Pastillas

¿Te vas a quedar con la duda? ¡¡No, en absoluto!!

Nos siguen sorprendiendo —por más que simulemos estar acostumbrados— esos libros que prometen técnicas infalibles para ganar en la ruleta, en la lotería, o en cualquier otro juego de azar. Ya en un número anterior (ver Los mitos más difundidos en Internet, Pensar, Vol. 2, Nro. 1, Enero/Marzo 2005) tratamos el tema de la charlatanería vía correo electrónico, que inunda nuestras casillas junto con insufribles ofertas de electrodomésticos, alargadores penianos, software para detectar infidelidades, elixires infalibles para el amor y otras escalofriantes propuestas. Ahora es el turno de esta extraña pieza electro-bizarra, que llegó a nuestra casilla y comienza preguntando:

 

— Si te dijera que puedes convertir US$10 en US$ 40,000 ¿me creerías?

¿Qué responde a continuación su autor/a, sin que le preguntemos nada y sin habernos dejado tiempo para digerir semejante proeza?

— De seguro que no y lo más probable es que pienses que este es un correo basura o algún tipo de engaño, trampa o estafa, pues eso fue excatamente (sic) lo que yo pensé cuando me encontré con un mail así.

 

Sí, lo más probable es que sea basura. Se ve por cualquier lado. ¿Qué otra cosa podría ser?

 

— Pero bien, en aquella oportunidad la curiosidad pudo más y pedí que me informarán sobre el asunto y ¿sabés qué?, por más que leyera y analizara una y otra vez todo lo que me decían buscandole la trampa, no se la encontré y aquí estoy, ¡comenzando a ganar mis US$ 40,000!

 

¡Qué hermoso y fácil! Pues si no le encontraste la trampa es porque eres el perpetrador… Sólo con leer y analizar, no hay necesidad de buscar ninguna trampa: ¡se ve a todas luces! Basta imaginar qué ocurriría si, un millón, diez millones de personas, y por qué no, toda la Humanidad ¡¡transformara 10 dólares en 40 mil!! (Dejamos la respuesta para avanzados economistas).

 

— Así que si tú también quieres ganarlos, seguí mi consejo: ¡dejate ganar por la curiosidad y vas a ver que no te vas a arrepentir!

 

No, gracias. Somos curiosos pero no es para tanto. La curiosidad surge cuando nos preguntamos cuántas almas (perdón por la expresión) desorientadas responderán a esta “maravillosa” oferta.

 

— …total no pierdes nada con hacerlo.

Sí, eso es cierto: si contestamos con la esperanza de ganar los 40 mil dólares, es porque hemos ya hemos perdido definitivamente nuestro juicio crítico.

— Por lo tanto no contestes este mail, pedime más información al siguiente mail (ahí coloca una dirección de correo electrónico), y concluye con otra pregunta fascinante:

— ¿Te vas a quedar con la duda de lo que pudo haber sido? Tu sabrás…

 

Esto de suspender el juicio es un problema, pero no nos vamos a quedar con la duda. No tenemos ninguna duda (¡Oh, Perdónanos, no sabemos lo que hacemos!). Salvo que algún cyber-socio-antropólogo de los que integra nuestro equipo desee iniciar una cautivante investigación de campo sobre la irresistible fascinación del engaño. A propósito: ¿estará el remitente dispuesto a darnos como adelanto la mitad de lo que promete para financiar la investigación?