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Rumores peligrosos: pánico por falsa alarma de tsunami

Dicen que fue un borracho el que divulgó la información. Otros sospechan de los pescadores, de un grupo de jóvenes que —megáfono en mano— gritaba la desgracia y de una conversación por Internet que comentaba malos augurios. Como haya sido, a las once de la noche del domingo 16 de enero cientos de personas huyeron de sus casas en Talcahuano, Octava Región de Chile, ante el rumor que aseguraba que un tsunami se acercaba a las costas. Otros miles de chilenos, al ver a sus vecinos arrancando, imitaron la diáspora y llegaron a los sectores más altos de la ciudad, con el fin de escapar de la “catástrofe”.

Según datos oficiales, a la una de la madrugada del lunes 18 de enero, más de 15 mil personas habían dejado sus hogares temerosas de la salida del mar. Sin embargo, el número de habitantes de las dos comunas más afectadas, Talcahuano y San Pedro de la Paz, suma 330 mil. Considerando que buena parte de la población huyó, la cifra oficial suena descabellada. No es exagerado pensar en una movilización de más de 100 mil habitantes, en especial a la luz de los testimonios recogidos. Otras localidades donde el rumor corrió de boca en boca fueron Hualpén, Chiguayante, Penco, Michaigue y Coronel, todas ellas con un pasado de tsunamis que dejaron huella en la memoria de sus habitantes.

Las líneas telefónicas de la zona colapsaron, y algunos medios de comunicación se limitaron a difundir la noticia de la huida de la población, sin atinar inicialmente a desmentir la información del supuesto tsunami. En el desesperado escape desde la costa a las zonas alejadas del mar, más de 60 personas resultaron heridas, varias de ellas por caídas desde vehículos en movimiento. Carabineros, la policía uniformada de Chile, reportó varios accidentes automovilísticos menores, así como la muerte de dos mujeres producto del pánico generalizado. Se trató de María Balladares, de 68 años, quien falleció por una falla cardíaca, y María Milla, de 69 años, quien perdió la vida como consecuencia de un accidente vascular cerebral.

Aunque en algunas zonas se dijo que funcionarios de Carabineros también hicieron correr la voz del tsunami; una vez que la Armada de Chile y la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI) desmintieron la macabra noticia, los mismos policías se encargaron de tranquilizar a la población, aunque ya parecía demasiado tarde. Muchos vecinos incluso aseguraron haber visto al mar recogerse, lo que en realidad jamás sucedió. Algunas autoridades culparon de esta reacción a los medios de comunicación, que a partir del drama de una chilena que murió en la localidad de Phuket, Tailandia, dio una inusitada cobertura a la desgracia ocurrida en el sudeste asiático.

Increíblemente, más de 300 personas permanecieron en los cerros durante tres días, esperando el tsunami, a pesar de que las autoridades habían difundido por todos los medios posibles, incluidos la TV, Internet, y el informe a viva voz por las calles a través de los carros de Bomberos, que la alarma de maremoto era falsa. Estas familias armaron verdaderos campamentos y se atrincheraron bajo la premisa de la intervención divina: “El único que nos puede salvar es Dios”, declaró al diario Las Últimas Noticias Monserrat Molina, una de las mujeres que permaneció en los cerros.

La fiscalía regional nombró al fiscal jefe de Talcahuano, Raúl Bustos, para que investigara el origen del rumor y castigara a los responsables de una historia que pudo tener consecuencias aún más graves. Como primera medida, dispuso que personal de la Policía de Investigaciones y de Carabineros, las dos policías chilenas, realizaran algunas diligencias tendientes a determinar exactamente el lugar donde todo comenzó.

El sociólogo australiano Robert Bartholomew, autor de numerosos artículos y libros sobre pánicos masivos, vio en las noticias que en el sur de Chile se había corrido el rumor de un tsunami. “Esto era esperable”, comentó el coautor de Hoaxes, Myths, and Manias: Why We Need Critical Thinking (Engaños, mitos y manías: por qué necesitamos del pensamiento crítico) a Pensar. “Ha habido reacciones similares en los lugares afectados por el maremoto, específicamente en las playas de Sri Lanka y Malasia. En ambos casos, la gente huyó en grandes grupos y el temor fue gatillado por un rumor”.

El experto recordó que “los chilenos viven en un país con una larga costa y una historia con los mayores tsunamis y terremotos de los que se tenga registro. Agrégale a eso la saturación de cobertura de noticias acerca del tsunami asiático”. Para el sociólogo “lo que ocurrió en Chile, más que las acciones irracionales de masas ignorantes, es el resultado de particulares formas de ver el mundo y sus contextos. ¿Quién no sentiría miedo y escaparía si estuviera en esas circunstancias?”.

Bartholomew apuntó, además, donde nadie antes había señalado: “No importa cómo hayamos sido educados, los rumores nunca pueden eliminarse y sólo es posible reducir su impacto a través del pensamiento crítico, porque es muy difícil desmentirlos: una vez que comienzan, toman vida propia y ya no puedes controlarlos”. Algo de eso sucedió en la Octava Región de Chile.