Controversia

Vivir sin supersticiones

En el foro de dios!, lista de correo asociada al sitio dios! (www.dios.com.ar) surgió un intercambio polémico sobre creencias religiosas.

Inspirado por la dinámica del debate, el periodista mexicano-español Mauricio-José Schwarz escribió una réplica que —para algunos— Es un auténtico “Manifiesto Ateo”.

“El amor es producto de un universo en evolución, no la gracia de un ser superior con modales de niño malcriado.”

—Mauricio-José Schwarz


Si alguien me pregunta a mí, que soy ateo (y que sólo hablo por mí, no por ningún colectivo, grupo, asamblea, agrupación, cohorte, manada, equipo ni cosa similar), respondería:

Si decides vivir una vida en la que el concepto de “dios” no esté presente por no haber sido demostrada su existencia, una vida donde esté ausente como los unicornios rosados de Ganímedes, los dragones en las cocheras y otros entes imaginarios, si no ocupas tu tiempo en experimentar angustia por miedos sobrenaturales que no han demostrado tener bases, si no te ocupas de darle crédito a los iluminados que afirman intermediar entre tú y las deidades cuya existencia no demuestran, verás las falacias dañinas y esclavizantes que caracterizan al pensamiento mágico e irracional, te quedará clara la mala intención de algunos negociantes del religionismo y de otras formas de la dominación espiritual, y verás que el fatalismo religionista no es viable como plan de vida libre y plena: nada indica que la vida del ser humano esté determinada de modo fatal.

Verás que, si tu vida fuera producto de un acto de voluntad de una deidad suprema, valdría poco o nada, podría ser eliminada, borrada hasta en la memoria, recreada, duplicada, centuplicada o utilizada a capricho por su amo, que podría decidir por ti sin tu concurso, porque serías propiedad. Pero como todo indica que la maravilla que es tu vida (y la de todos los seres humanos a tu alrededor) es producto de una serie de casualidades irrepetibles en un cosmos asombroso, te darás cuenta de que tal vida no puede tomarse a la ligera ni encomendarse a ningún demiurgo, a ningún hermano mayor, a ningún padre transcósmico, sino que tú eres responsable por la vida tuya y de otros, que la felicidad que no produzcas tú no será producida por nadie más, que el dolor que tú puedes producir es evitable sólo por ti, porque no hay una segunda oportunidad de ser pleno y de crear sonrisas y buenos momentos. También será claro que las ideas de “bien supremo”, como la justicia, la solidaridad y el respeto son logros humanos, no inventos ajenos que se nos ofrecen predefinidos, y que por tanto no pueden provenir del cielo, sino que debemos hacerlos realidad los hombres en nuestras sociedades, ante las cuales sí debes responder. Entonces sabrás que el bien debe hacerse no por miedo al castigo, no por disminuir tu dolor, no para pagarle a un ente omnicorrupto un soborno con el que te permita acceder a una vida mejor, sino porque es lo correcto en esta, única, irrepetible vida, por la memoria que dejas, por tu descendencia y por tu especie.

El descubrimiento de la trascendencia, la fragilidad y la responsabilidad compartida que son características de la vida, de lo que la hace valiosa y no una trivial creación de un ser que pudo no haberla hecho, te dará igualmente otra dimensión acerca del esfuerzo que realiza el ser humano por comprender su universo por medio de la ciencia y la razón, y te permitirá dimensionar el terrible daño que el miedo teísta ha provocado en el pasado y provoca hoy, no para “condenar” a los que han torturado y torturan en nombre de dios, a los que han asesinado y asesinan, a los que oprimen, odian, reprimen, persiguen, censuran, ofenden y agreden “porque se los dijo tal o cual dios” en su visión personal, sino para hacer tu parte en conseguir que el día de mañana esos daños puedan eliminarse de la experiencia humana, que las creencias irracionales que cualquiera tenga derecho a sustentar no se conviertan en acciones despreciables, en mutilaciones, en negación de los derechos de nadie, en desesperación, dolor, privación y muerte.

Dado que no parece haber dioses, la vida no puede sino asombrarnos, porque podemos dotarla de significado por medio de nuestra razón y no de nuestro miedo, de nuestra libertad y no de nuestra sumisión, de nuestra creación y no del desciframiento de la creación de otro ser misterioso. Descubrirás que la vida puede tener un verdadero sentido al despreocuparte de las propuestas de la fantasía mágica, y que sólo tiene el sentido que tú puedas imbuirle, todo el sentido que tú desees, y que cada uno de nosotros deseemos. No te perderás en el vano ejercicio de preguntarle al vacío cuál es el “sentido” que le adjudicó a la vida una supuesta deidad que la originara, no tratarás de desentrañar los motivos de una voluntad que no parece existir, sino que podrás ocuparte plenamente en darle sentido a la existencia con tu voluntad.

Aprenderás así que el amor es producto de un universo en evolución, no la gracia de un ser superior con modales de niño malcriado.Verás que todas tus demás emociones y todo cuanto las provoca y evoca, son parte de una realidad que podemos conocer directamente, y que por tanto te pertenece, y que puedes vivir esas emociones y esa realidad con toda su intensidad sin temores ni coacciones, y que los puedes crear libremente, porque la grandeza de los más nobles sentimientos y del arte más profundo son logros humanos y de la realidad, no de un reparto caprichoso de inspiración a cambio de adoración.

El hecho inevitable de la muerte se convertirá así claramente para ti en el cierre de un ciclo y no en una forma de coaccionarnos para una segunda vida imaginaria. Sabrás que no puedes posponer la felicidad ni la bondad para “otra vida” de la que no hay pruebas, sino que te verás obligado a asumir plenamente esta vida como la única e irrepetible oportunidad que tienes, una oportunidad que ninguna fuerza puede cambiar ni prolongar para toda la eternidad, porque el universo está sujeto no a los caprichos de una voluntad similar a la humana, sino a sus propias leyes y equilibrios. Tu lucha contra la muerte será firme y decidida porque sabes que es realmente definitiva, que es el final, a diferencia de quienes finalmente aceptan la muerte considerando que el mal se resolverá en una vida secundaria posterior.

Si vives sin suponer dioses, serás libre, con todas las responsabilidades y posibilidades que ello implica. Y recuerda: tu libertad plena, tu capacidad de asumir las riendas de tu destino, es una amenaza para quienes viven del miedo, para los que detentan el poder político, económico y religioso, y por esta razón ninguno de ellos se ha ocupado nunca de promoverla, de modo que tú debes conquistarla.

Todo eso está a tu alcance al darte cuenta de que quienes proponen la existencia de duendes sobre naturales llamados “dioses” no pueden demostrar su existencia, rehuyen su definición misma y no hacen sino repetir las supersticiones de hombres ignorantes de un pasado lejano, con el defecto añadido de saber, en muchas ocasiones, que no son verdad, y sin creerlas del todo. Para conseguir todo eso, basta que te acerques a los que se proclaman dueños de la verdad y les preguntes cómo es que saben lo que dicen saber y les pides que te den pruebas de que sus afirmaciones son algo más que una fantasía, un de-seo y una conveniencia de poder.