un estímulo vago y aleatorio es reconocido como algo con sentido. Es el juego de buscar caras en los nudos de la madera y palabras del idioma propio en canciones extranjeras o grabaciones escuchadas al revés. La apofenia, casi un sinónimo de lo anterior en algunos casos, consiste en la ilusión de hallar relaciones y patrones lógicos en datos indiferenciados y también caóticos, seleccionando sólo los que interesan. Abarca tanto los casos de las ”casualidades asombrosas“ o serendipias como la impresión falsa de reconocer sonidos en el ruido blanco o imágenes en la ”nieve“ de un televisor no sintonizado. El espectador sugestionado por unas expectativas hará una de estas lecturas condicionadas y le será muy difícil abandonarla. Esta explicación psicológica es evidente en el caso de las psicoimágenes (se pueden buscar cientos de ejemplos en Internet) y, en el de las voces, las muestras y las propias características que describen los investigadores nos encaminan en esta dirección: grabaciones breves, entonaciones y ritmos anormales, gramática violentada, mezcla de idiomas, neologismos…

Por otra parte, existen numerosas causas para que se registren verdaderos sonidos inesperados que alimenten estas ilusiones de la percepción, como los borrados imperfectos, las interferencias electromagnéticas de otros aparatos eléctricos, las ondas de radio demoduladas accidentalmente por el magnetófono o la recepción de señales débiles en el caso de la radio y la televisión. Un factor que los experimentadores ni se molestan en conocer son las limitaciones de su propio instrumental y el ruido que puede introducir: distorsiones debidas a las partes mecánicas en los aparatos analógicos, ruidos introducidos por el control automático de ganancia, reflejos o distorsiones de las lentes de las videocámaras y artefactos introducidos en el procesado de la señal. Y no todo ha de ser atribuido a problemas técnicos, algunas grabaciones son evidentemente auténticas voces… aunque de personas bien vivas. Yo mismo he escuchado presentar como psicofonía una voz lejana, obtenida en un lugar habitado, que decía: “¡A cenar!”.

Además, varias razones restan credibilidad a los investigadores de la TCI. No hay interés en profundizar en el fenómeno con un estudio riguroso, no se forman ni comparten conocimientos o experiencias y parece que no se haya avanzado nada desde los tiempos de Jürgenson, sólo se hacen grabaciones sin parar, evidenciando que la transcomunicación es un rito y un fin en sí misma. La falta de objetividad general se va descubriendo cuando profundizamos en el mundillo y vemos que la mayor parte de los investigadores son personas religiosas que se inician buscando recuperar a seres queridos fallecidos. Un reparo más es que los escépticos no conseguimos reproducir el fenómeno, aunque algunos dicen que lo inhibimos con nuestra falta de fe. Tampoco la disparidad de las voces, que se ajustan sospechosamente a la teoría que acompañen, ayuda mucho a tomarlas en serio: las hay breves y verdaderos monólogos, las tenemos naturales o terroríficamente distorsionadas, unas son quejas de almas en pena y otras llamadas felices desde Marduk…

En definitiva, con la transcomunicación instrumental sucede lo mismo que con todo lo paranormal: que en cuanto te acercas demasiado, desaparece. Con esto espero no equivocarme y pasar a la historia del ridículo junto a los que despreciaron lo que resultó ser verdadera ciencia marginal; aunque, si estoy errado, siempre tendría la oportunidad de volver para pedir disculpas mediante algún electrodoméstico. Vigilad pues vuestra yogurtera.


Notas

  1. Dos antecedentes de mediumnidad se consideran los trances de probable origen psicótico del místico sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772) y los magnetizadores y sonámbulos del mesmerismo, que acabarían en las proezas de las mesas giratorias, clarividencias y comunicación con los muertos.
  2. Allan Kardec, pseudónimo de Hyppolyte Leon Denizard Rivail, sistematizaría la doctrina del espiritismo en los textos supuestamente dictados desde ultratumba: El libro de los espíritus (1857), El libro de los mediums (1861) y El Evangelio según el Espiritismo (1864).
  3. El homenaje fue una iniciativa de su presidente de honor, Sir Arthur Conan Doyle.
  4. La propuesta de la palabra parapsicología la planteó en 1889 el filósofo alemán Max Dessoir en el artículo “Die Parapsychologie” de la revista Sphinx.
  5. La actriz austríaca es una constante en el mundillo, imagino que debido al morbo por su trágica muerte.
  6. Métodos no instrumentales serían la mediumnidad, la escritura autómatica o la ouija.
  7. Marduk es un más allá transmutado en planeta mitológico con nombre de dios mesopotámico y, como señala Andrés Diplotti, sospechosos precedentes literarios en la obra de Philip J. Farmer.

Bibliografía

Robert Amadou, 1976, La parapsicología: historia y crítica, Buenos Aires: Editorial Paidós.

Allan Kardec, 2003, El libro de los espíritus, Brasil: Editorial Mensaje Fraternal.

Fernando Ma Palmés S. J., 1932, Metapsíquica y espiritismo, Madrid: Editorial Fax.

Juergenson, F., 1964, Voice Transmissions with The Deceased, edición en PDF de la Friedrich Jürgenson Foundation.

Páginas web:

  • Julio Plaza, “Especial psicofonías”, en Gluón con leche gluonconleche.blogspot.com/
  • James E. Alcock, “Electronic Voice Phenomena, Voices of the Dead?” en la web del CSICOP www.csicop.org/specialarticles/evp.html
  • The Skeptic’s Dictionary (varias entradas) http://skepdic.com/
  • Francisco Máñez, “Las psicofonías, otra historia mal contada” en Bitácora Internacional www.editorialbitacora.com/bitacora/
  • Parapsychology Foundation Lyceum www.pflyceum.org/
  • Survival after death www.survivalafterdeath.org/
  • American Association of Electronic Voice Phenomena www.aaevp.com/
  • Cuadernos de TCI www.terra.es/personal2/986313268/cuadernos.htm